La adicción al sexo, ¿es una patología?

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adicción al sexo
Internet no ha hecho más que complicar la situación. (Pixabay)
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Marcelo (nombre ficticio) es un varón de 35 años, contador público de profesión, sin historia psiquiátrica conocida, que acude a consultar debido a lo que él mismo define como un “problema sexual”. Él está divorciado desde hace 2 años y tiene un hijo de 4 que vive con su exesposa. Desde hace un año, ha comenzado a tener fantasías recurrentes sobre tener sexo con mujeres desconocidas en lugares públicos (como una plaza o la oficina donde trabaja).

Asimismo, se ha masturbado compulsivamente, a veces hasta 15 veces al día y ha tenido que interrumpir su trabajo para poder hacerlo, ya sea en el baño de su oficina o cruzando la calle, en el baño de un restaurante cercano. Una vez mostró sus genitales a dos mujeres que estaban en una parada de ómnibus.

Los fines de semana esta masturbación compulsiva, acompañada de mucha pornografía, le ha consumido hasta siete horas al día. Cuando no se masturba se siente ansioso e irritable. Todo esto ha repercutido de manera negativa en su vida social y laboral, puesto que sus amigos y sus compañeros se han dado cuenta de su “problema”. Marcelo acude a consultar preocupado porque siente que ya no da más y porque un psicólogo amigo le dijo que era un “adicto al sexo”.

¿Qué significa adicción al sexo?

Intentar definir la adicción al sexo es un problema, puesto que no existe consenso general en la comunidad científica sobre lo que es y, en consecuencia, sobre cómo debe ser tratada (Barrilleaux, 2016). Además, como entidad clínica categorial no ha sido incluida en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5).

Esta decisión se basó, principalmente, en la preocupación sobre falsos positivos y en el potencial riesgo de “patologizar” comportamientos sexuales que salen de la norma pero que no por ello deberían ser considerados patológicos (Reid & Kafka, 2014). Finalmente, ¿quién puede establecer, por ejemplo, cuál es el número de masturbaciones diarias considerado “normal”?

Aunque no haya logrado un lugar dentro del DSM-5, la presencia de personas con adicción al sexo en la práctica clínica diaria ha hecho que numerosos médicos, sexólogos y psicólogos continúen investigándola, habida cuenta del sufrimiento que genera en los pacientes.

La adicción al sexo supone el desarrollo de conductas sexuales irrefrenables utilizadas para producir autogratificación. Se trata de conductas estereotipadas que escapan del control del individuo, que interfieren en su vida diaria, pero que no puede dejar de practicar pese a los aspectos negativos implicados. Entre ellos están: sentimientos de culpa, inminente ruptura de pareja, daño ocasionado a la familia, temor a enfermedades de transmisión sexual, problemas económicos o amenaza de pérdida de empleo (Echeburúa, 2012).

Implica además conductas, pensamientos y fantasías sexuales recurrentes, y una urgencia por llevar a cabo conductas sexuales. Echeburúa insiste en que el adicto al sexo es como un alcohólico que se caracteriza por una hipersexualidad que, al no saciarse, está permanentemente presente en el sujeto, que prescinde por completo de la ternura en la relación íntima y que manifiesta una pérdida de control (Echeburúa, 1999).

En cuanto a su etiología, las causas de este trastorno no están del todo definidas. Algunas personas con adicción al sexo presentan antecedentes de abuso sexual infantil y de infancias complicadas. No obstante, en otras personas es el fracaso de una relación afectiva en la vida adulta lo que actúa como desencadenante. Entre las personas de riesgo se encuentran aquellas con autoestima baja, que muestran insatisfacción con su autoimagen, que presentan disfunciones o alteraciones sexuales o que tienen antecedentes de relaciones de pareja insatisfactorias (Echeburúa, 2012).

Es de destacar que el conocimiento de la adicción al sexo en mujeres es todavía particularmente limitado (Kafka, 2010; Reid & Kafka, 2014), lo que nuevamente termina por generar mayor discriminación, estigma y desigualdad en la atención sanitaria hacia las mujeres afectadas, perpetuando estereotipos que no deberían tener cabida.

Satiriasis y ninfomanía

Desde el siglo XIX, prominentes sexólogos como Richard von Krafft-Ebing (1840–1902), Havelock Ellis (1859–1939) y Magnus Hirshfeld (1868–1935) han descrito múltiples comportamientos sexuales persistentes y no normativos, así como innumerables ejemplos de hombres y mujeres cuyo apetito sexual era excesivo e inadaptado (sin llegar a ser una parafilia como lo son la pedofilia, el exhibicionismo, las prácticas sadomasoquistas, entre otros) (Kafka, 2010).

Los ejemplos clínicos descritos por estos investigadores fueron los precursores del “Don Juanismo” (Stoller, 1975) o “satiriasis” (Allen, 1969) en hombres y de “ninfomanía” (Ellis & Sagarin, 1965) en mujeres. Lo anterior terminó impactando en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, que incluye una categoría de “impulso sexual excesivo”, subdividida nuevamente en ninfomanía (para mujeres) y satiriasis (para hombres), sin otra descripción asociada (Wolrd Health Organization, 2007).

En 2010, Kafka propuso los criterios diagnósticos de una nueva entidad clínica (el trastorno de hipersexualidad), con algunas características definitorias propias de las conductas adictivas, lo que ha replanteado la posible existencia de una adicción al sexo.

Si bien su propuesta no fue finalmente incorporada en el DSM-5, como se mencionó previamente, la misma ha servido de base de diversas investigaciones y es utilizada por psiquiatras y sexólogos en su trato diario con los pacientes (Tabla 1).

Tabla 1. Criterios diagnósticos para el Trastorno de Hipersexualidad (Kafka, 2010)
 

A. Durante al menos seis meses, fantasías sexuales recurrentes e intensas y deseo sexual apremiante, así como conductas sexuales asociadas a cuatro o más de los siguientes cinco criterios:

  1. Cantidad de tiempo excesiva invertida en fantasías y deseos sexuales, así como en la planificación y realización de conductas sexuales.
  2. Fantasías, deseos y conductas sexuales repetidas en respuesta a estados de ánimo disfóricos (p. ej., ansiedad, depresión, aburrimiento, irritabilidad).
  3. Fantasías, deseos y conductas sexuales repetidas en respuesta a situaciones vitales estresantes.
  4. Intentos persistentes pero infructuosos para controlar o reducir significativamente las fantasías, deseos y conductas sexuales.
  5. Implicación repetida en conductas sexuales ignorando el riesgo físico, psíquico o emocional que pueda suponer para sí mismo o para otras personas.

B. La frecuencia o intensidad de las fantasías, deseos y conductas sexuales provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad de la persona.

C. Las fantasías, deseos y conductas sexuales no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a episodios maníacos.

D. El sujeto es mayor de 18 años.

Especifíquese si el problema planteado es: masturbación, pornografía, conducta sexual con adultos que consienten, cibersexo, sexo telefónico, clubs de “striptease”, otros problemas.

 

¿Es frecuente la adicción al sexo?

La adicción al sexo es más frecuente en hombres que en mujeres. Su prevalencia global es alta y se estima que solo en Estados Unidos existen 17 a 37 millones de personas afectadas. Este número es mayor que el total combinado de estadounidenses adictos a los juegos de azar (ludopatía) o que tienen trastornos de la conducta alimentaria (Barrilleaux, 2016).

Algunos investigadores estiman que entre el 3% y 6% de la población general de Norteamérica sufre de alguna forma de adicción al sexo (masturbación compulsiva, múltiples affaires extramaritales, excesivo uso de pornografía) (Weinstein, 2014).

Internet no ha hecho más que complicar la situación. No se trata sólo de las webs de pornografía, sino de la práctica desinhibida del sexo con personas desconocidas, facilitada por contactos que se establecen a través de las redes sociales y sitios de citas (Echeburúa, 2012). Lo anterior se traduce en que hasta un 8% de los estadounidenses podrían estar experimentando adicción a Internet, incluidas adicciones sexuales “en línea” (Ahmad et al., 2015).

Búsqueda incesante del placer: del orgasmo a la insatisfacción

En las personas con adicción al sexo, éste se convierte en un remedio para reducir el malestar emocional, mientras que la actividad sexual se transforma en algo morboso y obsesivo. De este modo, se utiliza el sexo como una estrategia de afrontamiento del malestar psicológico (Reid, Harper, & Anderson, 2009).

La adicción al sexo puede manifestarse de múltiples formas: desde la masturbación compulsiva, las relaciones promiscuas breves con múltiples parejas heterosexuales u homosexuales, los encuentros sexuales con personas desconocidas o la frecuentación habitual de prostíbulos, hasta el uso de pornografía (vídeos, revistas, ciberporno) o de líneas telefónicas eróticas, en donde se intentan satisfacer fantasías sexuales de toda índole.

La persona afectada pierde varias horas todos los días en la búsqueda del objetivo sexual. El orgasmo genera insatisfacción y éste, a su vez, la búsqueda compulsiva del placer (Echeburúa, 2012).

Finalmente, la persona adicta se enfrenta a consecuencias negativas en su vida diaria: pérdida de la pareja, riesgo de enfermedades de transmisión sexual, problemas legales, y trastornos mentales comórbidos (como la depresión y el intento de suicidio).

Todo esto se ve asociado a una alteración del cuidado general de la salud de la persona y a un detrimento en su funcionamiento social, académico, familiar o laboral (Miles, Cooper, Nugent, & Ellis, 2016).

Tratamiento y perspectivas

Actualmente, las estrategias de tratamiento de personas con adicción al sexo incluyen farmacoterapia, psicoterapia cognitivo-conductual, enfoques de 12 pasos y terapia basada en la solución de problemas (Wilson, 2010). Lo más importante para el terapeuta es lograr establecer una buena alianza terapéutica con el paciente, desarrollar una escucha activa, no “sermonear” ni “profetizar” y evitar caer en discusiones sobre la “moralidad”.

Finalmente, la frase “más investigación es necesaria” es claramente aplicable a la adicción al sexo. No obstante, mientras los científicos e investigadores de todo el mundo se ponen de acuerdo en los aspectos teóricos de la adicción al sexo, Marcelo y los otros pacientes afectados no pueden esperar.

Los terapeutas, al fin y al cabo, deben enfocarse en lograr que el paciente establezca un equilibrio entre sus conductas sexuales y su contexto, individual (íntimo) y colectivo, a fin de que pueda restablecer una sexualidad plena, sin prejuicios de índole alguna, no discriminativa y sobre todo, responsable, sana para sí mismo y para los demás.

Referencias

  • Ahmad, Z. S., Thoburn, J., Perry, K. L., McBrearty, M., Olson, S., & Gunn, G. (2015). Prevalence Rates of Online Sexual Addiction Among Christian Clergy. Sexual Addiction and Compulsivity, 22(4), 344–356. https://doi.org/10.1080/10720162.2015.1082079
  • Allen, C. (1969). A textbook of psychosexual disorders. London: Oxford University Press.
  • Barrilleaux, J. C. (2016). Sexual Addiction: Definitions and Interventions. Journal of Social Work Practice in the Addictions, 16(4), 421–438. https://doi.org/10.1080/1533256X.2016.1235425
  • Echeburúa, E. (1999). ¿Adicciones… sin drogas? Las nuevas adicciones (juego, sexo, comida, compras, trabajo, Internet). Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Echeburúa, E. (2012). ¿Existe Realmente La Adicción Al Sexo? Adicciones, 24(4), 281–285. https://doi.org/10.20882/adicciones.77
  • Ellis, A., & Sagarin, E. (1965). Nymphomania: A Study of oversexed women. London: Ortolan.
  • Kafka, M. P. (2010). Hypersexual disorder: A proposed diagnosis for DSM-V. Archives of Sexual Behavior, 39(2), 377–400. https://doi.org/10.1007/s10508-009-9574-7
  • Miles, L. A., Cooper, R. L., Nugent, W. R., & Ellis, R. A. (2016). Sexual addiction: A literature review of treatment interventions. Journal of Human Behavior in the Social Environment, 26(1), 89–99. https://doi.org/10.1080/10911359.2015.1062672
  • Reid, R. C., Harper, J. M., & Anderson, E. H. (2009). Coping strategies used by hypersexual patients to defend against the painful effects of shame. Clinical Psychology and Psychotherapy, 16(2), 125–138. https://doi.org/10.1002/cpp.609
  • Reid, R. C., & Kafka, M. P. (2014). Controversies About Hypersexual Disorder and the DSM-5. Current Sexual Health Reports, 6(4), 259–264. https://doi.org/10.1007/s11930-014-0031-9
  • Stoller, R. (1975). Perversion: The erotic form of hatred. New York: Pantheon Books.
  • Weinstein, A. (2014). Sexual addiction or hypersexual disorder: Clinical implications for assessment and treatment. Directions in Psychiatry. Retrieved from http://ovidsp.ovid.com/ovidweb.cgi?T=JS&PAGE=reference&D=psyc11&NEWS=N&AN=2015-00171-003
  • Wilson, M. (2010). A comparative study of art therapy and cognitive behavioral therapy in the treatment of sexually addictive behaviors and an investigation into the relationship between shame and sexually addicted behaviors in adults. Dissertation Abstracts International: Science & Engineering, 71, 2706.
  • Wolrd Health Organization. (2007). International classification of diseases. Geneva: World Health Organization.

 

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Columnista de Ciencia del Sur. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Psiquiatría Clínica, y magíster en Docencia Médica Superior (Universidad Nacional de Asunción, Paraguay), diplomado en Psicodermatología (Academia Argentina de Dermatología y Psiquiatría y Universidad Maimónides, Argentina) y magíster en Psicofarmacología (Universidad de Valencia, España). Se desempeña como profesor de Psiquiatría, Psicología Médica, Socioantropología y Metodología de la Investigación, y como jefe del Departamento de Normas de la Dirección de Investigaciones en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción. Es fellow de la American Psychiatric Association y miembro honorario de la World Psychiatric Association. Sus líneas de investigación son epidemiología y psicopatología de los trastornos mentales; psicodermatología; salud y bienestar psicológico en estudiantes universitarios; y salud y derechos humanos. Ha publicado 16 libros y decenas de artículos científicos.

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