Foto oficial de los asistentes al Campamento de Astronomía Paraguay. Divulgadores y aficionados se dieron cita en Caacupé. (Rodrigo Ríos)
8 min. de lectura

 

Son las 18:30, todavía hay mucha claridad, pero ya se puede observar a nuestro satélite natural en Luna creciente con el telescopio TANAT, el telescopio casero de Félix Piriyú. De a poco -sin darnos cuenta- comienza la fiesta de las estrellas. Capaz no lleguemos ni a 15 personas-piensa uno de los organizadores, preocupado. Es un fin de semana largo en el país, pero el Campamento de celebración de los 8 años de Astronomía Paraguay (AstroPy) tiene un programa ajustado, que debe cumplirse disciplinadamente y que incluye -si Urania lo permite- un cielo despejado y por ende observaciones.

AstroPy, la comunidad de aficionados a la astronomía del Paraguay, no tiene estatutos ni autoridades. No se rige bajo normas estrictas ni cuenta con personal permante. Es un grupo de amigos que hasta hoy organiza diversas actividades.

¿Por qué celebra un grupo de astronomía en un país que no tiene desarrollada a esta ciencia? ¿Qué motiva a la gente, desde niños hasta personas de la tercera edad, a congregarse para conocer de una de las pocas ciencias que no interactúa con su objeto de estudio de manera directa? ¿Por qué nos sigue interesando lo que hay fuera de la Tierra? Son preguntas que uno se hace durante estos eventos.

Son las 19 horas, la gente sigue llegando y, para sorpresa de los asistentes, el campamento conglomera a 30 personas (hay muchas caras desconocidas y eso es alentador). Varias carpas se amontonan sin molestarse en un extenso patio. Otros se instalan debajo de los árboles de diferentes especies, en la parte trasera de la casa. Pero unas horas después, el campamento recibe a casi 50 chicos y grandes interesados en la astronomía y las ciencias espaciales.

Un detalle: estamos en una casa quinta, residencia de la Familia Burgos, construida a inicios de 1980, en la ciudad de Caacupé. Nos encontramos en la capital del tercer departamento de Cordillera (55 Km al este de Asunción).

El telescopio Tanat, construido en Paraguay por el informático y divulgador Félix Piriyú. (Ciencia del Sur)

El reloj muestra que pasaron las 20 horas y Oscar Galeano, un conocido astrofotógrafo y divulgador, inicia su charla sobre montura de telescopios, que servirá, especialmente, a los que desean insertarse en el mundo de la astrotofografía.

Con paciencia, y mucha dedicación, muestra las partes de las monturas, argumenta las diferencias entre el uso de monturas mecánicas versus las automáticas y aclara cualquier duda. Poco después de iniciar la conferencia, llega un asteroide a Caacupé. Sí, literalmente, el Ing. Miguel Volpe visita el campamento para acoplarse a la celebración. Todo el mundo quiere saludarlo, pero la gente aguanta hasta después de las charlas.

El profesor Volpe, catedrático de la Facultad de Ingeniería de la UNA y presidente del Club de Astrofísica del Paraguay (CAP), fue homenajeado con un asteroide hace unos años. Actualmente, forma parte del Consejo Directivo de la Agencia Espacial del Paraguay (AEP).

Luego es mi turno. Me corresponde abordar la experiencia de divulgación de la ciencia y periodismo científico en Paraguay, básicamente la labor que desempeñamos en Ciencia del Sur, además de las discusiones sobre algunos estudios y recomendaciones específicas para divulgar rigurosamente. Increíblemente, nadie se levanta del “salón auditorio” bajo los astros. Son casi las 21:30 y la siguiente ponencia es la que interesa a la mayoría.

Es el turno de Rodrigo Ríos, un joven astrofotógrafo y uno de los fundadores de AstroPy. Rodrigo habla de las diferentes cámaras, sus usos, las exposiciones, el tiempo y las técnicas a tener en cuenta al momento de hacer insertarse en la astronomía a través de la fotografía. Muestra un plano del Cono Sur Americano donde se ve detalladamente la polución visual que caracteriza a las grandes ciudades y sus localidades satelitales.

Comenta sus experiencias y da algunos consejos para hacer astrotofografía desde Paraguay. El auditorio familiar y multiprofesional está impaciente, ya sabe lo que se viene a continuación: la observación.

Charla de Oscar Galeano, sobre montura de telescopios, en el Campamento de AstroPy en Caacupé. (Foto de Rodrigo Ríos)

Desde la Luna hasta la galaxia del Sombrero

Pasan las 22 horas. Es tiempo de cenar. Y mientras la gente come tranquila, pero a la vez impaciente, los astrónomos amateurs montan sus telescopios. Hay un par de binoculares pasando de mano en mano en el campamento. Hay mucha expectativa y hasta ansiedad. Para algunos será su primera observación, para otros, una confirmación más de las maravillas del Universo. Las filas ya comienzan a formarse.

Caacupé está creciendo enormemente y la polución visual también sigue ese curso, pero todavía se pueden hacer observaciones astronómicas en esta ciudad. El único problema que tenemos es que a un vecino se le ocurrió quemar su basura justo a la hora de apuntar nuestros telescopios hacia el cielo. Y, aunque teníamos un hermoso panorama celestial, para apuntar al sur tuvimos que esperar varios minutos antes que el humo nos permitiera hacer una observación completa.

Coincidentemente, en la Encuesta Permanente de Hogares (2016) que usamos en la conferencia, donde hablábamos del acceso a los medios de comunicación y a internet, se aseguraba que el 44% de la población paraguaya todavía quema sus desperdicios.

La pasión por la astronomía aumentó considerablemente en las últimas décadas en Paraguay, por diferentes motivos. Hoy existe una mayor diversificación de los grupos de aficionados, mejor acceso a las fuentes de información y una interesante ampliación de cobertura nacional. Hasta hace una década atrás, las organizaciones amateur solo se centraban en Asunción y el departamento Central.

Aunque hayamos tenido a Buenaventura Suárez, el primer astrónomo del Río de la Plata, Paraguay nunca tuvo a la astronomía en la academia, lo que motivó que profesionales de otras áreas y aficionados sean los encargados de difundir información y hasta conocimiento en la población sobre la astronomía y ciencias y tecnologías afines.

Son las 23:00 horas. El telescopio Celestron de 14 pulgadas (3910MM F/11) de Rodrigo ya está listo para mostrarnos nuestro vecindario, nuestra galaxia y más allá de ella.

Primero, vemos los cráteres de la Luna, con sus detalles, las sombras y a continuación, una mezcla de alegríam entusiasmo y mayor curiosidad. Observamos los mares y esos colores limitados que nos encandilan. La gente sigue formando fila. No para de preguntar y maravillarse al mismo tiempo.

Galileo y la ciencia moderna

Y luego, las lentes apuntan a la Galaxia del Sombrero, a la Nebulosa de Orión, a la Nebulosa de la Tarántula, se ve alguno que otro satélite y más de una persona pudo observar a los meteoros, las famosas estrellas fugaces. Es el turno de ver Júpiter, ya pasada la medianoche.

“Era lo que observó Galileo y cambió la ciencia moderna-decían algunos- y ahora podemos verlo nosotros-agrega otro. De cierta manera, Júpiter y sus lunas principales siempre atraen la gran atención en las jornadas de observación. No en vano es el mayor planeta de nuestro Sistema Solar. Unos minutos después, y para los más hábiles y pacientes, Saturno se presenta hacia el este, lentamente.

Todos los instrumentos de observación presentes apuntan ahora al otro gigante de nuestro Sistema Solar.

Es la primera vez que algunas personas observaban los anillos a través de un telescopio. Era la primera vez que por fin veían al otro gran planeta gaseoso. Ahora sí podían decir que ya vieron a Saturno. Algunos se sorprenden y emocionan. Es lo que consigue la astronomía.

Imagen de la Luna, captada con el telescopio Celestron de 14 pulgadas, en Caacupé. (Astrofotografía de Silvia Piriyú)

Algunos, no acostumbrados a tanta oscuridad, prenden sus linteras. En pocos segundos, se pide que las apaguen, al menos si no es roja. Hay que tomar todos los cuidados correspondientes para hacer observación. Otros prueban iniciarse en la astrofotografía, con sus cámaras profesionales o con sus teléfonos inteligentes.

Sirio, Omega Centauri, Marte y otros objetos celestes también son observados. Las charlas distentidas se hacen presentes y la cosmología, la astrobiología y el pensamiento crítico no pueden faltar.

Se recuerda a los grandes, además de Volpe, al profesor Blás Servín, que no pudo ir al campamento por motivos de salud y al extinto profesor Alexis Troche Boggino, el paraguayo que llegó a la Unión Astronómica Internacional y que, en homenaje, el Observatorio Nacional, ubicado en Politécnica de la UNA, lleva su nombre.

Los que aguantan toda la madrugada pueden observar más objetos celestes. Y a veces, otras cosas. Es el caso de una persona que, desde los portones, hace señas y pregunta por el dueño de la casa. Son las 4:15 AM y, como no tenemos música encendida, descartamos que se tratase de algún vecino.

Efectivamente, es un aficionado que estaba llegando recién al encuentro de divulgadores, ya que trabajó hasta la medianoche en la ciudad de Coronel Oviedo y su deseo era asistir al campamento astropiano. Lo lamentable del caso fue que casi fue asaltado cuando llegó a la capital cordillerana.

Las tertulias continúan. Ahora se habla de la esperanza puesta en el James Webb Space Telescope (JWST), que finalmente partirá en 2019 para mostrarnos un Universo completamente diferente a lo que estamos acostumbrados. Otros también conversan sobre la posibilidad de vida en otras partes del Cosmos. Y no necesariamente de vida inteligente, muchos se conformarán-aseguran-con la evidencia de vida microbiana y/o vegetal.

La noche nos deja y hay que cubrir los telescopios de la humedad. Se observan a las últimas estrellas y muy pocos valientes se resisten a dormir. El día inicia y la segunda jornada del campamento, también. Los dueños de casa prepararon cocido para los visitantes.

Durante la mañana, la primera charla comienza a las 9:30 horas, de la mano del profesor Sergio Reible, quien hace un repaso histórico de las ciencias meteorólogicas y su importancia para la astronomía. Nos muestra varios instrumentos de medición meteorológica para que los asistentes veamos cómo se trabaja. Y comenta acerca del trabajo que hacen con un grupo de aficionados a al clima.

La última conferencia está a cargo de Félix Piriyú, quien dio algunos detalles sobre la construcción de su telescopio, TANAT, resaltando algunos desafíos sobre falta de materiales en Paraguay. Anima a los que se insertan dentro de la astronomía a comenzar primero con unos binoculares, para ver si el interés crece y así poder o comprar o fabricar un telescopio.

Luego de la charla se sortean algunos premios entre los asistentes, que incluyen anteojos para eclipses, libro de astronomía, apuntadores láser, el láser verde para astronomía, entre otros.

Gente de varios puntos del país

Alrededor de 50 personas de varios puntos del país hacen sentir su presencia. Hay grupos de aficionados de Asunción, Luque, Lambaré, San Lorenzo, Cnel. Oviedo, Caaguazú, Ciudad del Este, Ypacaraí y del Chaco. Estudiantes y profesionales que coincidieron en que la divulgación científica en Paraguay está mejorando a niveles extraordinarios debido, principalmente al alto acceso a internet (alrededor de 90% de la población, Senatics-DGEEC) y a los contenidos en la red.

Sin embargo, hacen hincapié en el peligro que representa la pseudociencia y la falta del desarrollo científico de la astronomía en el país. Si bien es cierto que hay trabajos publicados sobre astronomía desde Paraguay, en Politécnica de la UNA y sus diferentes departamentos o en otras áreas como las ciencias sociales y humanidades, no existen carreras de grado o posgrado en astronomía.

Esto tiene una repercusión directa en aquellos adolescentes que quieren abrazar la carrera, ya que, al no poder estudiar afuera, toman otras profesiones o áreas, abandonando el sueño de -según los aficionados- convertirse en científicos astrónomos.

El informático y divulgador Félix Piriyú, durante su taller sobre construcción de telescopios. (Ciencia del Sur)

Entre los grupos y centros de astronomía, destacan: Club de Astrofísica del Paraguay, Asociación de Aficionados a la Astronomía de Asunción, Sociedad de Estudios Astronómicos, Centro Paraguayo de Informaciones Astronómicas, Planetario de Asunción y Centro de Difusión e Investigación Astronómica.

También figuran: Centro de Interpretación Astronómica de San Cosme y Damián, Centro Astronómico Bicentenario, Astronomía Paraguay, AstroCiencia de Ciudad del Este, Club Ovetense de Astronomía, Centro Caaguaceño de Astronomía, Aficionados de Yaguarón y Club de Aficionados de Ypacaraí. A esto debe sumnarse los clubes de astronomía en escuelas y colegios.

Actualmente, no todos funcionan y otros grupos tratan de conformarse en diferentes puntos del país. Durante el almuerzo, se insiste en la necesidad de contar con carreras de astronomía en el país, para todos los interesados. Se comenta que hay algunos jóvenes de Becal que están tomando cursos de posgrado en astronomía y que esto ayudará enormemente a elevar nuestro nivel en el ámbito a nivel regional. Eso podría contribuir a abrir la carrera en los próximos años. ¿Y los profesores?-preguntan algunos. ¡Van a tener que venir de afuera!-responde otro.

Algunos, entusiasmados por el momento, hasta dicen que harán doble carrera universitaria con tal de seguir sus sueños de convertirse en astrónomos. La emoción honesta de los jóvenes se mezcla con la visita de diferentes aves, un avistamiento de nubes iridiscentes y una despedida obligatoria.

Son las 13 horas se levanta oficialmente el campamento de AstroPy y se da por culminada la serie de conferencias, las observaciones y la celebración. Sabemos que no cambiamos el mundo, pero al menos hay esperanzas para entenderlo e interpretarlo a través de la astronomía.

 

¿Qué te pareció este artículo?

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (15 votos, promedio: 4,40 de 5)
Compartir artículo:
Artículo anteriorQuimioterapia en mascotas: ¿Tan tóxica como creemos?
Artículo siguiente¿Ir a Paraguay a hacer ciencia? Guía para investigadores
Director de Ciencia del Sur y fundador de la Agencia Sudamericana de Informaciones y Noticias Científicas y Tecnológicas. Estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y en relaciones internacionales. Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu). Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con algunas publicaciones internacionales. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA), secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana (Unibe). Periodista de Ciencia del Año, por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt -2017. Tiene cuatro libros publicados.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here