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Por Cristian Andino 

En las últimas semanas causó revuelo en Paraguay la arremetida de grupos conservadores contra algunos programas del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) para la Educación Escolar Básica.

Acusaban a la cartera estatal de que algunas “orientaciones para la atención a la diversidad o la equidad de género” estaban fundamentadas en lo que llaman la “ideología de género”, término despectivo que una inmensa cantidad de desinformados asocia a una gran amenaza global o un plan maléfico y macabro en el que está en juego el orden “tradicional”, “biológico”, “natural”, o “normal”.

Volveremos sobre este asunto más adelante, pero digamos ante todo que uno de los episodios más bochornosos lo protagonizó el propio ministro de Educación y CIencias, Enrique Riera. En vez de salir a aclarar los nuevos enfoques y estudios, se limitó a aceptar que los materiales en cuestión “serán dados de baja de la página web”, culpando al mismo tiempo del hecho a administraciones anteriores.

Pero revisemos algunos antecedentes de este tema en nuestra muy particular sociedad paraguaya. Hace ya un par de años que en el país se viene discutiendo la necesidad de un marco legal que pueda reglamentar algunos artículos constitucionales que, desde la instauración de la democracia en 1989 y la vigencia de la nueva Carta Magna de 1992, no han encontrado un fundamento normativo que los vuelva más exigible.

Algunos de esos artículos son: el 46, que establece taxativamente la igualdad de las personas en dignidad y derechos y la no discriminación; el 48, de la igualdad de derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales entre el varón y la mujer; el 61, que afirma, entre otras cosas, que el Estado debe garantizar educación, orientación científica y servicios adecuados en materia de derechos reproductivos.

Por su parte, el 73 sostiene la responsabilidad del Estado en propiciar una serie de principios democráticos y sobre todo “la eliminación de los contenidos educativos de carácter discriminatorio”.

En este contexto, después de muchos foros, debates y encuentros, la Red Contra Toda Forma de Discriminación presentó en 2007 al Congreso el Proyecto de Ley contra toda forma de Discriminación. Desde entonces el proyecto permaneció cajoneado hasta 2014, cuando al fin fue tratado y rechazado ante una gran presión de movimientos conservadores.

¿Qué decía o qué contenía el proyecto de ley por lo que motivó la reacción de tantos grupos, fundamentalmente religiosos? El proyecto, aparte de describir distintas situaciones de discriminación y establecer penas y multas para los diversos casos, contenía conceptos estigmatizados tales como “orientación sexual e identidad de género”. Ya volveremos, también, sobre estos conceptos más adelante.

Otro caso que causó revuelo fue cuando en 2010 el Ministerio de Educación, ante las cifras alarmantes de embarazo adolescente, la mayoría por causa de abusos sexuales, presentó un Marco rector pedagógico para la educación integral de la sexualidad, en cuya fundamentación aparecen datos oficiales alarmantes, tales como que “el 20% de los embarazos en Paraguay se da en niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años, y el 88% de las mismas, son madres solas”.

Estos y otros datos de la realidad nacional parecieron importar a pocos, pues el proyecto también fue cuestionado hasta el hartazgo y el MEC no tuvo otra opción más que dejar sin efecto su implementación.

Más allá de los lacerantes datos, ¿de qué más hablaba el marco rector que causó la indignación de tantos? En ese documento apareció de un modo explícito y bien definido el concepto “perspectiva de género”, concepto incorporado en las políticas y programas de la ONU desde hace al menos 20 años y cuyo objetivo fundamental es visibilizar y proteger los derechos humanos de poblaciones vulnerables, especialmente mujeres.

Aclarando conceptos: ideología, sexo y género

Dejemos en claro ante todo que la “ideología” de género es un concepto inventado por grupos fundamentalistas —y cuya evolución lo profundizaremos en el siguiente apartado— con el que intentan desacreditar todos los estudios y enfoques de género.

Podríamos decir que una ideología es un conjunto de ideas que refleja posiciones y valoraciones ético-políticas, mientras que los enfoques, estudios y perspectivas de género implican categorías analíticas que desde al menos 70 años se vienen trabajando desde la Filosofía y las Ciencias Sociales en general y que tienen su origen en las luchas feministas generalizadas en los últimos 200 años.

Al respecto, la filósofa mexicana Francesca Gargallo en su obra Las ideas feministas latinoamericanas (2006) comenta que durante los últimos 200 años las mujeres se han esforzado por obtener acceso a lo universal. En ese sentido, el feminismo es una corriente política de la modernidad que ha cruzado la historia contemporánea desde la Revolución francesa hasta nuestros días, aunque tiene antecedentes que pueden rastrearse en los escritos de la Edad Media y el Renacimiento.

Al estallar la Revolución francesa en 1789 muchas mujeres se volcaron en las tribunas abiertas al público y participaron de los debates políticos, pero se les impidió formar parte de la Asamblea y se les negaron sus derechos públicos en nombre de supuestos “roles naturales” que los sexos debían cumplir.

En respuesta a esta actitud sexista, Olympe de Gouge escribió su famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791) y muchas mujeres se inscribieron en “clubes”, nombre que significaba aproximadamente “partidos políticos”, pero femeninos. Desde entonces inicia un gran movimiento feminista que fue considerado como la “primera ola” o feminismo de la igualdad, que empezó a problematizar el poder, la ciudadanía y la legalidad de los derechos entre los sexos, cuestionando profundamente la idea de que el “lugar natural” de la mujer sea el hogar. Es lo que se conoció como el movimiento sufragista.

Una de las primeras autoras que marcó los estudios de género y los inicios de los movimientos “feministas” por la igualdad o la equidad ya en el siglo XX fue, sin duda, Simone de Beauvoir (1909-1986), escritora y filósofa francesa, quien en 1949 publicó su famosa obra El segundo sexo.

El texto indaga acerca de la condición social de la mujer en la historia, analizando las distintas características y situaciones de opresión masculina. La principal tesis de Beauvoir es que lo que entendemos por el prototipo de mujer no le viene dada por su constitución genética, sino que en realidad es un producto cultural construido socialmente respecto a los roles que le ha tocado mantener en las diversas épocas.

Por consiguiente, para la autora francesa la principal tarea de la mujer es reconquistar su identidad específica desde sus propios criterios y con esto hacía una llamada a la liberación femenina. Esto es lo que se ha resumido con la famosa expresión suya, más de una vez incomprendida: “No se nace mujer: llega una a serlo”.

Ya en la década de los años 60 y 70 el movimiento feminista resurgió con un nuevo empuje, definiéndose como un movimiento de liberación de las mujeres, enarbolando ya no el ideal de la igualdad con el hombre, sino el derecho de las mujeres a su autonomía. Llevaron, entonces, el debate sobre la vida privada a la política, emprendieron acciones ante los poderes públicos, los medios de información y las universidades para cambiar la imagen sexista de las mujeres, para obtener el derecho al aborto y para abolir la discriminación en el empleo.

Fue lo que se conoció como feminismo de la “diferencia”, o feminismo de la segunda ola, cuyas principales tesis pueden encontrarse en obras como las de Betty Friedan, quien en 1963 publicó La mística de la feminidad.

Desde los años 90 del siglo pasado inicia lo que se denominó la tercera ola feminista y es en esta etapa que inicia el proceso de profundización de los estudios de género. Una obra clave en este sentido fue el libro de Judith Butler El género en disputa: feminismo y la subversión de la identidad (1990), en la que la autora profundiza en la idea de que, más allá de lo que se entiende siempre en los estudios de género —que el género es una construcción cultural mientras que el sexo es lo biológico dado de forma “natural”—  tanto uno como el otro forman parte de construcciones discursivas y performativas que los caracterizan y significan en el mundo.

Para Butler, todo lo que rodea al género se hace en un espacio, tiempo y colectividad determinados.

Habrá que decir, por otra parte —y es lo que más nos interesa para los fines de este artículo— que más allá de la diversidad de enfoques y corrientes feministas, hay una idea fundamental en estas luchas y que tiene que ver con la consecución de un mundo equitativo, responsable y solidario con las discriminaciones y las desigualdades.

Demás está decir, como sostiene Gargallo, que:

“En su búsqueda de la igualdad de derechos, las mujeres organizadas han sido ridiculizadas, menospreciadas, asesinadas. Sin embargo, desde hace una década, de repente, parece que la igualdad está a la distancia de sus manos. Personajes cinematográficos de mujeres peleadoras, amazonas en la televisión, ministras de Estado, presidentas de corporaciones financieras: la imagen está creada. Pero no, la universalidad les está vedada; su diferencia sigue visualizándose como contingente, anecdótica, no constitutiva de la humanidad”. (Gargallo, 2006, p. 8).

De la diversidad de trabajos y esfuerzos intelectuales sobre el tema, se puede concluir que el “género” no se refiere exclusivamente a los conceptos de mujer y/o hombres como seres sexuados sino a la construcción social de las identidades que caracterizan a los seres humanos en su amplia gama de posibilidades y complejidades.

La perspectiva de género, entonces, ha permitido vislumbrar un mundo con rostros diversos al hacer referencia a otras diferencias entre las mujeres, como las de origen étnico que tienen su manifestación en el racismo, lo cual se convierte en una doble discriminación. Introducida en los Derechos Humanos, ha demostrado que la mayoría de las desigualdades se deben a construcciones sociales y no a factores biológicos, naturales o mandatos divinos.

En otras palabras, ha permitido ver la íntima relación existente entre el espacio público y privado.

Siguiendo a Debarbieri (1996), podríamos concluir que:

“el género es la base de la construcción social de lo femenino y lo masculino; de lo que es permitido y se espera socialmente del ser mujer y del ser hombre; de los roles, espacios, posición, estatus, que deben ocupar y realizar las mujeres y los hombres en sociedades específicas; el género, como dimensión social, está presente en todas o casi todas las relaciones y los procesos sociales y en todos, o casi todos, los objetos socialmente construidos y existentes”.

A estos conceptos analíticos es que se refería aquel proyecto de Marco rector pedagógico de la educación sexual (2010) cuando en su fundamentación aclaraba lo siguiente:

“La categoría analítica género permite comprender que los patrones de organización basados en las diferencias sexuales (biológicas) son construcciones sociales y culturales, establecidas sobre ellas, que han llevado a valoraciones desiguales de mujeres y hombres, las cuales han sido fuente de discriminación para las mujeres. Asimismo plantea que esas valoraciones han sostenido la permanencia de desventajas en diferentes ámbitos, entre ellos la educación, lo que se manifiesta en menos oportunidades para las mujeres. La construcción cultural de lo masculino y lo femenino, en la sociedad paraguaya y en la cultura occidental, ha dado un rol activo a los hombres y pasivo a las mujeres, colocándolas a ellas en posición de objetos sexuales. El lugar de privilegio y de poder de los hombres en la sociedad es reproducido en las relaciones sociales entre ambos. Las diferencias entre hombres y mujeres, jóvenes, niñas y niños construidas y valoradas socialmente, determinan los patrones de género, masculinos y femeninos, denominado sistema sexo/género, resultado histórico de la cultura”.

Así las cosas, hoy la perspectiva de género está incorporada a las políticas públicas de todo país medianamente culto y organizado. Como sostiene el mismo documento estatal elaborado en el 2010, esto permite que se examinen las implicancias para mujeres y hombres de toda acción pública planificada, incluyendo la legislación, políticas o programas de cada área, favoreciendo el análisis profundo y planteando nuevos modelos de gestión mucho más integrales e integrados entre todos los ámbitos.

La arremetida fundamentalista

El fundamentalismo religioso se une al fundamentalismo político en la arremetida contra las minorías. (Imagen: Reflexiones en el Diván)

Desde los años 90 en adelante se volvió común la expresión “fundamentalismo” con el que se asocia a los grupos extremistas, tales como los diversos movimientos conocidos en Occidente como yihadistas.

Pero contrario a lo que generalmente se piensa, el fundamentalismo no tuvo sus orígenes en el Medio Oriente con los grupos radicales tales como los talibanes, Al-Qaeda o el actual ISIS, sino que fue un movimiento anglicano en EE.UU. que, entre los años 10 y 15 del siglo XX, iniciaron en Chicago la publicación de unos ensayos denominados The Fundamentals: A Testimony to the Truth, que los repartieron en miles de iglesias e instituciones públicos de habla inglesa.

En total se publicaron 90 ensayos compilados originalmente en una enciclopedia de 12 volúmenes, de los que, según testimonios, se repartieron más de 3 millones de copias. Estos grupos autodenominados fundamentalistas reivindicaron la lectura literal de la Biblia y la teoría creacionista contra la corriente ideológica liberal que introducía nuevas tendencias en los estudios teológicos.

Uno de los aspectos más atacados fue la teoría de la evolución y a autores como Charles Darwin, quien con la publicación de su obra, El origen de las especies por medio de la selección natural (1859), revolucionó definitivamente los estudios sobre el ser humano. Fue tan fuerte la presión de estos grupos que, en los años 20 del siglo pasado, lograron que muchas escuelas estadounidenses enseñaran solamente la teoría creacionista con base en la Biblia, cuestión que sigue generando grandes debates en la actualidad. Según algunas encuestas, cerca del 40% de los estadounidenses desearía que solo se enseñara la teoría creacionista en las escuelas.

Ese primer fundamentalismo anglicano-luterano de inicios de siglo se extendió a las iglesias “protestantes” en general, movimiento religioso conocido como pentecostalismo y que nuclea a personas que viven una religiosidad exageradamente emotiva y superficial. En esta línea se plantean soluciones mágicas y cuya conversión pasa por una experiencia personal que culmina con el bautismo y, por lo general, en la supuesta adquisición de dones proféticos tales como la sanación.

Ese movimiento pentecostal influyó en la exaltación fundamentalista en EE.UU. en plena Guerra Fría en los años 80, en los dos periodos de Ronald Reagan (1981-1989) y el de George Bush (1989-1993). Dichos gobiernos propiciaron la insurgencia de grupos extremistas en la guerra de Afganistán (1978-1992) en zonas de influencia de las URSS, a partir de una política exterior que respondía a la instauración, paradójica, de la democracia por medio de bombas, como afirmaba al filósofo francés, fallecido este año, Szvetan Todorov (Todorov, 2012).

Con estos hechos queda instaurado también el fundamentalismo político.

Estas acciones han tenido gran impacto y sus consecuencias mediáticas recientes se vislumbraron en los atentados del 11 de septiembre (2001) y sobre todo en la guerra de Irak (2003), donde los estadounidenses se presentaron como los embajadores de la democracia y la libertad e iniciaron lo que llamaron una “guerra justa”, cuyo trasfondo económico fue tan obvio que sigue mostrando su lado más violento en la actual arremetida del ISIS o la crisis con Corea del Norte.

Pero volviendo al tema del fundamentalismo religioso podemos mencionar también una vertiente católica con la aparición del grupo de tradicionalistas alrededor del obispo Lefebvre, que se apoyan en los valores elementales de la religiosidad preconciliar y rechazan las innovaciones.

En esa línea, el Opus Dei tiene ciertas semejanzas con el fundamentalismo político-religioso, porque se apoya en las rígidas normas tradicionales de conducta y mantiene un estricto control sobre sus integrantes, pero a diferencia de los “lefebvrianos” acepta los resultados del Concilio Vaticano II.

Sin embargo, es interesante advertir que dentro de la Iglesia Católica conviven posturas muy antagónicas, desde sacerdotes ultraconservadores hasta representantes de la Teología de la Liberación, que en sus interpretaciones teológicas y bíblicas incorporan los saberes provenientes de las Ciencias Sociales críticas en general y con ello pueden dar respuestas mucho más “humanas” a los problemas de nuestro tiempo.

Por otra parte, también desde los años 70 las iglesias evangélicas y sobre todo el movimiento pentecostal en sus diferentes variaciones han hecho importantes incursiones en América Latina. Extendieron los códigos teológicos y morales basados en el fundamentalismo estadounidense en los grupos “cristianos”, como les gusta autodenominarse, y son estos grupos los que más se manifiestan en nuestro país contra toda normativa que implique la no discriminación o derechos de las minorías.

Últimamente pululan en internet grupos “neonazis” que desde un nacionalismo exacerbado reivindican un supuesto derecho a discriminar o directamente a “odiar”. En los EE.UU. se han vuelto tan común que coinciden con el fenómeno Trump, que llevó al magnate al poder.

Tentáculos de estos nuevos grupos fundamentalistas pueden verse en nuestra región en obras tales como El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural (2016) de los argentinos Nicolás Márquez y Agustín Laje, que —más allá de que en sus análisis no pasan de aberrantes argumentos ad hominem— son un éxito de ventas en Amazon.

Conclusiones preliminares

Finalmente, una de las importantes preguntas que debemos realizarnos es: ¿Hasta qué punto una idea puede volverse ideológica?

Si la ideología, en términos generales, supone un conjunto de ideas que un grupo de personas comparte entre sí y les sirve como motivación para actuar; en términos más específicos, ¿cuándo una ideología puede volverse peligrosa?

Cuando sus seguidores se vuelven militantes o “fundamentalistas”. Es decir, cuando asumen que disponen de la verdad, y al desvincularla de los hechos históricos se sienten con el suficiente derecho de imponer sus creencias a los demás, no respetando la pluralidad y la diferencia, como valores democráticos indispensables.

En toda postura fundamentalista hay un increíble miedo a la historia y esto es así porque la historia es el campo de lo indeterminado, de lo impredecible; en una palabra, de la incertidumbre. Por eso, más allá de que actualmente se disponen de innumerables herramientas hermenéuticas y exegéticas, prefieren postular un acceso directo a la verdad; una verdad infalible, revelada literalmente en sus textos sagrados, que al volverse dogmática, se vuelve al mismo tiempo, violenta.

Otros en cambio argumentan que la existencia de movimientos misóginos de “ultraderecha” que propugnan un odio hacia las luchas feministas, denominando despectivamente “feminazi” a todas las activistas, se justifica porque del otro lado existen también movimientos de feminismo radical que desde la misandria o la androfobia promueven por su parte el “odio a los varones”, por considerarlos los enemigos naturales del género femenino.

Más allá de discutir estas posturas, en la mayoría de los casos los movimientos feministas asumen que necesitan de los hombres para reivindicar una auténtica igualdad de derechos y una equidad de género.

Romper con la neblina de confusión que promueven los diversos grupos fundamentalistas hoy requiere quizá apostar por la instauración en todos los ámbitos de paradigmas como el de la complejidad, que supere nuestra tendencia a la simplicidad. Como nos explica Edgar Morín, en su Introducción al pensamiento complejo (1997), la simplicidad ve a lo uno y ve a lo múltiple pero no puede ver que lo uno puede ser múltiple al mismo tiempo.

Es decir, este paradigma o bien separa lo que está unido o bien unifica lo diverso. El paradigma de complejidad en cambio recupera la incertidumbre, la incapacidad de lograr la certeza, la incapacidad de lograr contradicciones y el error. Si tenemos conciencia de la complejidad, dice el autor, tenemos conciencia de solidaridad y del carácter multidimensional de toda la realidad.

Me parece que esta última cuestión es más que importante a la hora de plantear debates serios sobre este tema. Es decir, si desde el paradigma de complejidad se asume la conciencia de la solidaridad humana, ¿a quiénes les conviene realmente la no instauración de este tipo de paradigmas?

¿A quiénes beneficia una sociedad cada vez menos solidaria, más individualista, más egoísta, más volcada en la satisfacción de sus propios intereses y deseos, una sociedad intolerante ante lo diferente e insensible ante el sufrimiento del otro? Responder estas preguntas con sinceridad ayudan a desmontar muchísimos fundamentalismos y nos salva de horas y horas de debates estériles e inútiles.

Bibliografía de referencia

  • De Barbieri, M. Teresita (1996). Certezas y malos entendidos sobre la categoría género. En: Estudios Básicos de Derechos Humanos IV. Instituto Interamericano de Derechos Humanos.
  • Butler, Judith (1990).El género en disputa: Feminismo y la subversión de la identidad.
  • Bourdieu, Pierre (2000). La dominación masculina.
  • Darwin, Charles (1859). El origen de las especies por medio de la selección natural
  • Friedan, Betty (1963). La mística de la feminidad.
  • Gargallo, Francesca (2006). Las ideas feministas latinoamericanas.
  • Lamas, Marta (2000). Diferencias de sexo, género y diferencia sexual. En: Cuicuilco, enero-abril, año/vol. 7, número 018. Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), México
  • Márquez, Nicolás y Laje, Agustín. (2016) El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural
  • Morín, Edgar (1997). Introducción al pensamiento complejo.
  • De Beauvoir, Simone (1948). El segundo sexo.
  • Todorov, Szvetan (2012).El odio a la democracia.

Cristian Andino es licenciado en Filosofía, docente universitario e investigador del Centro  de Investigaciones Filosóficas (CIF-Paraguay). Además, es investigador categorizado en el PRONII del Conacyt.

 

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9 Comentarios

    • Ojala que no seas paraguayo porque si naciste en la misma tierra que yo siento vergüenza ajena por tu comentario chera’a sos un impresentable

  1. “Aunque muchos crean que el hombre y la mujer son una expresión natural de un plano genético, el género es producto de la cultura y del pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo.” (Lucy Gilber y Paula Webster, “The Danger of Femininity. Gender differences: Sociology or Biology?”)
    Cuando se llega a estos extremos ya estamos hablando de ideología. Una ideología de género que para nada está interesada en la valoración y promoción de la mujer.
    Bajo este presupuesto, la naturaleza humana ha sufrido un proceso de de-construcción del lenguaje, de la familia, y del feminismo.

  2. A mi modo de ver, esta complejidad se vuelve sencilla: avanzamos reconociendo la realidad bajo el análisis y conocimientos científicos o permanecemos en las nebulosas presionados por la religiosidad y la pseudo ciencia.

    • En la ciencia tampoco hay pruebas 😂😂, se llama “ideología” por una razón, porque no tiene fundamento biológico que lo respalde, por otra parte, estas clases de noticias son estupidas, porque solo se refieren a la gente según ustedes “religiosas” cuando en paraguay tambien mucha gente atea y de otras religiones saben que esta ideología está mal, las personas mismas eligen la educación de sus hijos y no el gobierno, los hechos biológicos verdaderos y correctos (qué si no me crees, búscalo en Google) no tienen porque amoldarse a tus sentimientos, no todo en esta vida es tangible, hay cosas que no se pueden cambiar, todo esto no lo digo de mala forma, sino que veas el punto de vista de otros, esto es así por todo el mundo, se llaman a ustedes mismos “mente abierta” pero cuando detectan diferencia se ponen agresivas.

  3. La ideología de género. La inventaron los fundamentalista…?

    Que son… los reyes magos. Por ahí le pedimos que inventen otra cosa. Seis dedos… son unos capos.

  4. Todo bien con la orientación sexual de cada uno yo respeto todo tengo amigos abiertamente homosexuales y salí con chicas bisexuales (una cosa de locos es me encanto) y me encantan las lesbiana tengo muchas amigas lesbianas y eso que soy heterosexual blanco, republicano y católico.. soy algo asi como el demonio para las feministas de las 3ra ola y grupos LGTB ajajajaja. Mi humilde opinión como persona formada en la ciencias básicas no sociales.. creo que los niños y niñas son los únicos seres que tienen la posibilidad de vivir su corta infancia en inocencia libre de prejuicios y querer sexualizarlos para que un grupo MINORITARIO (LGTB) que si son minoría en paraguay por lo menos puedan asegurar a largo plazo una zona de confort mas amplia sinceramente no vale la pena, no vale la pena gastar horas cátedras en cosas tan subjetivas.. uno es homofobico o machista porque en la casa le enseñan a eso.. somos los adultos los que tenemos que aprender a respetar LO DIFERENTE y no imponer una ideología tan… ni se como llamarla tan poco precisa? Subjetiva?. Pasa que las generaciones nacidas en la era de la informácion y de la total y libre expresión de Internet no ODIAN (Si me atrevo a afirmar eso sin tapujos) esta generación de la que me considero parte NO ODIAMOS a a las personas por su color de piel ni credo ni sexo Y eso hace que los simientos de esta mal parida civilización occidental se tambaleen Y al gran hermano, al conjunto estado-sociedad o stablishment como a mi me gusta llamar se retro alimenta cosibiendo ideas tan abstractas y tan poco definidas como las “Ideologías” como políticas, religiosas y esta que esta re de moda ahora la de GENERO.. abriendo 1 libro de historia uno se cuenta que las Ideologías son probablemente el arma de destrucción masiva mas antigua y poderosa alimentadas por miedo o por odio.. (bueno yo por lo menos me percaté de eso) entonces me pongo a pensar es bueno para un niño o una niña ideologisarlos? Sea cual fuere la ideología adoctrinados? No es suficiente con 2000 años de religión? Osea este tema de la ideologia de genero es como el servicio militar obligatorio (yo fui paracaidista en la CIMEFOR) que es como se llama aca en PY. Entrenas ejércitos que no van a luchar? Para que? Para guerras que no van a venir? O para forzar la paz? En un mundo donde con 1 computadora y bombas nucleares vas a mandar todo a la edad media en 20 minutos encerio necesitamos gastar dinero y tiempo de vida en formar soldados? Y con esto pienso En un mundo donde un niño de 10 años con un celular de 20 dólares y el wifi de la plaza pública aprende mas sobre sexo y orientaciónes sexuales que en 10000 horas cátedras de escuela es necesario destinar horas de clase y recursos en algo tan ladino y poco definido como la idea de que: (No eres ni nena ni nene no importa si naciste con cachirulo o con chuchu) tus organos sexuales que fueron seleccionados por tus cromosomas XX o XY no importan no te definen.. A mi por lo menos me parece una tontería, un sin propósito y sexualisar a niños pequeños en edad escolar es simplemente grotesco.. Pienso que al igual que formar soldados que nunca van a servir de nada es un despropósito forzar a los niños (Porque las clases no son opcionales son una impocision matricular) a estudiar una ideología a la que podes quitar y poner cual concepto te parezca desde pasifismo al estilo Ghandi hasta retórica Nazi de Engels.. Es un despropósito.. Ósea estas clases son para que los futuros adultos sean más tolerantes? Encerio creen que eso va a funcionar? Yo no.. yo creo que después de salir de la escuela van a contarle al papa homófobo y este les recriminara y les instará a no hacer caso.. No nos engañemos la tolerancia se enseña en casa no en la escuela saludos muy lindo el espacio que formaron aca para compartir opiniones

  5. Interesante la nota desde el punto de vista historico- social de la lucha del feminismo para llegar a una igualdad y justicia social, pero esta escondido el proposito de utilizar esta lucha para homologarlo a la lucha del colectivo LGTB de “imponer” su ideologia incluyendolo en la educacion escolar basica y realmente “robandole” la inocencia a los niños. Es la forma en como esta minoria, en colaboracion con columnistas como esta persona (cuya orientacion sexual desconozco) y con el uso de.las redes sociales y apoyados en medios de comunicacion, bombardean los cimientos d la idea de “familia tradicional”, es decir papa hombre y mama mujer. Oscuros intereses siempre existen cuando salen personas opinando sobre estos temas. Y es cierto, tambien existen mentes retrogradas arcaicas, incapaces de aceptar a las personas de una.orientacion sexual diferente, pero una cosa es aceptar la orientacion sexual de una persona y otra muy distinta manipular al colectivo feminista o femenino para IMPONER una idea minoritaria a un colectivo mayoritario como el de los padres y personas hererosexuales, quienes preocupados por la educacion de sus hijos y con justo derecho han reaccionado de la forma que se ha.mencionado en el articulo. Se debe partir del hecho de que “el derecho de uno acaba cuando se pisa el derecho del otro”.

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