La desaparición de hábitats: bibliotecas naturales en llamas

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El Belém+30 congregó a más de 2.000 profesionales, académicos, conservacionistas y pueblos originarios de unos 50 países. (Foto: Alberto Yanosky)
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La semana pasada tuve la oportunidad de viajar a Belém do Pará, Brasil, para participar del evento internacional conocido como Belém+30. Allí se llevaron a cabo dos eventos en simultáneo: el XVI Congreso de la Sociedad Internacional de Etnobiología, en conjunto con el XII Simposio Brasileño de Etnobiología y Etnoecología (del 7 al 10 de agosto).

El evento fue organizado por la Universidad Federal de Pará y el Museo Emilio Goeldi, en colaboración con la Sociedad Internacional de Etnobiología (ISE) y la Sociedad Brasileña de Etnobiología y Etnoecología (SBEE). Pude participar gracias a un proyecto en conjunto que tenemos con la Universidad de Oxford (Inglaterra) y fondos de la British Academy, proyecto que lidera la Dra. Felice Wyndham, y acompañé en el evento a dos colegas, amigos, compañeros, los Sres. Marciano Chevugi de la nación aché y Andrés Ozuna de la nación yshir. Ellos llegaron de Canindeyú y Bahía Negra, respectivamente, para que pudiéramos viajar juntos a Belém do Pará.

El primer Congreso Internacional de Etnobiología, organizado por el Museo Goeldi, fue realizado en Belém en 1988. El evento culminó en la Declaración de Belém, documento pionero que destacó la conexión entre los pueblos tradicionales y la biodiversidad, reivindicando sus derechos sobre territorios, recursos naturales y conocimientos ancestrales.

Aquella semana nos reunimos más de 2.000 profesionales, académicos, conservacionistas y pueblos originarios de unos 50 países para, entre otras cosas, reflexionar tres décadas después sobre la Declaración de Belém y la evolución del campo de la etnobiología en el tema. El evento permitió discutir lo ocurrido a lo largo de los últimos 30 años, centrándose en los avances y desafíos científicos, éticos, jurídicos y políticos relacionados con los pueblos indígenas y las poblaciones tradicionales y el uso sostenible de la biodiversidad.

La declaración de Belém+30 apunta todavía a la necesidad de la consulta previa, libre e informada, a la repartición de los beneficios derivados de la biodiversidad, y a la implantación de programas educacionales diferenciados y adaptados a las condiciones locales. Asimismo, el direccionamiento de recursos de ciencia y tecnología para iniciativas de los pueblos tradicionales, y una garantía de efectivo castigo para los crímenes ambientales y las violaciones a los derechos humanos, además del reconocimiento de los saberes, culturas e innovaciones de los diferentes pueblos.

La diversidad de temas y el surgimiento de disciplinas y dimensiones quizás poco o nada conocidas hace 30 años demuestra la evolución del campo. En el marco del congreso se presentaron trabajos y avances en etnociencias, ecología histórica, simbólica, política, sociobiodiversidad, sustentabilidad, conocimiento tradicional, monitoreo, agroecología, salud y nutrición, seguridad alimentaria, gestión de áreas protegidas y gestión compartidas, y muchas áreas más, amalgamando conceptos de diversidad biológica, áreas protegidas, manejo y administración, vida silvestre, aspectos bioculturales y corredores, gestión territorial, etnobotánica, domesticación y contradomesticación de especies de la vida silvestre, patrimonio cultural y natural, diálogo de saberes.

Se discutieron aspectos que tienen que ver con el desarrollo un tanto irrespetuoso hacia los pueblos tradicionales, poniendo en riesgo patrimonios bioculturales, soberanía alimentaria, modos de vida, y en muchos casos con una visión de la naturaleza como una mercancía.

Integrantes de la comunidad indígena Kayapó demuestran sus habilidades artísticas en danzas que rinden homenaje a la madre naturaleza. (Fotografía: Alberto Yanosky).

A tres décadas de la Declaración de Belém

La versión actualizada de la carta de Belém muestra los mismos desafíos sobre amenazas cada vez más crecientes. Estas tres décadas vieron la pérdida de varios ecosistemas y ambientes naturales, afectando a los pueblos originarios y tradicionales, con la consecuente pérdida de cultura e identidad. Si bien las áreas protegidas han evolucionado, parece existir un divorcio entre lo que es cultura, tradición y naturaleza.

El evento mostró en diferentes instancias que el estado prístino está en dudas y debemos definir un espacio y tiempo para poder hablar de “estado natural”. Gran parte de los ambientes naturales que hoy conocemos son el resultado de los pueblos asociados y el contacto con la naturaleza. La intervención del hombre permitió con el correr de los siglos la formación de comunidades vegetales muy particulares, tales como las conocemos hoy.

El reclamo de las tierras ancestrales no estuvo opacado. Pueblos originarios de diferentes lugares del planeta hicieron visibles sus añejos reclamos sobre tierras que habitaban y fueron vendidas y revendidas, afectando así a su modo de vida.

En este sentido, Paraguay fue un ejemplo al final de la década de los años 80. Con la ley 112,  promulgada en 1991, se creó la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú, hoy área nuclear de la Reserva de Biósfera Bosque Mbaracayú. Estas tierras pudieron ser recuperadas de las manos de la Corporación Financiera Internacional, reconociendo como tales el área ancestral de los aché.

Chevugi se encuentra luchando por mantener vivo el conocimiento de los antepasados. Promueve acciones para proteger el bosque en el cual los aché viven y que es su “biblioteca”, base de una riqueza de conocimiento. Ese bosque que se está perdiendo —nos dice Chevugi— es su almacén, su farmacia, donde está todo lo que necesitan. Por ello desea poder restaurar el daño causado. Con la pérdida de los animales, también se está afectando la forma de nombrar a los nuevos aché que nacen en el Paraguay. Chevugi desea fervientemente fortalecer el conocimiento tradicional y la educación de los miembros de sus comunidades. Existen seis comunidades aché con un estimado de 2.000 personas.

Andrés Ozuna también nos recuerda que el territorio yshir se encuentra en parte dentro de una reserva de biósfera declarada por la UNESCO, la del Gran Chaco. Hoy en día se está buscando declarar un Sitio de Patrimonio Mundial al pantanal paraguayo, también territorio yshir. El Sr. Ozuna comenta que hace más de 10 años están luchando por el territorio Eshma de unas 8.500 hectáreas que se inserta en medio de su área ancestral, separando en dos el territorio y las seis comunidades yshir, que cuentan con una población de unas 2.500 personas.

Andrés Ozuna y Marciano Chevugi. (Alberto Yanosky)

Tobich es un lugar sagrado para el pueblo yshir y base para la transmisión del conocimiento tradicional y la disciplina oral del bosque del pueblo yshir. Tobich fue recuperada por Guyra Paraguay en un pionero proyecto de secuestro de carbono a modo de evitar emisiones de gases de efecto invernadero.

En el marco del congreso se realizó un taller liderado por la Dra. Felice Wyndham de la Universidad de Oxford, con el apoyo de Guyra Paraguay, para tratar temas concernientes a los valores bioculturales en las redes de conservación de las aves, y así poder contribuir cómo se relaciona lo local con lo global y viceversa. Este taller con participantes de diferentes países se llevó a cabo en tres idiomas (español, inglés y portugués) para tratar cómo se llevan a cabo los diálogos sobre aspectos de los mundos de vida de las personas y su interrelación con la comprensión regional e internacional de las dimensiones de la ecología, el lugar, y los territorios y la conservación de los recursos clave de la biodiversidad, particularmente las aves.

Con el objetivo de articular las relaciones entre la pericia vernácula y los sistemas más amplios de intercambio de información, se incluyeron los sistemas de conocimiento ayoreo, yshir, aché, makushi, wounaan, británico y mapuche, y sus idiomas. El conjunto analizó las iniciativas que priorizan las comunidades locales y cómo se han implementado, como así también en qué medida la política internacional está informada sobre las prioridades y perspectivas de la población local.

La Dra. Felice Wyndham de la Universidad de Oxford y líder del proyecto que busca estudiar las interrelaciones entre aves y los pueblos indigenas, y cómo ese conocimiento puede incidir en políticas adecuadas. (Foto: Alberto Yanosky)

También se analizó el papel que pueden jugar la tecnología, la ciencia ciudadana y el diseño en la valoración de las contribuciones del mundo de la vida de las personas locales. Se discutieron cuáles son los principios de colaboración que funcionan en proyectos científicos, turísticos y de conservación, y en el largo plazo, cómo debemos trabajar juntos para garantizar el acceso seguro a la tierra y sus recursos, y los indicadores que tenemos que tener en cuenta para vincular las prioridades locales a las políticas internacionales. Un aspecto clave que se trató fue la lingüística y las interacciones entre la lingüística y la diversidad biocultural, a través de una mirada a la etnoornitología (parte de la etnobiología).

En este marco, se fortalece la implementación del Atlas o Archivo Mundial de Etnoornitología (EWA). Esta pretende ser una base abierta, y comenzará a ser implementada con informaciones de Paraguay. El proyecto EWA es una plataforma y archivo en línea, a ser sustentado por sus usuarios, para que las personas alrededor del mundo puedan compartir conocimientos culturales sobre las aves. El proyecto EWA fue concebido y desarrollado por la Universidad de Oxford en alianza con las organizaciones BirdLife International (de la cual Guyra Paraguay es socio en Paraguay) y Lynx Publications/Handbook of the Birds of the World Alive (HBW Alive). Su primera iteración pública está actualmente en fase de prueba y tendrá datos de Paraguay, a los que se irían sumando datos de Panamá, Guyana, Brasil y Chile.

Durante esta inmersión de varios días intercambiando información tradicional con información científica, discutiendo con los profesionales de la etnobiología, viendo cómo las tradiciones, las costumbres, la historia evolutiva de la humanidad y su interacción con la naturaleza han ido marcando nuestra historia, y viendo cómo la degradación de los ambientes naturales va degradando la cultura, la historia, las tradiciones y nuestro modo de vivir, quedé impresionado por una frase que escuché: que la destrucción de la naturaleza y la afección de su gente, con cada parte de la naturaleza que perdemos, es como una biblioteca en llamas.

Paraguay está sufriendo altas tasas de deforestación y de transformación de sus hábitats naturales. No puedo dejar de pensar cuánto conocimiento se está perdiendo, especies y relaciones ecológicas que quizás nunca sepamos que existieron, y con ello también el conocimiento y los saberes de los pueblos originarios, que ya no tienen a mano el elemento que alimenta ese saber, la naturaleza.

 

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