Paraguay, donde los extraterrestres son médicos y los investigadores acosan o plagian

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Vivimos tiempos magníficos para la ciencia y toda su cultura. Sin embargo, y en un periodo de posverdad, el mismo creacionismo puede colarse en un paper de Nature (1) o la Universidad de Harvard (la primera en el mundo) debe desembolsar US$10 millones al Gobierno de EE. UU. por fraudes científicos. La trágica denuncia contra Piero Anversa hizo que la prestigiosa institución estadounidense retirara una treintena de artículos científicos fraudulentos. En Paraguay, también tenemos fraude en la ciencia (ni qué decir en la pseudociencia).

“No es una broma” me repitió varias veces Luis Campuzano, uno de los organizadores de la “Jornada de Sanación por vía Extraterrestre” que se hará en Asunción el domingo 21 de octubre y que se viralizó hace unos días en las redes sociales. Lo encontré tan convencido que hasta parece que él mismo cree en los viajes interplanetarios e interesterales, aunque no haya una sola evidencia que apoye sus deseos.

“Hola amigo, ¿cómo estás? Estaba manejando, por eso no te atendí. Los arcturianos son extraterrestres que viven en un planeta llamado Arcturus. Ellos contactaron con una española que se llama Laura y le enseñaron un método de sanación por medio de símbolos y geometría sagradas (sic), aparte de utilizar las manos”, me dijo Luis.

“Se pueden curar todo tipo de enfermedades y ellos mismos (los extraterrestres) te apoyan cuando hacés una sanación. Ellos mismos están a tu lado. Depende de tu evolución para verles y escucharles. Son gente de séptima dimensión y son excelentes seres de luz. Viven y trabajan desde el amor. Todo lo que ellos hacen y hacemos nosotros por la sanación arcturiana sale bien y perfecto porque está en orden divino”, afirmó Campuzano.

“No es broma. Es bien real. Es en serio. Yo soy el primer sanador arcturiano del Paraguay”, me señaló.

No me sorprendió la afirmación. Desde hace varios años estoy acostumbrado a tratar con astrólogos, parapsicólogos, curanderos y ufólogos, desde la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA) o algún medio de comunicación. A algunos los enfrenté públicamente, tratando de boicotear sus actividades, de otros realicé advertencias y denuncias abiertas. Sin embargo, lo que sigue sorprendiendo es la actitud de la gente. La población, al parecer, quiere seguir siendo engañada. ¿Le importan poco las evidencias o la verdad? ¿O es que no tiene toda la información disponible?

El anuncio de los arcturianos indicaba que el costo para la “sanación” era de US$50, pero luego bajaron el precio a Gs. 250.000 (US$42). Y aunque parezca mentira, ya hay decenas de inscriptos… ¡Deseosos de ser curados por la medicina alienígena!

Creo que no hace falta afirmar, al menos para el público de Ciencia del Sur, que no tenemos una sola evidencia de vida extraterrestre. Nada. ¡Y menos de un planeta denominado Arcturus! Todas las referencias sobre el tema en internet están ligadas a asociaciones de ufología, new age o curandería barata. También figuran en portales sincretistas o pararreligiosos. No hay estudios serios ni investigaciones aproximadas. Todo se logró a través del “contacto” con algunos privilegiados de este planeta.

Es muy fácil, para mí al menos, tachar esta actividad de pseudocientífica y no recomendar tirar dinero por una falsa esperanza. Empero, creo que la estafa, sea económica, intelectual o médica, debe ser denunciada, aunque finalmente el consumidor es el que tendrá que decidir.

Pero, ¿qué pasa si los que embaucan o hacen fraude tienen el aval de las universidades?

Con homeopatía y otras pseudomedicinas tratarán a mascotas en la Universidad Autónoma San Sebastián. (BHA)

A este festival (o borrachera) de la pseudociencia se suma un curso de “medicina alternativa” para veterinarios, que es dictado en Paraguay, específicamente en la Universidad Autónoma San Sebastián. El seminario (Gs. 50.000) incluye tratamientos con homeopatía, aromaterapia, fitoterpia y acupuntura. El curso lo dirige Celestina Díaz, una pseudocientífica formada en instituciones poco creíbles. Nuestras mascotas, que deben tratarse bajo la veterinaria basada en evidencia, corren riesgo de ser tocados por fanáticos pseudocientíficos que no tienen reparo alguno en utilizar a los débiles para sacar provecho (dinero y prestigio inmerecidos).

Por si fuera poco, la Universidad Nacional de Asunción presenta un libro del “psicólogo naturalista” Ramón Lezcano Torres, conocido profesor de la Facultad de Filosofía de la UNA que recomienda no seguir la “medicina tradicional” y basarse en sus irreproducibles (y nada científicos) trabajos “de investigación” sobre nutrición y salud mental. Esta persona recibió el título de doctor en Psicología, por la UNA, con una tesis sobre la reflexología. En 2013, una mesa examinadora de supuestos académicos aprobó con 5 (¡Felicitado!) el trabajo que no tiene soporte investigativo. Es la misma facultad que el año pasado albergó conferencias de pseudociencia.

Sí, la UNA acepta tesis de grado y posgrado que no tienen validación científica. Ni la academia protege a los ciudadanos. Se gasta dinero público en retrasar el conocimiento.

La estafa no termina allí. La UNA también tiene docentes-investigadores que no investigan, que no hacen ciencia o, lo que es peor, acosan o plagian. ¿Recordamos al clan de Gustavo Rodríguez Andersen? Este docente reconoció su acoso, pero chicaneó con la justicia. A esto debe sumarse, hoy ya tarde quizás, que el médico que fungía de investigador tiene un prontuario poco conocido. Plagió trabajos en patología a inicios de su carrera, ¡Y llorando pidió que esto no trascendiera! Por eso tuvo mucho protagonismo e influencia en la UNA.

¿Sigue cobrando su salario aunque ya no dé clases ni investigue? ¿Por qué nunca fue expulsado de la universidad? ¿Por qué la Facultad de Ciencias Médicas apuesta por la injusticia y la impunidad?

No nos olvidemos que esta universidad, la más grande del país, en algunas de sus facultades posee reglamentos anticientíficos o peligrosos. Como puntuar mejor a un docente que tiene publicaciones en revistas locales (no indexadas ni de revisión por pares) antes que en publicaciones externas de prestigio. En casos puntuales raya lo kafkiano, al ponderar mejor actividades deportivas o pseudoculturales antes que las científicas. Esto para “concursos”. También podemos mencionar el nacionalismo retrógrado o fanatismo institucional que imposibilita (o pone demasiadas trabas) a docentes extranjeros enseñar allí.

La Universidad Nacional de Asunción tiene investigadores que acosan y que no hacen ciencia. (Ciencia del Sur)

Otro que también representaría un fraude académico es el abogado Cristian Kriskovich, docente de la Universidad Católica de Asunción y presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. El abogado, que al parecer desconoce mucho de leyes y de decencia, tiene denuncias por acoso sexual, que está probado. Sin embargo, la Iglesia católica y sus colegas, ningunean todos los hechos, para que esta persona pueda seguir enseñando impunemente y ejerciendo influencia en altas esferas.

No podemos olvidar el reciente caso de plagio evidente en la Universidad Nacional de Itapúa (UNI), que Ciencia del Sur tuvo que sacarla a luz, luego de la vista gorda de varias autoridades. En una primera etapa, la UNI desestimó la denuncia de plagio y solo indicó que se trató de “omisión de cita”, algo que no concuerda con investigadores externos y quienes realizaron el peritaje del Conacyt. Asquerosamente, la UNI sigue dilatando el proceso de sanciones a Liliana Talavera y su tutora Estelvina Rodríguez, quienes, a pesar de la evidencia en su contra, siguen negando que se trate de un plagio y hablan -cuándo no- de una persecución de científicos asuncenos (al más puro estilo de los fanáticos de la teoría de la conspiración).

Tampoco podemos dejar de mencionar a la fraudulenta Editorial Académica Española, que en los últimos meses está tratando de cazar investigadores y escritores paraguayos despistados para incluirlos en su modelo extorsivo y peligroso para todo el sistema de ciencia, tecnología y conocimiento en general.

El modus operandi es el siguiente: buscan artículos científicos o publicaciones en internet. Envían un e-mail al autor y le aseguran que por la calidad “quieren publicar en formato impreso” para llegar a miles de lectores, principalmente en el mercado europeo.

Sin embargo, la EAE no goza de prestigio ni es recomendada por universidades o centros de investigación serios. Cuando la persona cae, se le obliga a comprar sus propios libros, ¡porque nadie los compra a sus precios astronómicos! Hay que agregar que no hay cuidado de edición, ni correción ortográfica ni de estilo; usan las mismas tapas para varias obras y nadie los lee. Lamentablemente, algunos autores paraguayos ya cayeron en esta estafa.

Sumamos a esto la incipiente publicación de investigadores paraguayos en revistas predadoras, incluso con dinero público otorgado a través del Conacyt. Por la presión de publicar o figurar (o pretender ser científico cuando uno no lo es), algunos investigadores publican sus trabajos en cualquier revista, incluso las que no tienen revisores por pares ni cuidado de edición, ni citaciones (2).

Durante su clase en el II Seminario de Comunicación Científica Digital, el Dr. Alcides Chaux (Uninorte-Cedic) denunció algunas prácticas antiéticas en la ciencia paraguaya, incluyendo la falta de publicación de investigaciones o trabajos en universidades u hospitales. Pero no termina allí, nuestra academia, obsoleta, arcaica y mediocre, sufre todo tipo de males que no se erradicaron con el levantamiento “UNA No te calles”. Si alguna vez tenemos acceso online a las tesis de grado y posgrado, ¿con qué nos encontraremos? ¿Será que prohíben poner todo accesible por miedo?

Fraude académico no es solo plagio; cobrar dinero estatal por investigar y no hacerlo; acosar y extorsionar a alumnas y alumnos, en vez de enseñar o hacer ciencia, y promover el pensamiento mágico y anticientífico también lo es. Las conductas arbitrarias, autoritarias y anticientíficas deben ser completamente erradicadas de nuestras universidades.

Existe una gran diferencia entre hacer ciencia y la pseudociencia. Sin embargo, cuando tenemos una ciencia de transición, como es el caso paraguayo, se permite al parecer todo tipo de violaciones y actividades antiintelectuales, en pos de una imagen ficticia. Como profesionales comprometidos con la sociedad del conocimiento, tenemos que luchar contra los pseudocientíficos, de la misma forma que debemos combatir a los plagiadores, acosadores y mentirosos.

 

Referencias

  1. Balthasar U. and Maidment S. (2006). Pseudoscience should not be published in NatureNature volume 444, pages 679–680. DOI: https://doi.org/10.1038/444679e
  2. Lucia D. (2017). Science’s fake journal epidemic. Nature Jobs

 

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9 Comentarios

  1. Excelente articulo felicitaciones para el autor. Como diria un conocido comentarisra económico de nuestro medio, duele decrlo pero hay que decirlo. El conacyt deria hacer mejor su trabajo y no apoyar a pseudo cientificos y farsantes

  2. Ya que la UNA difícilmente pueda ponerse a nivel de sus pares en el mercosur (ya ni hablar a nivel mundial) al menos a corto o mediano plazo. Por lo menos el conacyt hubiese hecho lo suyo para depurarse y apoyar a investigadores serios exclusivamente.

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