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Por Javier Velásquez*

Las protestas que se habían desatado en Colombia porque las humanidades no parecían tener mayor consideración, a diferencia de las ciencias naturales, para las exigencias investigativas, hacían recordar clases de la facultad de Educación.

En una materia de epistemología de la ciencia, hablando de las humanidades, se nos había ilustrado que somos contrarios al positivismo científico por ser causa de las bombas atómicas lanzadas en Japón, inspirar el materialismo de las matanzas de Stalin, el neoliberalismo y la contaminación del planeta entero.

Tales atroces actos hacían que no mereciera la pena cuantificar y explicar la complejidad estética con los fríos instrumentos de la hermética ciencia.

Foucault, Nietzsche, Husserl, Habermas y otros gurúes son siempre evocados como autoridades sobre las necesarias maniobras evasivas que se deben hacer contra lo científico, porque el sujeto no se equipara nunca al objeto que estudian las deshumanizantes ciencias naturales, como si se tratase de una dicotomía belicosa irreconciliable.

Se llega a pensar que las ciencias sociales parecen estar, desde hace tiempo, en una crisis epistemológica por las oleadas pseudo y anticientífica, reflejadas en discursos politizados de académicos apologistas del posmodernismo, irracionalismo y ludismo, elementos que se encuentran en los rasgos presentes de una anomalía sociocultural en auge actualmente, incluso a nivel estatal, como es el ascenso de gobernantes heraldos de la posverdad y los hechos alternativos.

Aunque en calidad de protociencia o semiciencia, las disciplinas de las ciencias sociales sí tienen una orientación hacia la cientifización si una revisión epistemológica, metodológica y ontológica brinda la oportunidad para su desarrollo.

A diferencia de las sociales, a pesar de que C. P. Snow se preocupara y Brockman ofreciera una alternativa, las humanidades parecen tener sus bases en un desprecio reglamentario por la ciencia desde el siglo XX, aunque se traten de disciplinas, áreas y campos no científicos, dado que no llegan a tener una orientación obligatoria ni escrupulosa hacia la cientifización.

Las humanidades desarrollan el conocimiento de manera independiente de la ciencia, y es curiosamente en estas áreas donde se ha tenido un cultivo tan provechoso de pseudociencia y anticiencia académica, al punto que esta infección epistemofóbica parece ser causa o consecuencia del padecimiento de las ciencias sociales por su estrecha relación disciplinar e ideológica.

Interdisciplinariedad contra los abusos

Los abusos de las humanidades han llevado a que a buena hora el físico Mario Bunge se preguntara si la lingüística orbita, junto a la crítica literaria, en el campo de las humanidades o si tiene una orientación científica social como la antropología. Este mismo filósofo argentino-canadiense comentó que muchos lingüistas de tendencia chosmkyana se pasaron de las facultades de antropología a las de humanidades, dados los crecientes cuestionamientos políticos de esa época contra la ciencia.

Y es que por el influjo de la crítica literaria y la semiótica, sobrecargada con los excesos textualistas de la hermenéutica, tanto la lingüística como las ciencias sociales se ven sometidas a ser una rama de las humanidades, por tanto, un campo “no científico”, meramente interpretativo de la realidad, y hasta con la arrogancia de interpretar a la misma ciencia, como haría Bruno Latour con la teoría de Einstein, creyendo que todo se trata de un texto que se debe comprender.

Pero hubiera sido mejor si Bunge prestara atención a los problemas de la academia lingüística sin dejar a un lado el caso de otras, como la pedagogía, disciplina práctica y humanística que sigue alimentando el desprecio por la ciencia a pesar de ser la encargada de la formación sociocultural.

La pedagogía fue una disciplina invadida en sus inicios por el psicoanálisis, marxismo y fanatismo religioso, y actualmente por la neurocharlatanería, el coaching, textualismo y el marketing educativo, sin olvidar que refuerza sus bases irracionalistas con el dañino constructivismo.

Esta tecnología de la rama psicológica, contraria a una psicología basada en la ciencia, se usa en las facultades de Educación como otro sustento para los ataques a la ciencia desde las trincheras de las humanidades en lugar de ser una disciplina de rasgos prácticos cuyo quehacer siguiera el método científico.

Con todo lo anterior queda una visión a futuro pesimista tanto de las humanidades como de las ciencias sociales, siendo una el peso muerto que somete y hunde la otra, mientras se distancia de las ciencias naturales. Sin embargo, a la interacción se le puede sacar ventaja para convertirlas en un soporte para la generación de conocimiento, evitando el abuso de unas por un beneficio general.

Para el antropólogo Jesús Mosterín (2014) la filosofía debe ser el enlace entre ciencia y humanidades, siendo la búsqueda de lo que somos como humanos el objetivo de las últimas. No dedicarse a negar tal indagación a la ciencia, acusándola por deshumanizar, y reservarse este quehacer con un falso regocijo de ser “más humana”.

Por otra parte, el mismo Bunge, aunque no pareciera fiarse de las humanidades, valora éstas como un campo de investigación y resalta que no son necesariamente una oposición de la ciencia, junto con el arte y la tecnología.

Es por esto que las humanidades no deberían ser despreciadas, pero tampoco ser bastión o fuente de la anticiencia que llega a forzar a las ciencias sociales. Por el contrario, unas disciplinas pueden ofrecer a las otras aportes para su desarrollo. El caso ejemplar es la interdisciplinariedad de la lingüística, dado que  —respondiendo a la pregunta de Bunge sobre si se trata de una disciplina de humanidades o ciencia social— el estudio de nuestro sistema semiótico puede apoyarse en los estudios literarios de las humanidades sin dejar de ser una ciencia social.

Debería saberse que el estudio y análisis de las obras literarias pueden ser insumo para la necesaria investigación empírica de la lingüística contra los excesos racionalistas chomskianos, ya sea para estudiar las variaciones sociolingüísticas (tanto desde un enfoque diacrónico como sincrónico), alteraciones o anomalías psicolingüísticas, teorizaciones o postulados de lingüística pura o intentos de reglamentación de la gramática, además de otras utilidades.

Noam Chomsky (der) junto al filósofo latinoamericanista Enrique Dussel. (Wikicommons)

Esto puede aplicar también para otras ciencias sociales como la antropología, sociología y otras que a su vez son el sustento de las humanidades. No hay que ir tan lejos para entender que existen manifestaciones de organización social, historia y cultura en los clásicos griegos, para valorar la riqueza semántica y semiótica de obras como las de James Joyce o Lewis Carroll, cargadas de neologismos, para entender las ideas sobre el comportamiento y salud humana en obras como las de Robert Burton, llenas de referencias para explicar la melancolía.

Tampoco para valorar la divulgación o reflexión sobre la ciencia en las ideas de Isaac Asimov o H. P. Lovecraft (este último consideraba los avances científicos como aporte para la literatura fantástica), además de la inspiración que han generado las ideas sacadas de la ciencia ficción en las invenciones y avances científicos.

Entendiendo que las humanidades son un apoyo más que una excusa académica para declarar la guerra a la otra cultura. También debe estar sobreentendido que la ciencia por su parte puede ofrecer mucho a las humanidades, ya siendo una actividad humana indispensable para nuestra supervivencia, dando bases psicológicas, biológicas y sociológicas a una lingüística, pedagogía y crítica literaria para entender la humanidad con un infaltable sustento verosímil al desarrollo de todas las disciplinas.

Finalmente, la misma filosofía, matriz de la ciencia y cultivo primigenio de la búsqueda del conocimiento, también cumple este papel, sean los ejercicios epistemológicos y metodológicos para evaluar el desarrollo de las disciplinas. O bien desde la filosofía científica, que puede ayudar a dar con grandes respuestas y hacer adecuadas preguntas al ser humano, y es evidencia de esa red interdisciplinaria innegable, inevitable e indispensable entre los campos de conocimiento.

Más que refutar el cisma de las dos culturas, la filosofía de la ciencia fomenta la cultura en sí basada en la búsqueda del conocimiento como un bien para toda la academia y para la humanidad misma.

Toda búsqueda de conocimiento, incluyendo el científico, es de carácter humanístico.

Referencias:

  • Bunge (2001). Diccionario de Filosofía. Siglo XXI editores.
  • Bunge (1983). Lingüística y Filosofía. Ariel quincenal.
  • Bunge (1999). Buscar la Filosofía en las Ciencias Sociales. Siglo XXI editores.
  • Bunge (2007). A la caza de la realidad. Gedisa.
  • Bunge (1980). Epistemología: Curso de actualización. Siglo XXI editores.
  • Mosterín (2014). Ciencia, Filosofía y Racionalidad. Gedisa.
  • Bunge (1985). Pseudociencia e Ideología. Alianza Editorial.

Javier Velásquez es licenciado en Educación Básica con énfasis en Humanidades: Lengua
Castellana e Inglés de la Universidad de Cundinamarca, Colombia. Autor del blog
literario Radiotelescopio abandonado.

 

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12 Comentarios

  1. La diferencia entre las ciencias duras y las humanidades radica en el método y todo lo que ello implica: relación con el objeto de estudio; recolección, clasificación y mediciones de la información; resultados.
    En el sentido práctico de las cosas, los resultados de las investigaciones de ciencias humanas no generan patentes que se puedan comercializar.
    Considero que esa es la causa de la separación y la consecuencia de ello, es el desprecio hacía las cosas que no tienen un mercado tradicional.

  2. El hecho de que desde la filosofía o las ciencias sociales se analicen criticamente ciertis aspectos de las practicas cientificas no significa que sean “anticiencia”. Es una simplificación demasiado burda. Las ciencias son practicas humanas y como tales no excentas de aspectos problematicos etica y politicamente. Da la impresión de que el autor pretende defender un caracter inmaculado para las ciencias, algo que debe estar fuera del alcance de la reflexion crítica. La bibliografía del articulo de basa practicamente en un solo autor, muy bueno por cierto pero insuficiente. Debería dar cuenta de otras perspectivas igualmente respetables desde el punto de vista teórico. Bunge no es depositario único del saber o si?

    • Analizar “críticamente” espero usted, erudito en el asunto delimite y defina precisamente lo que es analizar críticamente, ahora si eso no es lo mismo anticiencia bien, pero si es anticiencia, como despotricar, despreciar y renegar de la cientificidad o sesgos ideológicos como culpar a los físicos de la bomba atómica o decir que es culpa del “materialismo” de la ciencia los horrores causados por Stalin, todo esto es una idiotez no un “análisis crítico”.
      Las cuestiones axiológicas pueden ser tratada en la misma filosofía de la ciencia y la filosofía científica, no veo cuál es la queja por mi opinión.
      Su impresión es superflua y predecible, pues hay un volumen del texto delimitado por el sitio web al que me acogí y elegí la bibliografía más precisa y adecuada, no toda, para soportar lo que digo, si no le parece remítase a las lecturas y refute una por una lo que dice, de resto me parece un sin sentido.

      En ciencia y la academia no hay “perspectivas igual de respetables” el conocimiento, investigación y, hasta el arte y la literatura, no es “democráticamente respetable”, lo que es verdad es lo que funciona, lo que se demuestra, reproduce y cultiva es lo que se investiga, incluso, lo que cambia el mundo, altera la crítica literaria, rompe esquemas artísticos, crean nuevos símbolos o ideas, es lo que se queda, no hay un “todo es igual de respetable”, ni en las ideologías, donde el chovinismo xenofóbico no me parece igual de respetable al cosmopolitismo…

      Bunge es un pensador destacable, mejor que otros charlatanes.

  3. A propósito, qué ciencia estudió usted? Por su curriculum no veo que haya estudiado nada parecido al calculo ibfinitesimal, la geometria analitica o la física…elementos básicos para tener alguna idea de lo que son las practicas cientificas….! Hablando de charlatanes, usted es lo mas parecido a eso.

    • Su falacia ad hominem demuestra el nivel de ignorancia que padece, no encontró otra manera de refutar lo que dije sino tonterías de “todos son igual de respetables” y “usted no estudió lo que me parece que debe”. Mejor no haga el ridículo señor, no insulte a la humanidad con su ignorancia.

    • Bunge citado en Santos (2013): “el constructivismo pedagógico es falso y perjudicial, en el sentido de negar la exis-tencia de la verdad objetiva” (ya que plantea que el conocimiento es una construcciónpropia que el estudiante hace de la realidad), “elimina la crítica y el debate” (puesto que asume una posición relativista y convencionalista acerca del conocimiento) y “considera prescindible la presencia de la mediación docente”(porque concibe que el estudiante es un investigador de punta que construye su propio conocimiento).

      Aquí: revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/educa/article/download/8210/7160

  4. No tiene competencia para escribir sobre humanidades ni ciencia Javier. Descalifica a las humanidades como un todo sin delimitar a que areas, o autores se refiere. Le falta rigor y le sobra agresividad.

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