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Existe actualmente en Paraguay una confusión de términos relacionados al cuidado del medio ambiente, por lo que es necesario hacer unas puntualizaciones. ¿Qué es exactamente la deforestación? Responder esto no es sencillo. La definición biológica puede ser diferente de la ecológica, y si hablamos desde el punto de vista legal y económico, el escenario se complica aún más.

Desde el punto de vista ecológico y biológico, deforestar  —despojar un área de sus árboles y plantas— es un proceso de desaparición de las masas forestales que suele producirse por el accionar humano mediante la tala y la quema.

En forma sencilla, es eliminar el bosque para que se coloque o venga otra cosa. Y cuando sacamos el bosque no solo sacamos los árboles y plantas, también eliminamos toda la biodiversidad, la flora en general e imaginemos toda la fauna asociada. Además, el bosque produce servicios como oxígeno (el aire que respiramos), ayuda a captar el agua, reduce la erosión, enriquece el suelo, y produce muchos productos que utilizamos, como miel y hierbas aromáticas, elementos que ayudan en la polinización.

En un país como Paraguay, con temperaturas extremas de calor, siempre buscamos el bosque o los árboles, así que todos sabemos que un bosque también influye en el clima y crea un lugar donde podemos buscar abrigo.

Después de muchos años, recién ahora el Gobierno nacional comienza a hablar de deforestación. Antes, ese concepto no existía, ya que desde el punto de vista legal no existía. Se hablaba de “habilitación de tierras”, que en la práctica era una visión más positiva de la actividad de sacar el bosque para poner “otra cosa”. Deforestación tiene una connotación negativa, máxime con todos los acuerdos internacionales de los cuales Paraguay es signatario.

Hoy en día comienza a reconocerse la existencia de un proceso de “desmonte” y de “tala” en el marco legal.

Deforestación en Paraguay. (Guyra Paraguay)

Tala y deforestación

Debemos tener especial cuidado con los conceptos. La tala es el corte de árboles en el pie o base del tronco. Este concepto se utiliza más para aprovechamiento forestal, lo que significa dar un uso a la madera y leña así obtenidas.

La tala puede realizarse sobre árboles aislados (seleccionados con algún criterio), en cuyo caso se denomina “tala selectiva”, o bien sobre todos los ejemplares arbóreos existentes en un bosque, lo cual se llama “tala rasa”. La tala de árboles puede responder a un manejo sustentable, que asegura la permanencia del recurso.

Sin embargo, desmontar es eliminar el bosque o monte (ambos términos se utilizan en forma similar) para dar otro uso al suelo, en general agrícola o ganadero. De acuerdo con datos del Instituto Forestal Nacional, la cubierta forestal a 1990 ascendía a 22.248.848 has y al 2015 se habían perdido más de 2,9 millones de hectáreas, un 15% de los bosques remanentes en el país (14% en la región occidental o Chaco y 21% en la región oriental).

Y como hablamos de ciencia, la información publicada en revistas científicas es lo que la comunidad acepta como válido hasta tanto alguien lo refute. Y hemos publicado esta información ya hace muchos años como los aportes de Cartes & Yanosky (2003), Yanosky & Cabrera (2003), Huang et al., (2007) y Huang et al., (2009) y más recientemente Yanosky (2012, 2013a, b).

Desde la entrada en vigor de la famosa Ley de Deforestación Cero en la Región Oriental en 2004, se están incrementando las tasas en la Región Occidental (el Chaco), mientras la tasa de deforestación en la región oriental no muestra un decrecimiento evidente.

Según datos de WWF y Guyra Paraguay, las cifras de 2005 fueron de 20 mil hectáreas desmontadas, con una reducción en 2006 a más de 6 mil hectáreas, para retomar los mismos niveles en 2007 hasta 2005 con cifras que promedian más de 20 mil hectáreas al año.

Esto significa que en la región oriental estamos desmontando un 2% anual con escasos remanentes boscosos y una ley extremadamente prohibitiva, cuando en el Chaco estamos desmontando a una tasa de menor, que oscila entre el 1 y 1,5% sin un marco legal prohibitivo, solo la reserva legal y la protección de cauces hídricos.

Todos los escenarios que se han estudiado hablan de un país sin bosques más allá de los que voluntariamente dejen los propietarios privados o lo que queda en las unidades de conservación.

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Deforestación en Paraguay. (Guyra Paraguay)

La legislación paraguaya protege a los bosques

Tenemos un rico cuerpo legal ambiental y con protección de los bosques, sin embargo, la aplicación de la ley y la fiscalización tienen fallas. Por un lado, el Ministerio Público inicia procesos que nunca terminan, y por otro, la Contraloría General de la República supervisa y recomienda, pero no hay atención al trabajo conjunto.

Lo que vemos es una descoordinación, con una visión de maximizar el uso de los recursos naturales para beneficio actual en detrimento de los beneficios futuros. Parece que no entendemos ni valoramos la función del bosque más allá de la fauna y flora que alberga, de los servicios como oxígeno, control de la erosión, amortiguamiento del clima, almacenamiento de agua, y otros, muchos otros que todavía no entendemos muy bien.

Si el marco legal fuese bien aplicado y no hubiese controversias y malas interpretaciones, entonces podríamos asegurar un país rico en bosques y siendo los mismos parte clave de los procesos de desarrollo.

Por ejemplo, el reciente Decreto 7702/17, que ya viene en varias ediciones, demuestra la inoperancia del tema y lo complicado del mismo. Este decreto presidencial expresa la condena de remanentes boscosos del 25% obligatorios y establecidos por ley, compensando la pérdida con la adquisición de los certificados de servicios ambientales.

Entendemos que este proceso va contra el espíritu de las leyes que buscan generar beneficios a los propietarios que cumplen con la normativa y quieren mantener los importantes bosques en mayor superficie de lo establecido por el Estado. Este decreto está causando muchos problemas, inclusive entre quienes nos creemos con el mismo espíritu y bases técnicas y científicas.

El mismo contribuye con el aumento de la fragmentación, la pérdida de hábitat y la reducción de los servicios ecosistémicos que proveen, afectando a la biodiversidad y arriesgando el patrimonio sociocultural del país.

El país requiere de una política clara, y como comentaba el Sr. Alfred Fast de la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod), el bosque nativo no se planta. Un bosque nativo se cuida, se utiliza sosteniblemente, pero no se lo puede plantar.

Urge una definición de bosques nativos. Discutimos en Guyra Paraguay, y muchos de nosotros creemos y estamos convencidos de que un bosque nativo es un ecosistema natural estratificado compuesto predominantemente por una o más especies arbóreas y arbustivas nativas de edad variada (disetáneo).

Todo esto, con árboles de altura heterogénea (en promedio 3 metros para la Región Occidental y 5 metros para la Región Oriental), y/o con cobertura de copa superior al 10% en la Región Occidental y 30% en la Región Oriental. Pudiendo ser un ecosistema restaurado o en proceso, por medio de reforestación con especies nativas y/o sucesión natural. Además, mantiene una biodiversidad autóctona, conformada por otros elementos bióticos o abióticos, que brindan un conjunto de servicios ecosistémicos característicos, y son capaces de mantener el equilibrio funcional del ecosistema.

Es importante diferenciar entre bosque nativo, que tienen ventajas ambientales mayores, que las plantaciones con especies no nativas.

La extinción es una realidad

Algo que nos planteamos es si la deforestación implica un peligro para ciertas especies de plantas, árboles o animales. En términos de peligros de extinción, obviamente sí. De las 9 millones de hectáreas que teníamos en la Región Oriental hoy solo nos queda algo así como 1 millón; el 90% de ese bosque continuo, alto, húmedo, y rico en biodiversidad se fue. Desapareció.

Imaginemos que nos mutilen el 90% del cuerpo, imaginen que nos quedemos con solo el 10% de nuestros riñones, pulmones o corazón. La vida tiene muchas similitudes entre diferentes niveles, sea de la riqueza y heterogeneidad genética, de las especies o de los ecosistemas. El pájaro campana, ave nacional del Paraguay, habita un tipo muy particular de hábitat de este bosque. Si ese bosque no está más, también se se nos va el pájaro campana.

Si el tipo de cactus que come y el hábitat que necesita el taguá desaparece, entonces difícilmente podamos tener poblaciones de estas especies. Ese acervo natural del Paraguay desaparecerá, y una vez que la especie se extingue, la extinción es para siempre.

Cuando desmontamos una hectárea de bosque no solo estamos removiendo árboles, estamos matando toda la vida que tiene, todos los animales y todas las plantas, todos los hongos, y también la funcionalidad de ese bosque: ya no producirá el oxígeno que emitía, ni captará carbono ni agua, ni ayudará a almacenarla, no evitará la erosión de la lluvia, ya no producirá miel o los yuyos de los cuales nos servimos.

La stevia o ka’a he’ẽ (Stevia rebaudiana bertoni), una planta que nos identifica y cuyas hojas fueran usadas desde épocas inmemoriales como planta medicinal y edulcorante por los guaraníes del nordeste paraguayo, la describió a la ciencia el naturalista Bertoni cuando tuvo acceso a ella a finales de 1880.

Hoy la planta se encuentra cultivada y muchos países se benefician de ella; sin embargo, en Paraguay la especie ya no se encuentra en vida silvestre. Decimos que está la stevia extinta en la naturaleza, claro indicio de que no hemos sabido cuidar a esta planta. Como este caso tenemos especies que ya posiblemente hayan desaparecido, como el pato serrucho, el guacamayo azul y otras especies.

Seguramente hay muchas que están al borde de la extinción o están ya extintas o extirpadas del territorio nacional, pero lo que más me preocupa es todo lo que estamos perdiendo con cada hectárea de bosque que se va, y que no sabemos qué estamos perdiendo.

(Guyra Paraguay)

El sistema productivo y el medio ambiente

Siempre digo que producción y conservación deberían ser dos caras de la misma moneda, para producir necesitamos los recursos naturales y viceversa. Sin embargo, la necesidad de maximizar la producción de la tierra nos lleva a arrinconar a la naturaleza en pequeños parches que no siempre sabemos si mantienen o no la funcionalidad de la naturaleza.

Sea soja, trigo, cualquier producto agrícola o la ganadería, estamos sumando “estrés” a los recursos naturales o bien reemplazando un sistema productivo por otro. Creo firmemente en un balance entre naturaleza y producción, deberíamos poder conservar las bases naturales de nuestro territorio y entender la aptitud de un suelo. Si siempre tuvimos bosques, ¿por qué deberíamos reemplazarlo por una pastura?

Como ecólogo me resulta más lógico pensar en un sistema productivo que es más acorde con lo que ha evolucionado en ese suelo. ¿Por qué poner árboles donde evolucionaron pastizales o poner pastizales donde hay árboles? Los sistemas de producción tienen diferentes grados de impacto, y difícilmente en un campo de soja, como en un campo de trigo, podamos mantener fauna y flora nativa.

Sin embargo, dichos sistemas productivos podrían tener “áreas de compensación” que permitan mantener parte del ecosistema natural que dio origen a ese cultivo. Empero, en un modelo de tenencia de tierras altamente privado, el disponer de áreas que no producen desde el punto de vista tradicional (carne, cultivos), el propietario acarrea costos de oportunidad y cese de lucro, que de alguna manera debería ser compensado.

¿Podemos hacer algo?

Hoy en día cada vez más nos damos cuenta de cuán importante es la naturaleza: para el ocio y la recreación, para disfrutar de actividades al aire libre, o porque tenemos que hacer que nuestras ciudades sean más resilientes y adaptadas a los cambios que se vienen sucediendo (como los cambios climáticos).

El ciudadano debe conocer el ambiente natural original y valorar lo que podemos conservar de él. Cualquier ciudadano puede elegir más zonas verdes y adoptar sistemas en sus casas que sean más amigables con el ambiente y la naturaleza.

Es importante educarnos y saber qué es lo legal y qué es lo ilegal, y cómo disfrutar de la naturaleza sin tener que extraer animales de la vida silvestre y enclaustrarlos en nuestras casas. Cada ciudadano puede aportar a la conservación de la naturaleza, sumarse a una organización como Guyra Paraguay y otras, y saber que está contribuyendo con la fauna y la flora.

Referencias

  1. Cartes, J.L. & Yanosky, A.A. 2003. Dynamics of biodiversity loss in the Paraguayan Atlantic Forest: an introduction. En: 267-268 pp. “The Atlantic Forest of South America: biodiversity status, threats, and outlook (Chapter, 23; Ed. By Carlos Galindo-Leal, Visen de Guzmao Camara). Conservation International, Island Press, Washington.
  2. Yanosky, A. A. & E. Cabrera. 2003. Conservation Capacity in the Interior Atlantic Forest of Paraguay.  En: 328-354 pp. “The Atlantic Forest of South America: biodiversity status, threats, and outlook (Chapter, 28; ed. By Carlos Galindo-Leal, Visen de Guzmao Camara). Conservation International, Island Press, Washington.
  3. Huang, C.; S. Kim; A. Altstatt; J.R.G. Townshend; P. Davis; K. Song; C.J. Tucker; O. Rodas; A.A. Yanosky; R. Clay & J. Musinsky. 2007. Rapid Loss of Paraguay’s Atlantic Forest and status of protected areas – A Landsat assessment. Remote sensing of Environment 106 (2007): 460-466.
  4. Huang, C.; S. Kim, K. Song, J. R. G. Townshend, P. Davis, A. Altstatt, O. Rodas, A. Yanosky, R. Clay, C. J. Tucker & J. Musinsky. 2009. Assessment of Paraguay’s forest cover change using Landsat observations. Global and Planetary Change 67 (2009): 1-12.
  5. Yanosky, A.A. 2012. The Challenge of Conserving a Natural Chaco Habitat in the Face of Severe Deforestation Pressure and Human Development Needs. En: Pp. 376-383. The Paraguay Reader: History, Culture, Politics. Eds. P. Lambert & A. Nickson. Duke University Press.
  6. Yanosky, A.A. 2013 Paraguay’s challenge of conserving natural habitats and biodiversity with global markets demanding for products. En Cap. 14, Pp. 113-119. Conservation Biology: Voices from the Tropics, First Edition. Navjot S. Sodhi, Luke Gibson, and Peter H. Raven.  2013 John Wiley & Sons, Ltd. Published 2013 by John Wiley & Sons, Ltd.
  7. Yanosky, A. A. 2013. The Challenge of Conserving a Natural Chaco habitat.  Paraquaria Natural 1(1): 32-34.

 

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