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Continúa en Paraguay la arremetida contra el molino de viento denominado “ideología de género“.

El clímax ocurrió el jueves 5 de octubre durante una audiencia pública en el propio Congreso, donde la diputada Olga Ferreira lideró una inquisición de asociaciones de padres, grupos conservadores y religiosos al Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) por presuntos materiales de la malla curricular.

En las exposiciones de los distintos oradores brilló por su ausencia la evidencia científica, y el espacio otorgado a organizaciones en defensa de una educación sexual integral fue ínfima.

El circo terminó con el bochornoso acto del ministro de Educación, quien sugirió quemar libros y hasta prometió realizar una purga ideológica de contenidos sobre sexualidad.

Para aclarar malentendidos y entender cómo puede impactar dicha medida en los estudiantes hablamos con María Gloria Montórfano, quien es doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Especialista en Medicina Familiar, Hospital de Clínicas, UNA. Realizó cursos de especialización en género, derechos humanos, derechos sexuales y derechos reproductivos.

Cuenta con experiencia en incidencia en políticas públicas, investigación y gerencia en el sector público, cooperación internacional y organizaciones de la sociedad civil.

Diversos grupos denuncian que la educación sexual en los colegios públicos de Paraguay está “ideologizada”. ¿Qué se les enseña realmente a los chicos? ¿Está el currículo actualizado a los estándares internacionales en la materia?

Para empezar hay que aclarar que la “ideología de género” no existe como tal, más que en materiales que producen los mismos grupos que la denuncian.

Lo que existe es la perspectiva o enfoque de género, que es una categoría de análisis sociológico y teórico del mundo de varias ramas de las ciencias sociales que se han utilizado desde hace más de 50 años. Todo esto para estudiar las situaciones estructurales y culturales de desigualdad entre hombres y mujeres.

Dra. María Gloria Montórfano. (Cortesía)

Esta perspectiva fue tenida en cuenta en los instrumentos internacionales de derechos humanos, con mayor fuerza a partir de la Conferencia sobre la Mujer de Beijing (1995), cuya declaración y plataforma de acción, adoptada de forma unánime por 189 países, constituye un programa en favor del empoderamiento de la mujer y la igualdad de género.

En Paraguay, ya en 1997, desde el primer “Plan de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres”, la entonces Secretaría y hoy Ministerio de la Mujer había introducido la perspectiva de género como una necesidad en las políticas públicas para la igualdad.

El objetivo general del plan fue “influir en los mecanismos que generan la discriminación de las mujeres, cambiando la construcción social basada en las desigualdades de género“.

En el ámbito educativo desde hace décadas se reconoce la importancia de la perspectiva de género. El Ministerio de Educación tiene planes y programas que hablan de dicha perspectiva, como por ejemplo el Plan Nacional de Educación 2024 Hacia el centenario de la Escuela Nueva de Ramón Indalecio Cardozo (2009) que dice:

 “Con respecto a género, este plan dispone como visión del Sistema Educativo Nacional: que contribuye a la cohesión social, a la igualdad de género, al respeto y valoración de las etnias, a la participación activa de la familia y la comunidad, a la generación de conocimientos, al desarrollo socialmente responsable del país en el contexto de una política intersectorial, y a la integración activa con las naciones de la región y del mundo”.

Es a éste concepto real de análisis sobre las desigualdades al que los grupos conservadores llamaron más tarde “ideología” y con base en ese concepto tergiversado se construyó toda una plataforma de ataque al enfoque de género en las políticas públicas.

Tan eficaz ha sido dicho ataque que en 2011 lograron la suspensión indefinida del Marco rector pedagógico para la educación integral de la sexualidad, documento de políticas públicas que sentaba las bases para una educación sexual científica, laica, no discriminadora y con perspectivas de género e interculturalidad.

Paraguay ha firmado y ratificado diversas convenciones y tratados relacionados con los derechos humanos: los derechos de la niñez y la adolescencia, los derechos de la mujer, los derechos a la no discriminación, a la educación de la sexualidad, a vivir una vida sin violencia de género. Sin embargo, en sucesivos exámenes de seguimiento no se ha avanzado suficientemente y en varios de ellos Paraguay tiene pendientes recomendaciones e incluso sanciones por el bajo avance de los compromisos asumidos.

A partir del Marco rector se pretendía materializar los compromisos internacionales en la materia e iniciar el proceso de elaboración de contenidos de acuerdo a la edad y al ciclo escolar, organizando el currículo educativo de manera a que los temas dispersos y de enfoque biologicista que se habían identificado se adaptaran al enfoque de derechos, para que los niños, niñas y adolescentes accedieran a la información útil y necesaria sobre sexualidad humana.

Luego de la suspensión del Marco Rector por resolución ministerial, debido a la presión feroz de los grupos fundamentalistas, no tengo información de que oficialmente se haya avanzado en la temática y desconozco cuáles son los libros que mencionan, ya que en la última campaña que instalaron en redes sociales difundían materiales claramente adulterados o sacados de contexto, diciendo que forman parte del currículo del MEC y atribuyéndoles responder a la supuesta “ideología de género”, lo que es falso.

Lógicamente, al no existir tal “ideología” tampoco existen tales textos.

Líderes religiosos y conservadores argumentan que se debe inculcar más bien una relación directa entre el sexo biológico y el género, que dicen es la visión “científica”. Pero, ¿es ésta realmente la conclusión de las diversas disciplinas que estudian el género? 

La sexualidad humana es mucho más compleja de lo que pretenden dichos líderes. De hecho, la sexología (término genérico que abarca el estudio científico de todos los aspectos de la sexualidad) describe a la misma desde una serie de disciplinas que a su vez estudian los diferentes aspectos y abordajes.

Algunos de los conceptos básicos tienen relación al sexo (características biológicas), la orientación sexual (atracción física, sexual y afectiva) o la identidad de género (la manera en que una persona se auto percibe), entre otras.

El género, por su parte, responde a las identidades y funciones constituidas socialmente para la mujer y para el hombre y al significado social y cultural que se atribuye con base en las diferencias biológicas. Es lo que cada sociedad a lo largo de la historia ha construido como “naturalmente” propio para uno u otro sexo, es lo que esa sociedad espera de ser un hombre o ser una mujer, incluidas características de su personalidad.

Es desde la diferencias sexuales biológicas que por siglos se justificó una asignación de roles en la esfera social, por ejemplo, limitando a la mujer al ámbito doméstico, instalando la idea de inferioridad en la escala social. Es en este argumento que los sectores conservadores alegan que la división de roles —el hombre proveedor, conquistador, viril; la mujer ama de casa, sumisa, pasiva— es parte constituyente de la “naturaleza humana”, sosteniendo así una serie de situaciones de restricción, sometimiento, violencia y discriminación injusta hacia las mujeres.

Por su complejidad, la sexualidad no puede reducirse simplemente al sexo biológico sin tener en cuenta todos los demás elementos que la constituyen. Nada más alejado de la ciencia que afirmar que todo está predeterminado y es binario y negar la existencia de la complejidad y diversidad en la naturaleza de la humanidad.

¿Por qué hay una resistencia tan fuerte a aceptar el componente social en la construcción del género?

Hay resistencia porque es mucho más fácil y conveniente para ciertos grupos simplificar la sexualidad y reducirla a lo meramente biológico.

Cuando empezamos a analizar lo artificial e instrumentada que es la construcción social de los roles de género, nos damos cuenta de que ésta responde a un modelo social que se refuerza ex profeso para evitar los cambios de paradigmas más integradores.

Y es justamente por eso que a un concepto sociológico como el género estos grupos le dieron ese prefijo forzado de “ideología”, para fomentar el rechazo de la ciudadanía desinformada, creando zozobra ante la posibilidad de un “adoctrinamiento ideológico” que supuestamente incida en la orientación sexual de sus hijos e hijas.

En ese punto, es científicamente categórico que la orientación sexual y la identidad de género no se pueden instrumentar, imponer o influenciar mediante la educación, premisa falsa sobre la cual se basa la caza de brujas emprendida por los sectores más reaccionarios de las iglesias, que llegan al punto de aplaudir la posibilidad de quema de libros con contenidos que ellos fantasean.

Es interés de estos grupos que la homosexualidad sea considerada una desviación del “orden natural”, es decir una enfermedad y/o pecado. No es un dato menor que muchas iglesias evangélicas desarrollen “terapias” de reorientación sexual, las que además de ser un lucro, son un fraude pseudocientífico y representa dolor y hasta tortura que imponen las familias a sus hijos e hijas en su mayoría adolescentes no heterosexuales, a través de sus iglesias.

Otra razón por la cual no aceptan la construcción social del género es porque en su lógica sesgada la sexualidad sirve solamente a los efectos reproductivos, negando los demás aspectos de la sexualidad y los derechos sexuales y reproductivos, base para la autodeterminación de las personas en cuanto a sus libertades y responsabilidades en el ámbito de la sexualidad.

Es por lo tanto evidente que la reivindicación de los fundamentalistas es, en realidad, que no se eduque a los niños y niñas en una cultura inclusiva, no violenta, que identifique las desigualdades y acepte la diversidad humana. Es decir, lo que buscan es que siga habiendo discriminación, violencia, odio y muerte contra lo que ellos consideran “no-normal” y “no-sagrado” (de hecho, en eso consiste el fundamentalismo), por ello no quieren a ningún costo que en la escuela se enseñe a no discriminar.

Manifestaciones frente a la Cámara de Diputados de Paraguay, donde se realizaba una audiencia pública. (Somos más)

Volviendo a la “ideología de género”, estos grupos acuñaron ellos mismos ese término e inventaron un concepto inexistente, tergiversando el análisis de las desigualdades que generan discriminación (enfoque de género) para justificar la discriminación y hacerla bandera.

Es decir, ellos crearon el enemigo ficticio para combatirlo; crearon la enfermedad para vendernos la cura. En otras palabras, venden humo diciendo que es “el fin del mundo” y lo más terrible es que hay quienes a pie juntillas lo compran.

El ministro Riera se comprometió a eliminar del currículo todos los materiales que tengan “ideología de género”. Para un chico o chica que no reciba una educación sexual integral, ¿qué problemas puede desarrollar? ¿Cómo afecta crecer con una visión limitada de la sexualidad y el género?

Es innegable que el hecho de que el ministro Riera le haya dado entidad a toda esta arremetida fundamentalista es lamentable, más aun asumiendo como cierto el hecho de que existan textos con un concepto inventado por ellos mismos.

No puedo aún concluir si se trató o no de una estrategia política para calmar los ánimos y evitar que lo “lincharan en plaza pública” (como amenazaron a anteriores ministros con respecto al tema). De todos modos, expresar públicamente que es capaz de quemar libros por darle gusto a un grupo fanatizado es un hecho ya terrible de por sí.

De hecho, después del ministro Luis Riart (2009-2011), ningún otro ministro o ministra se animó a retomar la implementación de una Educación Integral de la Sexualidad (EIS) como política pública, debido a la constante presión de los grupos fundamentalistas que lo impiden.

Dicha carencia genera una alta vulnerabilidad en niñas, niños y adolescentes que quedan expuestos a diversos tipos de atropello a sus derechos. Entre ellos, el abuso sexual que muchas veces deriva en embarazo forzado en niñas, la explotación sexual, la trata de personas, las relaciones violentas en el noviazgo, la violencia sexual en todas sus formas, el embarazo adolescente y la exposición mayor ante el VIH-sida y otras infecciones de transmisión sexual.

Diversos estudios demuestran que la edad de inicio sexual es muy temprana y en promedio es a los 13 años. Sin EIS son innumerables las situaciones de exposición y vulneración de derechos que sufren los niños, niñas y adolescentes.

Además, desde las víctimas, la falta de EIS lo que produce es la ausencia de mecanismos de respuesta para resistirse a la violencia sexual y a la violencia de género. Sin EIS seguirán los miles de casos de adolescentes rechazados y discriminados, objeto de bullying, depresión y a veces suicidio por causa de que su orientación sexual no heterosexual y/o su identidad de género no es la esperada por su entorno.

El ciclo de la violencia en las relaciones afectivas y sexuales no se cortará si no se invierte en forma decidida en cambiar las pautas culturales y relaciones de poder que perpetúan dicha violencia.

La ausencia de EIS tiene como consecuencia el reforzamiento de roles violentos por parte de hombres que siguen pensando que pueden poseer el cuerpo de una niña o mujer y que pueden cometer violencia expresa psicológica o física sin ninguna consecuencia.

Los casos de feminicidio ya son más de 30 tan solo en el presente año y una gran mayoría de las víctimas son mujeres jóvenes asesinadas por hombres jóvenes. También están registrados decenas de casos de asesinatos a personas trans, víctimas en su mayoría del discurso de odio a la diversidad.

Por lo tanto la EIS, que incluye la educación para la no discriminación, es urgente. Es una causa de vida o muerte y para implementarla se necesita una convicción fuerte y valentía de resistir a las presiones de los grupos que hoy, como en el medioevo, son capaces de ordenar quema de libros, mentir, tergiversar, amenazar y hasta matar en nombre de sus creencias, en pleno Estado Laico.

Fotografía de portada: Carol Sotelo.

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7 Comentarios

  1. Muy buen artículo!

    Bien escrito, y con contenido que deja mucho para pensar.

    Muchas gracias, ciencia del sur. Necesitamos más plataformas como esta que buscan tener un impacto positivo en las políticas públicas a través del conocimiento empírico que solo puede ser obtenido a través de la ciencia. Sigan creciendo!

  2. Exelente texto. Solo añadiría una definición mayor de la causas o argumentos fundamentalistas para la no implementación de la EIS.
    Seguire la evolución de este sitio que pinta bien.

  3. ” …. es científicamente categórico que la orientación sexual y la identidad de género no se pueden instrumentar, imponer o influenciar mediante la educación, premisa falsa sobre la cual se basa la caza de brujas … ”

    Si la doctora dijo esto, y el sr. Duarte y Ciencia del Sur conscienten, hay mucha razón para preocuparse!! Y tambien se demuestra que uno de los puntos, en el método científico, no se está aplicando para obtener conclusiones. Cual es? La observacion y la comparación. Pudieron acceder por lo menos a libros de textos escolares (nivel inicial) de España, o tal vez Alemania, por citar solo algunos de los paises eiropeos que ya tienen varios añis aprobados? Comencemos solo por ahi!!

  4. Ideología de género:es un conjunto de ideas anti científicas que con propósitos politicos autoritarios vinculados a la nueva izquierda, desarraiga a la sexualidad humana de su naturaleza para explicarla monopólicamente por la cultura

  5. Con esto de tratar de fundamentar lo indemostrable (que el sexo es cultural) vemos un claro ejemplo de Lysenkoísmo o la manipulación o distorsión del proceso científico como una manera de alcanzar una conclusión predeterminada según lo dictado por un sesgo ideológico, a menudo relacionado con los objetivos sociales o políticos.

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