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Existe una corriente posmoderna que se ha alimentado de críticas de sectores de la ciencia para afirmar que la filosofía está en terapia intensiva o hasta muerta. La cultura de la muerte intelectual no es nueva ni será la última. Desde regímenes totalitarios, pasando por religiones retrógradas, grupos económicos conservadores y hasta seudoacadémicos que enseñan en universidades, todos han declarado el fin de un sistema de pensamiento surgido en la zona de influencia de Grecia hace unos 2.600 años.

La filosofía nació con el objetivo de a) cuestionar el mundo estático, b) modificar las estructuras mentales poderosas y vigentes de la época que impedían comprender la realidad y c) proponer explicaciones inteligibles de los fenómenos o hechos. El paso del mitos al logos, del que nos hablaron los presocráticos, no es metáfora retórica para pintar la historia de los filósofos ni un mero recurso lingüístico, es el punto de inflexión en la historia de una especie.

Tuvimos que esperar hasta fines de la Edad Media e inicios de la Moderna para identificar técnicas de una ciencia experimental, a partir de Galileo en adelante. Hoy, en el siglo XXI, somos capaces de explicar muchas áreas de la naturaleza de manera rigurosa, sistemática y hasta predictiva.

La ciencia no lo explica todo. Al igual que la filosofía, no pretende ser un tipo de conocimiento cerrado, dogmático ni uniforme. Se construye sobre ideas o teorías refutadas y progresa a medida que se desarrollan los trabajos de investigación.

En Ciencia del Sur estamos incentivando un debate en torno a la filosofía analítica y la filosofía continental, que ha llegado a profesores y estudiantes de Paraguay, Argentina, España y Chile, principalmente, gracias a la difusión y alcance que tiene internet. La discusión, que involucra a filósofos de nuestro diario, se ha extendida por varias semanas, sin que el público se haya cansado.

Es más, la reflexión está incentivando otro tipo de debates, uno de los cuales gira en torno al papel de las humanidades en la creación del conocimiento mismo. Si revisamos los datos del Conacyt, específicamente sus últimos indicadores del 2015, vemos que las humanidades son las áreas más relegadas.

En Japón, el Gobierno limitó los estudios de humanidades para enfocarse en otras áreas, obligados por el “desarrollo nacional”. España, por su parte, también ha relegado a la filosofía de los institutos secundarios. En Paraguay, generalmente, la enseñanza de filosofía en los colegios gira en torno a la historia, no así de la práctica filosófica.

Consideramos un error intentar censurar a la filosofía o a las humanidades, sobre todo en un periodo en el que el conocimiento es horizontal y se construye en base a la inter y multidisciplinariedad, que exige mucha mayor coordinación, visión e interconexión.

Recientemente, un pastor evangélico nigeriano visitó el Paraguay en una gira de “sanación”. Prometió que curaría el SIDA, el cáncer, enfermedades menores, problemas económicos, laborales, etc. Pero la verdad es que el cáncer ni el SIDA tienen cura total, y ningún estudio ha comprobado que la oración resuelva algún problema de salud.

Un país más educado, una nación menos prejuiciosa y supersticiosa sabría valorar la medicina científica. La llegada de una persona que se aprovecha de las necesidades de la población sería repudiada.

Nos oponemos radicalmente al discurso homofóbico, machista, oscurantista y embrutecedor de líderes religiosos, políticos y sociales y lamentamos los reconocimientos oficiales, tanto de la Junta Municipal de Asunción como de la Cámara de Diputados a una persona imputada por crímenes en otros países.

Felicitamos a los concejales asuncenos que se opusieron al lamentable circo capitalino de homenajear a quien desprecia el conocimiento científico e incentiva el peligroso pensamiento mágico.

En hospitales, sanatorios y clínicas de todo el país tenemos a brillantes médicos, enfermeros y personales de salud que se esmeran por ofrecer un buen servicio en medio de tantas precariedades, necesidades y problemas sociales.

La filosofía puede ofrecernos un antídoto a este tipo de amenazas. Pero no lo puede hacer de manera aislada y necesita de la ciencia para trabajar de manera colaborativa. Las antiguas distinciones epistemológicas se rompen actualmente para dar paso a periodos más abiertos de coordinación, emprendimiento, innovación y reconstrucción del conocimiento.

Felicitamos a la Universidad Nacional de Asunción, a la Universidad Nacional del Este, la Universidad Católica de Asunción, al Centro de Investigaciones Filosóficas y al Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos por mantener las carreras y las investigaciones en filosofía en Paraguay.

No podemos dejar pasar la oportunidad de promover el conocimiento científico y filosófico. Siempre habrá otro chamán que venga a decir que la Tierra es el centro del universo, pero tal vez ya no le demos premios, regalos, apoyo ni condecoraciones con dinero público.

 

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