Foro de Oslo de los Bosques Tropicales: a tomar en serio la deforestación

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El evento central tuvo lugar en la ciudad de Oslo, Noruega, el 27 y 28 de junio. (Alberto Yanosky)
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Tuve el enorme honor de ser invitado por el Gobierno noruego para participar del Oslo Tropical Forest Forum, un evento con fuerte enfoque en REDD+. REDD es un mecanismo de mitigación del cambio climático desarrollado bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, una de las convenciones que dejó aquella memorable cumbre de Río de Janeiro en 1992.

Este mecanismo busca reconocer y proveer incentivos a los países en vías de desarrollo para proteger sus recursos forestales, mejorar su gestión y utilizarlos de manera sostenible con el fin de contribuir a la lucha global contra el cambio climático y sus reconocidos efectos. REDD es un acrónimo que significa “Reducción de Emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la Deforestación y Degradación de los bosques“, la conservación y el incremento de las capturas de CO2. El signo  + (más) se agrega para reflejar los compromisos sociales y ambientales, en particular de la biodiversidad. El evento central tuvo lugar en la ciudad de Oslo, los días 27 y 28 de junio.

El objetivo del foro era muy claro; se buscaba celebrar resultados e identificar los desafíos a 10 años de haber creado REDD+ y que éstos se incluyeran en las negociaciones de cambio climático, con el fin de avanzar las estrategias que hagan que los bosques nos ayuden con las ambiciones del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS).

(Alberto Yanosky)

Comenzamos con una serie de presentaciones cortas, inspiradoras, motivadoras para mostrar los avances en la ciencia, los análisis económicos y los desarrollos políticos que muestran la clara necesidad de incluir a los bosques para combatir los cambios climáticos y lograr los ODS. Seguimos discusiones sobre las necesidades de los países desarrollados y en desarrollo, las compañías y las cadenas de valor, el sector financiero, y la sociedad civil para lograr la meta de “no deforestación” que se incluye en los ODS y la Declaración de los Bosques de Nueva York.

Y luego hubo diferentes sesiones, entre las que tuve que decidir a cuáles asistir y en cuáles participar. Fue así que decidí participar en el debate de cómo las compañías y empresas incorporan el desafío 2020 para los compromisos de cadenas de valor libres de deforestación. Varias empresas internacionales están comprometidas con no comprar ni utilizar insumos y servicios provenientes de deforestación; sin embargo, algunas empresas importantes siguen faltando.

(Alberto Yanosky)

También participé del debate de “bosques intactos versus productivos” y si se requiere que los bosques se exploten para salvarlos. El tema central en el debate fue el manejo forestal sostenible y qué impactos se esperan de este manejo.

Otra sesión que me pareció interesante fue la concerniente a las jurisdicciones subnacionales, como una escala muy promisoria de éxito. Los gobiernos centrales juegan un rol claro pero las acciones se llevan a cabo en el terreno y los gobiernos locales juegan papeles preponderantes y están más cerca de quienes están en el territorio.

El ejemplo es el estado brasileño de Acre, donde agenda política estatal y pueblos indígenas acordaron una ruta conjunta que hoy genera beneficios económicos a lo genuino, facilitando y potenciando lo que la tierra y la gente de Acre han venido heredando.

(Alberto Yanosky)

Y finalmente, la sesión de inversiones para la transformación del uso de la tierra y las oportunidades de integrar las finanzas públicas y privadas para la restauración de bosques. La “nueva economía forestal” es una gran oportunidad para el ambiente y los inversores y podría contribuir a reducir en 1/3 las emisiones para el camino a los 2°C de temperatura global.

En los mecanismos necesarios para hacer de los bosques objetivos de inversión se tomaron los casos de Colombia y Brasil. Un mensaje claro es que si los gobiernos nacionales con altas tasas de deforestación logran regular y fortalecer los mecanismos de control, existen los recursos financieros para que el compromiso sea honrado y capitalizado.

En este marco y con los aprendizajes logrados, pude rescatar algunas cuestiones importantes para Paraguay. La deforestación es la tumba del bosque sin reemplazo. Parece que en Paraguay todavía sufrimos de algunos problemas endémicos, congénitos y que se multiplican por endocruza.

Nos quieren hacer pensar que deforestación es solo algo ilegal y no es así; deforestar pasa por una política y una voluntad de hacer cambios al uso de la tierra. La mayoría de los países están haciendo esfuerzos por reducir la deforestación pero en Paraguay tratamos de darle un valor positivo y, hasta si se quiere, de condonar continuamente a aquellos que atentan contra la salud ambiental y el bienestar de todo el país. En este sentido, por más que tengamos políticas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, seguimos autorizando la deforestación o la tumba de bosques, para dar paso a algo que, a juicio de otros sectores, es más productivo.

¿Será entonces que países como Costa Rica, Colombia, Ecuador y unos cuantos más están equivocados? ¿Será que Brasil, al exigir que se conserve gran parte de la matriz boscosa en la zona del Amazonas, también está cometiendo errores?

Lo que vemos muy claramente es que la migración de ciertos usos al territorio nacional se debe básicamente a que ese tipo de operaciones en otros países ya no son posibles. Y es de esperar que la cooperación internacional que busca acompañar a aquellos países que tienen dificultad en implementar acciones globalmente acordadas se comience a retirar de Paraguay, ya que ve que todas las inversiones realizadas por años para reducir las tasas de deforestación no se están cumpliendo.

Pareciera que a pesar de los acuerdos internacionales y de la voluntad en el papel, se hace todo lo contrario, otorgando licencias para seguir el desmonte (legal) y haciendo hasta un reconocimiento de la incapacidad de las administraciones de turno para reducir la deforestación.

Se invirtieron muchos recursos internacionales para preparar al país para REDD y la postura internacional parece destacar que no somos capaces de implementar nuestros acuerdos. Con una prohibición total de desmonte en la Región Oriental y desde 2004/5, tenemos unas alarmantes tasas de deforestación de este ya casi extirpado ecosistema, el Bosque Atlántico del Alto Paraná, con cifras que van de las 20 mil a 40 mil hectáreas al año, en un remanente total que no supera el millón de hectáreas. Hablamos de un 2 a 4% de deforestación anual, mientras que en el bosque chaqueño, con unas 14 millones de hectáreas de bosques en pie, estamos promediando las 200 mil hectáreas al año, es decir una tasa que no llega al 1,5 % anual.

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Deforestación en Paraguay. (Guyra Paraguay)

Por ende, la tasa deforestación en el Bosque Atlántico es mayor que en el Chaco, mientras que en aquélla existe una prohibición total, por lo que somos conscientes de que la región del país con mayor infraestructura para el control no es debidamente atendida.

En un mercado internacional cada vez más exigente, hasta pude aprender que los mercados que tradicionalmente son menos exigentes, como el chino, hoy están adaptando criterios de sostenibilidad que no aceptan la deforestación.

No es una cuestión de cambios de definiciones ni de conceptos, es una necesidad de entender qué está mal y qué está bien, y que aunque existan aspectos legalmente correctos, éstos pueden ser ética y moralmente inaceptables, como reconocer que estamos tumbando 200 mil hectáreas de bosques al año. Y sigo comparando, porque para reconocer el daño hecho, en la Amazonía se plantarán más de 70 millones de árboles, en parte para restaurar ese paisaje forestal, nosotros en el Chaco estamos tumbando cada dos años esa cifra de árboles, asumiendo que tenemos la conservadora cifra de unos 200 árboles por hectárea.

Algo está mal. El país requiere de un sinceramiento sobre sus políticas forestales y quizás sea hora de comenzar a trabajar con un nuevo enfoque, ya que siguiendo con las comparaciones, tumbamos el bosque nativo y ni siquiera fomentamos la reforestación. Nuestro obsoleto marco forestal legal, copiado de los marcos legales de otros países latinoamericanos que fueron exitosos hace varias décadas atrás, requiere de innovación y cambios.

 

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