Según INFONA, entre 2017 y 2018, se perdieron “oficialmente detectados” 10.278 hectáreas de bosques. (Alberto Yanosky)
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El Paraguay fue un país con una riqueza forestal muy particular, un bosque alto y húmedo en diferentes tipos de suelos con algo más de unos 8,5 millones de hectáreas en la Región Oriental, que contrasta con un bosque dominantemente seco, bajo, en la Región Occidental con algo más de 17 millones de hectáreas.

Esto muestra un país cuya superficie tiene mayormente áreas forestales y en sus suelos evolucionó bosque, por lo que posee una fuerte aptitud forestal. La Región Oriental tenía en 1973 alrededor de 6,5 millones de hectáreas de bosques y en menos de 30 años se redujo 40% para 1989 y 25% más para el año 2000; con una tasa de deforestación de unas 175.000 hectáreas por año entre 1973 y 1989, y 122.800 hectáreas por año entre 1989 y 2000 (Huang et al. 2007, 2009).

Actividades agropecuarias como la ganadería y la agricultura han ido cambiando esa matriz forestal a otros usos, para dar lugar a la soja y sus diferentes sistemas de producción y combinaciones, como así también a la ganadería. Sea poniendo ganado sobre los ambientes que fueron alguna vez boscosos o bien colocando forrajes en esos suelos para producir la alimentación que requiere el ganado.

Las regiones Oriental y Occidental son diferentes, con ontogenias y geomorfologías ambientales distintos, los bosques que son diferentes entre sí responden a estas características geológicas y edáficas, albergando diferentes tipos de fauna y flora. Ambos tipos de bosques tienen capacidad de regeneración diferenciada; las maderas duras de ambas regiones requieren de varios años para su regeneración, suelos más ricos y mayor precipitación y disponibilidad de agua, como los de la Región Oriental, que muestran una mayor capacidad de regeneración.

El bosque chaqueño también se regenera, sólo que requiere más tiempo. Las zonas más vulnerables, aquellas que podrían ser más difíciles de regenerar, que albergan rica biodiversidad y que mantienen proceso ecológicos claves para el mantenimiento de los servicios ecosistémicos, deberían ser preservadas. Son las mismas zonas claves para el mantenimiento de pueblos y culturas ancestrales y originarias, o que preserven muestras representativas de la vegetación natural y su biodiversidad funcional asociada.

Para esto se requiere información técnica y científica validada, acuerdos políticos y compromiso de la autoridad, con el fin de poder establecer las bases de un ordenamiento territorial.

Producción y conservación

Parches de bosques del Chaco seco que deben permanecer conservando su heterogeneidad. (Alberto Yanosky)

Este ordenamiento territorial debería ser la base para el desarrollo social y crecimiento económico del país. En conversaciones con el Ing. Carlos Irrázabal, Director General de Bosques del Instituto Forestal Nacional (INFONA), concordamos en el abordaje de la problemática de la deforestación, con un enfoque que pueda congeniar la producción con la conservación a nivel predial o de inmueble como lo establecen las normativas ambientales y forestales.

Sin embargo, es urgente un ordenamiento ambiental territorial del Chaco y tomar los estudios y antecedentes que existen en el Ministerio de Agricultura y Ganadería, la ex Secretaria del Ambiente (hoy MADES), con la cooperación internacional de la GTZ y BGR, que precisamente se realizaron para dar respuesta a este vacío de gestión territorial pública. Y todo ordenamiento debe responder a una visión y considerando su gente, dándole prioridad a los pueblos originarios.

El Chaco Paraguayo alberga alrededor de 180.000 habitantes y unos pocos hablan en nombre de todos; se requiere participación, consulta y planificación conjunta. Y esos pocos se enfrentan con los que desde la ciudad capital tienen una visión diferente del Paraguay que se quiere.

En vista de la importancia del sector forestal y de los bosques del país, Paraguay creó la institucionalidad que defienda a este sector, dejando en otra instancia gubernamental la conservación del bosque en su concepto de preservación (es decir las áreas protegidas). Esta institucionalidad se conoce como INFONA, ex Servicio Forestal Nacional, relacionado a las instancias del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Así, a diferencia de otros países, en Paraguay el bosque productivo, en manos privadas está en las manos del INFONA mientras que el bosque de conservación está en otra instancia que atiende cuestiones ambientales.

Hace poco tiempo nuestro medio fue invadido por noticias hasta a veces confusas sobre la deforestación, habilitación de tierras, el desarrollo del Paraguay y los sectores productivos. Como si la cuestión fuese producir o conservar, como si ambas cosas no pudiesen ser llevadas a cabo en forma conjunta, integrada o complementaria.

Hoy muchos países tratan de reparar políticas actualmente vistas como erradas (no así en su momento) tratando de volver a poner el elemento “árbol” en el paisaje, intentando restaurar los paisajes, incluyendo el forestal, y hasta creando zonas de amortiguamiento con árboles. Reconociendo así el enorme aporte que éstos hacen para la calidad de vida de quienes habitamos el planeta Tierra, más allá de las cuestiones relacionadas con el carbono y la mitigación, más allá de los amplios servicios ecosistémicos y ambientales que produce el bosque además de madera.

Podemos pensar en la captación de agua, control a la erosión y las inundaciones, en la amortiguación del clima, el hábitat para la vida silvestre, el aporte a la polinización y a la provisión de nutrientes, plantas medicinales y muchos otros.

Estadísticas y evidencia

Las estadísticas nacionales sobre el estado de los bosques nunca fueron una prioridad, desconociendo de alguna manera lo antes dicho, y dando lugar a la maximización de los recursos naturales agua y suelo a favor de sistemas productivos exógenos. Esto con elementos que no evolucionaron sobre nuestros suelos, como la leguminosa fabácea conocida como soja, o el artiodáctilo bóvido que conocemos como ganado vacuno.

Empero, no podemos dejar de reconocer el desarrollo económico del Paraguay basado entre otros por estos dos productos de las actividades agropecuarias. A expensas de la vegetación y fauna asociada nativa, se ha producido este desarrollo simplificando la matriz ambiental, reduciendo la riqueza de las comunidades naturales y de las complejas interacciones ecológicas que existían en el país.

Área reforestada en el Chaco paraguayo. (INFONA)

Los datos que hoy conocemos oficialmente gracias a los esfuerzos del INFONA nos hablan de que un año (entre agosto del 2017 y 2018) se perdieron “oficialmente detectados” 10.278 hectáreas, lo que obviamente se considera ilegal.  Esto con la vigencia de una legislación que prohíbe la conversión de bosques (remanentes) a otros usos (Ley 5.266/18 que prorroga por dos años más la vigencia de la Ley 2.524 “De Deforestación Cero”).

En la Región Occidental no rige esa ley de deforestación nula, y por el contrario están vigentes otras leyes que apuntan a conservar casi el 50% del territorio en estado natural (Ley 422/73 “Forestal”;Ley 4241/11 “De la protección de los cauces hídricos”; Decreto 175/18, que reglamenta el Art. 42 de la Ley 422/73 “Forestal”), con una deforestación no autorizada de 61.275 hectáreas (de las cuales según el mismo INFONA, unas 25.000 ya están sumariadas a enero del 2019).

En este informe lanzado a mediados de mes, el INFONA muestra cambios de bosque a otro uso para 255.311 hectáreas (54% corresponde Boquerón; 25% a Alto Paraguay y 21% a Presidente Hayes). Presidente Hayes no es un departamento que en términos comparativos tenga el bosque seco y achaparrado que tienen los otros departamentos, por el contrario, está conformado por sabanas y palmares.

Esta cifra se condice con loe números que se manejan a nivel nacional y regional, de medio millón de hectáreas al año transformadas en el Gran Chaco, de lo cual el 50% correspondería a Paraguay.

De esta cifra oficialmente reportada, el INFONA también informa que sólo el 76% (algo más de 194.000 hectáreas) son las que cuentan con autorización (licencia ambiental), mientras que el 24% restante aún no puede asignarse a la ilegalidad ya que los documentos están siendo analizados para verificar su estatus jurídico.

Mientras que en la Región Oriental, las más de 10.200 hectáreas son todas ilegales, con cuatro departamentos (San Pedro, Concepción, Canindeyú y Amambay) que son responsables del 70% de la deforestación o desmonte ilegal. Según este informe, en la Región Oriental se conserva en pie el 17,79% (unas 2.829.714 hectáreas) con más del 82% del territorio oriental dedicado a otros usos (en unas 13 millones de hectáreas).

El INFONA como tal muestra la situación actual en búsqueda de mejorar la toma de decisiones y utilizar la tecnología hoy existente para el monitoreo de los bosques. Entre sus mandatos están los programas de forestación y reforestación, y toda la promoción del desarrollo forestal. Sin embargo, si tanto tecnologías, mercados, financiamiento muestran que el bosque como tal es menos rentable que otros rubros agropecuarios, estas fuerzas exógenas (y del mercado) atentan contra los bosques en su sentido productivo, tal cual los conocemos hoy.

Datos del Instituto Forestal Nacional.

Estos bosques están en manos privadas, como gran parte del territorio nacional, y sobre estos bosques rurales privados es que el INFONA actúa. Todo movimiento de madera proveniente de bosques nativos (es decir traslado de un lugar a otro) debería estar respalda por una guía forestal, no debería existir un solo traslado de rollos de madera de especies nativas sobre las rutas nacionales o departamentales que no cuente con una guía.

Es importante recordar que existe un decreto que exceptúa de la obligación de presentación de guías forestales a los rollos o maderas provenientes de especies introducidas o exóticas (eucaliptos, pinos u otras) siempre que las plantaciones se encuentren debidamente registradas en el INFONA al momento de su aprovechamiento.

ODS de las Naciones Unidas

La legislación forestal nacional, si bien podría estar basada en códigos forestales de legislaciones vecinas que hoy han cambiado y requerirían de una revisión y actualización, apunta a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

A medida que se acerca la fecha límite del año 2020 para el cumplimiento de las metas internas de cada ODS, donde se encuentran el proteger y restaurar los bosques, y a juzgar por las informaciones provistas por el INFONA, éstos se implementan a través del Plan Nacional de Desarrollo Paraguay 2030. El INFONA contribuye con estas metas a través de dos ejes, la regulación del cambio de uso del suelo, y del manejo forestal.

En términos de uso de suelo, los instrumentos están orientados a reglamentar las formas óptimas de uso de la tierra, teniendo en cuenta las condiciones ecológicas, sociales y económicas, con el fin de dar luz verde a habilitaciones (cambios de bosque a otro uso) que mantengan la calidad del ambiente y conserven los recursos naturales.

Esto rige sólo para la Región Occidental, lo que hace según la legislación, que se mantengan en teoría el 45% de los bosques, comprendidos por el 25% de reserva legal, bosque en estado natural; 5% correspondiente a las márgenes de los cauces hídricos (en el caso de que existan en la propiedad) y 15% correspondiente a las franjas de bosques de separación entre parcelas.

Si esto conserva la biodiversidad dentro de los bosques o si esto contribuye a asegurar el mantenimiento en la provisión de los servicios del bosque es algo que aún no ha sido estudiado. Tampoco existen evidencias si ese 45% realmente asegurará conservar la diversidad funcional de los bosques, ya que podría no ser así y requerir mayor proporción, o también que esa cifra sea mayor a lo que requiere la funcionalidad, incrementando los costos de oportunidad y el cese del lucro sobre la tierra.

Este debería ser el foco a dónde debe apuntar la discusión o debate técnico científico con el involucramiento de la academia.

El otro eje, el manejo forestal, es un instrumento que planifica el aprovechamiento sustentable de los recursos forestales de un terreno determinado. Esto se elabora para fincas mayores a 50 ha y se basan en un inventario de reconocimiento para identificar el estado actual del bosque, y así proyectar su mejor aprovechamiento con bases en la sostenibilidad. Es decir qué tengo y cómo hago para que ese patrimonio o capital forestal, sujeto a cosecha, pueda ser sustentable en el tiempo.

Esto implica que en el Paraguay, siempre se permite la extracción de cierto volumen de árboles maduros en aquellos terrenos que tengan una densidad de más de 60 árboles por hectárea.

Datos del Instituto Forestal Nacional.

Ordenamiento territorial

El ordenamiento territorial para un desarrollo social y económico armónico, basado en la capacidad y aptitud del suelo, debe ser la prioridad nacional. Para ello, se requiere que la institución forestal (INFONA) y la institucionalidad ampliada (ambiente, productivo, social, seguridad, contraloría, y otros) basen su accionar en una política pública que trascienda las administraciones del país.

Esta política pública debería asegurar que el capital natural del Paraguay se precautele y se conserven muestras representativas que nos sirva en un futuro en caso de requerir volver a los orígenes del paisaje con su biodiversidad original. Y debemos centrarnos en lo que hoy conocemos. Ya en el 2006 (Rodas et al., 2006) sabíamos que muchos ecosistemas no estaban protegidos ni representados en el sistema nacional de conservación.

Más recientemente, Peña-Chocarro y de Egea (2018) resaltan la importancia de conocer y hacer inventarios de las especies de plantas que existen el Chaco debido a las aceleradas transformaciones. En un reciente estudio (Alves et al. 2018) estudiando algarrobos, se determinó que la fragmentación puede estar causando serios efectos y que se requieren al menos 42 áreas del Chaco que deben ser preservadas para mantener la diversidad genética.

Además de retener el potencial evolutivo de las especies estudiadas; las medidas a tener en cuenta en ese estudio sugieren evitar daños ambientales adicionales que pueden causar la extinción local de especies, debido al importante rol que cumplen los algarrobos como por ejemplos recursos alimenticios.

En un territorio en manos privadas, en el cual los bosques están en manos privadas, reducir o detener la deforestación, tiene implicancias y estas deben contrastarse con la economía deseada. Para la definición y diseño de instrumentos que permitan hacer frente a la deforestación se requiere de análisis que ayuden a entender las decisiones de cambios de usos de suelo de bosque a no bosque.

También cuál es el análisis económico tras esa decisión; uno de esos instrumentos está relacionada con el costo de oportunidad de la deforestación evitada (Leguía y Mocoso 2014).

Quizás uno de los aspectos más importantes es que usemos la ciencia y el conocimiento validado, es decir aquel que la comunidad acepta como válidos (hasta que alguien demuestre lo contrario). Si bien es cierto que cambiando la matriz de bosque a otros usos, y diversificando los tipos de hábitats (aún con pasturas implantadas o bosque implantados), la biodiversidad como riqueza de especies puede aumentar, pero no es ello precisamente lo que queremos (de lo contrario, podríamos traer animales y plantas de otros lugares y continentes para aumentar la riqueza).

Lo que se busca es preservar parte del ambiente natural original. La ciencia debe indicarnos cómo y qué hacer, como en el caso del estudio de Aguilar et al. (2018) que nos alerta sobre los fragmentos de bosque en el Chaco. Ellos demostraron que los fragmentos de mayor tamaño albergaban una proporción de especies que se perdían cuando la cobertura vegetal circundantes disminuía.

Demostraron que a pesar de preservar el área de fragmentos, la calidad del hábitat y la disponibilidad en el entorno son de importancia fundamental para dar forma a la extinción y la dinámica de la inmigración de especies de plantas en cualquier remanente de bosque dado.

Fuera de todo fanatismo, el tema forestal debe tomarse seriamente, para saber si queremos seguir siendo un país que fija partes de sus políticas de desarrollo en un tipo de ecosistema que evolucionó en el territorio nacional.

Si bien el INFONA puede sacar estadísticas y aportar a una visión combinada de oportunidades rurales en el territorio, urge llevar a cabo un trabajo interinstitucional, en particular entre tres instituciones claves en el tema de ordenamiento ambiental territorial: MADES, INFONA y el Servicio Nacional de Catastro; sin dejar de lado el rol que tienen que jugar las Gobernaciones Departamentales, las que deben acercarse más a las decisiones de lo que ocurre sobre sus territorios, siendo parte de estas políticas de desarrollo.

Finalmente, el sector financiero también debe jugar un rol importante, ya que todas estas acciones del desarrollo requieren de financiamiento. Es clave que esta institucionalidad ampliada del sector forestal respondan a las políticas de desarrollo, basen sus decisiones en información científica y técnica, y apunten con transparencia y responsabilidad hacia el saneamiento y adecuación ambiental y social de la producción en general y de la chaqueña en particular.

El ordenamiento territorial debe basarse en evidencias científicas. Imagen de una zona del Chaco paraguayo. (INFONA)

Fuentes citadas

-Aguilar, R.; A. Calviño; L. Ashworth; N. Aguirre-Acosta; L. M. Carbone; G. Albrieu-Lima; M. Nolasco, A. Ghilardi & L. Cagnolo. 2018. Unprecedented plant species los after a decade in fragmented subtropical Chaco Serrano forests. PLoS ONE 13 (11): e0206738.

-Alves, F.M., A. Sartori, M. Zucchi, A. Azevedo-Tozzi, E. Tambarussi, A. Alves-Pereira & A. P. de Souza. 2018. Genetic structure of two Prosopis species in Chaco areas: A lack of allelic diversity diagnosis and insights into the allelic conservation of the affected species. Ecology and Evolution 2018 8:6558–6574.

-Huang, C.; S. Kim; A. Altstatt; J.R.G. Townshend; P. Davis; K. Song; C.J. Tucker; O. Rodas; A.A. Yanosky; R. Clay & J. Musinsky. 2007. Rapid Loss of Paraguay’s Atlantic Forest and status of protected areas – A Landsat assessment. Remote sensing of Environment 106 (2007): 460-466.

-Huang, C.; S. Kim, K. Song, J. R. G. Townshend, P. Davis, A. Altstatt, O. Rodas, A. Yanosky, R. Clay, C. J. Tucker & J. Musinsky. 2009. Assessment of Paraguay’s forest cover change using Landsat observations. Global and Planetary Change 67 (2009): 1-12.

-Leguia, D. & Moscoso, F. 2014. Análisis de costos de oportunidad y potenciales flujos de ingresos: Una aproximación económica – espacial aplicada al caso del Ecuador. Programa Nacional Conjunto ONU REDD Ecuador y Ministerio de Ambiente del Ecuador. Quito, Ecuador.
Peña-Chocarro; M. & J. de Egea. 2018. Checklist of endemic vascular plants of Paraguay. Phytotaxa 384 (1): 001–074

-Rodas, O.; A.A. Yanosky; R. Sayre & Andrea Grosse. 2006. National ecosystem gap analysis for Paraguay.

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