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Colonia de pingüinos papúa (Pygoscelis papua), en la Base Primavera de la Antártida. (Sandra Cicchino)

La Antártida​ o Antártica (o continente antártico) es ese espacio del planeta, continental, más austral del mundo, situado íntegramente al sur del círculo polar antártico, y que no sólo alberga al polo sur geográfico, sino que también está rodeado por el océano homónimo, Antártico.

Nunca estuve allí, pero tengo amigos muy queridos que sí estuvieron, vivieron  e hicieron sus investigaciones en este lugar. Cuando tuve la oportunidad de ir a trabajar por unos meses a la Antártida, siendo muy joven, diversas cuestiones no me lo permitieron y quizás sea una de las pocas cosas que lamento no haber hecho oportunamente. En aquel momento, el Instituto Antártico Argentino no disponía de muchas plazas para realizar investigaciones en dicho continente.

A pesar de esto, un grupo selecto de biólogos de la Universidad Nacional de Mar del Plata, entre los cuales me encontraba, pudimos acceder a viajar,  en mi caso, no lo supe aprovechar.

Sin embargo, colegas y amigos se animaron y por lo menos pude conocer por la experiencia de otros a ese continente blanco. Posteriormente, me tuve que conformar con verlo desde el aire en algunos vuelos transpolares que realicé durante algunos de mis viajes. Entre esos amigos, estuvo Sandra Cicchino, quien compartió algunas de sus fotos para ilustrar este artículo.

Sandra volvió enamorada de este ambiente, y como bióloga espera que los impactos humanos no afecten estos ambientes tan claves para la calidad del planeta tierra. Quiere volver a la Base Científica Antártica Primavera de la Argentina.

El fenómeno Sol de medianoche es común en el verano del continente blanco. (Juan José Culasso)

Ese continente blanco, lejano, con bases militares y de investigación, donde reina la cooperación, dejó de ser un lugar remoto y lejano para el humano. Hoy en día la Antártida (y su amplia diversidad marina y terrestre) sufre los impactos de la actividad humana, esto a causa del turismo, la contaminación y el cambio climático.

Prueba de que, aun siendo remoto, inaccesible, inhabitable, nuestras acciones tienen efectos nocivos en este territorio, el cual ha sido dividido como si fueran porciones de un pastel por las diferentes naciones del mundo. En la Antártida hoy en día hay gente, cada vez más gente, que dejan su impronta con la contaminación que generan.

Sin embargo, no es necesario estar presente para contaminar y causar impactos. Se están dando cambios en tierra por el corrimiento de los hielos, y bajo el agua, en particular, en las comunidades bentónicas, que cambian para ir adaptándose a las nuevas condiciones.

Sorprende que ciertos contaminantes extraños se encuentren allí, como sustancias químicas como organofosforados y alquifenoles, metales pesados (Esteban y col., 2016) como así también anti-inflamatorios y analgésicos (González-Alonso y col. 2017), sustancias que llegan a la Antártida a través del vertido de aguas residuales, la incineración de residuos y la generación dispersa de residuos según expresan los aportes científicos.

El turismo ha comenzado a surgir como una alternativa basada en cruceros que cada vez más hacen uso del continente blanco, las ofertas crecen cada día y también cada vez son más accesibles. Sin embargo, Tejedo y col. (2009) ya alertaban sobre cuestiones de impactos indeseables por el turismo. Este trabajo aportó en su momento información inédita del impacto del turismo y la gente sobre la península antártica; constataron una deficiente aplicación de los protocolos durante estos cruceros a la Antártida.

Ejemplares de pingüinos papúa (Pygoscelis papua), que viven en gran parte del continente. (Juan José Culasso)

Hoy la Antártida preocupa a los países, científicos y representantes políticos de 22 países, los cuales definieron las prioridades de la investigación científica en el continente Antártico en los próximos 20 años, entre las que se cuentan el estudio del impacto humano y del cambio climático en la región.

Los datos que aquí menciono son algunos de los que preocupan a los investigadores, no sin dejar de mencionar aquellos impactos que afectan directamente la biodiversidad, como la alteración del hábitat o la introducción de especies exóticas.

La Antártida con unos 14 millones km2 alberga el clima más duro del planeta, poca gente permanente, la mayor altura promedio de todos los continentes, y una gruesa capa de hielo (cerca de 2 km de grosor) que guarda gran cantidad de información todavía desconocida para el mundo científico.

Restricciones para proteger la naturaleza

Caleta Cierva (caleta Fontaine en Chile), vista desde la base Primavera. (Sandra Cicchino)

Este condominio de las naciones del planeta, se rigen por el Tratado Antártico que además desarrolló protocolos, en base a la importante función que cumple esa gran masa de hielo para mantener una homogeneidad en el resto del planeta.

Para evitar daños a ese continente en condominio, compartido por naciones, se ha prohibido un conjunto de actividades como las militares, basureros nucleares y se promociona la investigación científica que ayude a entender la función de la Antártida y conservarla. Sin embargo, este acuerdo requiere de revisiones y acuerdos renovados.

El Instituto Antártico Chileno (INACH) difundió las conclusiones de una conferencia internacional para debatir sobre la situación y las necesidades del continente blanco en el futuro, entre las que se incluyen el impacto humano y el cambio climático, destacando que aún dista mucho de conocer la evolución de la vida antártica y su historia natural.

Hoy se reconoce por parte de los expertos que los hielos están perdiendo masa; no obstante, las razones son desconocidas.

A través de la publicación de Deregibus y col. (2017) sabemos que la Península Antártica es un hotspot reciente por el «cambio climático», con un aumento de 0,4 ° C en la temperatura del mar en los últimos 50 años, cinco días de pérdida de hielo marino por década y un aumento del hielo en las aguas poco profundas.

Ejemplar de pingüino barbijo (Pygoscelis antarcticus), que vive enand distintos puntos de la Antártida. (Juan José Culasso)

Estos autores han basado sus estudios en la respuesta biológica al cambio físico de las especies antárticas bentónicas; han encontrado un aumento de la perturbación bentónica con pérdidas de hielo marino en el invierno y cambios en el nivel de ensamblaje coincidentes con este desgaste del hielo.

Los investigadores hacen un llamado a la cooperación internacional para ahondar en los estudios.

Otro colega y amigo que estuvo más recientemente en la Antártida es Juan Pablo Culasso, quien comparte algunas de las fotos tomadas por su padre, Juan José Culasso, quien lo acompañó en esta visita la Base Antártica Científica Artigas de Uruguay. Juan Pablo nos comentó que “al llegar a la Antártida no me sentí un conquistador, sino un profanador. La Antártida, definitivamente, es un lugar que no quiere la humanidad. Es un territorio difícil, cambiante e irrepetible. El prisma con el que se ve al comienzo de algo impoluto poco a poco se comienza a derretir».

«La contaminación sonora es más de la que creí. Aeronaves volando de aquí para allá, barcos, botes y lanchas pasando a todo momento. Como punto final es que ya lo estamos destruyendo todo, la colonia de pingüinos de la isla Hardley, es la más contaminada por metales pesado, según algunos científicos que allí colectaban material para sus investigaciones. Me fui de la Antártida con ganas de volver, pero con una sensación bastante amarga”, sostuvo.

«¿Hasta donde podemos llegar con nuestro grado de destrucción sin contemplaciones?», se pregunta Juan Pablo.

Hace poco cumplí una meta, la de visitar las Islas Galápagos, y ahora la próxima meta es visitar la Antártida. Los sueños deben buscarse, y se harán realidad. No importa lo que cueste o lo que implique, nunca debemos abandonar la idea de hacerlos realidad. Si no lo logramos, dejaremos esta vida, sin habernos dado cuenta de que no lo logramos. La Antártida me espera como próxima meta biológica.

Pasaje de Drake, que separa América del Sur del continente antártico. (Juan José Culasso)

Referencias citadas

-Deregibus, D. y col. 2017. Understanding the link between sea ice, ice scour and Antarctic benthic biodiversity–the need for cross-station and international collaboration. Polar Record 53(2):143-152

-Esteban, S., y col. 2016. Presence of endocrine disruptors in freshwater in the northern Antarctic Peninsula region. Environmental Research 147: 179-192.

-González-Alonso, S., y col. 2017. Occurrence of pharmaceutical, recreational and psychotropic drug residues in surface water on the northern Antarctic Peninsula region. Environmental Pollution 229: 241-254.

-Tejedo, P. y col. 2009. Soil trampling in an Antarctic Specially Protected Area: Tools to assess levels of human impact. Antarctic Science 21 (3); 229-236.

 

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