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Según la astrónoma y divulgadora argentina Yamila Miguel, hay que desmitificar la imagen del científico como genio o ser superior, y por el contrario, los investigadores deben acercarse más a la gente, comunicando de forma eficiente el trabajo que realizan. Yamila participó como evaluadora y conferencista en las XI Jornadas de Jóvenes Investigadores de la Universidad Nacional de Asunción (JJIUNA).

Fue invitada por la Dirección General de Investigación Científica y Tecnológica de la UNA y su venida fue financiada a través de los fondos para Eventos Científicos y Tecnológicos Emergentes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Ciencia del Sur conversó con ella sobre la misión Juno de la NASA de la cual forma parte y de sus investigaciones sobre exoplanetas. Miguel es licenciada y doctora en astronomía por la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Fue becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) argentino y realizó su primer posdoctorado en el Instituto Max Planck de Astronomía, en Alemania.

Desde el 2015 trabaja en el Observatorio de la Costa Azul, en Niza, con la beca posdoctoral Henri Poincaré, y es becaria de la agencia espacial francesa (CNES). Hace divulgación científica desde hace 11 años.

Yamila Miguel en NASA
La doctora Yamila Miguel es una astrónoma argentina que trabaja actualmente en el Observatorio Costa Azul de Francia. (YamilaMiguel.com)

-En estos días la Misión Juno reveló fotos inéditas de la Mancha Roja de Júpiter, ¿por qué es importante estudiar esta parte del gran planeta gaseoso?
Con mucha ansiedad esperamos las fotos. La mancha es un ícono, uno de los objetos del Sistema Solar más fotografiados y junto con los anillos de Saturno, quizás una marca registrada. Lo cierto es que no sabemos mucho sobre el fenómeno. Lo venimos observando desde varios años, pero especialmente cuando algunos astrónomos se dieron cuenta de que la mancha estaba disminuyendo.

Efectivamente, está disminuyendo, se vuelve más circular y el color es anaranjado, pero no sabemos por qué. Estas imágenes nos ayudarían a entender mejor la atmósfera de Júpiter, de qué tratan estas gigantescas tormentas y cómo se generan.

-¿Se puede entender a la Tierra estudiando a Júpiter?
Sí. Júpiter y Saturno fueron los primeros planetas que se formaron durante la aparición de nuestro Sistema Solar, el cual se formó a partir de un disco de gas y polvo alrededor del Sol, de los desechos de nuestra estrella.

Júpiter y Saturno se formaron en los primeros millones de años y eso lo sabemos porque todavía tienen muchísimo gas, que son fuente de información muy importante para saber qué pasaba con la nebulosa primitiva, para saber cómo fueron los inicios de la Tierra.

-¿Incluyendo la evolución planetaria?
Sí. Júpiter no se formó en el lugar donde está hoy. Se formó en otro lugar y se fue moviendo por la interacción gravitatoria del disco de gas; ese movimiento permitió que se dispersara mucho material por el Sistema Solar.

Cuando el disco había desaparecido, los planetas se habían movido por acción gravitatoria entre ellos y esto empujó a cometas y asteroides a la región interior del Sistema Solar, en donde no había agua. Entonces, toda el agua en la Tierra la tenemos en parte gracias a la existencia de Júpiter y de Saturno, por la migración planetaria.

No sabemos bien cómo se movieron en sus inicios, así que ahora lo estamos tratando de descubrir.

La gran mancha roja de Júpiter, fotografía de hace unos días por la misión Juno. (Imagen: JPL/Nasa.gov)

-Las primeras sorpresas las tuvimos a fines de mayo con la publicación de un artículo en Science. ¿Está cambiando nuestra visión del gigante del Sistema Solar, por ejemplo con respecto a sus polos?
Las imágenes y datos que nos comenzaron a llegar son increíbles. Las comparamos con las fotos captadas por la sonda Cassini en Saturno. Esperábamos encontrar algo similar al planeta de los anillos, pero no fue así: encontramos un Júpiter totalmente distinto. Los polos son diferentes a todo el planeta.

-¿Por qué?
Si tenemos una imagen común vemos las bandas amarillas o anaranjadas, pero cuando vemos los polos los vemos azules. ¿Cómo explicamos esto? No lo sabemos todavía. Tampoco sabemos mucho de los vórtices encontrados en esta área ni cómo se mueven o evolucionan. Todo eso nos ayuda a entender la dinámica y atmósfera del planeta. Estamos en plena investigación.

-¿Júpiter es diferente a los otros planetas gaseosos?
Es diferente. Hay muchas cosas que no entendemos aún del planeta. Urano y Neptuno son otra especie de planetas, los llamados gigantes helados, mientras que Júpiter y Saturno son gigantes más gaseosos, tienen diferentes composiciones.

-¿Cuál es la diferencia fundamental entre un planeta rocoso (como la Tierra) y uno gaseoso (como Júpiter)?
Es muy difícil de imaginarnos. Júpiter es un planeta que no tiene superficie, no importa cuán abajo vayas, es improbable encontrar suelo sólido. Y aún si tiene un núcleo, con las temperaturas que tiene éste estaría en fase líquida.

Es básicamente lo que sucede al fondo de una pileta, mientras más abajo vayas, más presión habrá y te pesarán los oídos y la cabeza hasta el colapso. Es lo que le ocurrió a la misión Galileo, que ingresó a Júpiter y al poco tiempo se desintegró porque no aguantó la presión.

-¿Cuál es el valor agregado de Juno en relación a otras misiones que fueron o pasaron por Júpiter?
El tipo de órbita que tiene, como la Galileo, que también circuló alrededor de Júpiter, pero tenía otra dirección a la de Juno. Juno está pasando muy cerca de Júpiter, el punto más cercano es de entre 3.000 a 4.000 km, por encima de las nubes. Ninguna otra misión estuvo tan cerca del planeta.

El hecho de pasar por los polos también ayuda la órbita del satélite, que tiene una mejor sensibilidad para realizar ciertas mediciones.

-¿Por qué decidieron esa órbita?
El objetivo principal de la misión es determinar cómo está constituido Júpiter internamente, si tenía un núcleo o no, qué elementos tenía en el interior. Eso es clave para entender la formación del planeta. Lo que concluimos fue que necesitábamos estudios sobre la gravedad y pensamos en qué hacer para disminuir las barras de error. Allí surgió la órbita que tiene hoy en día.

-¿Es muy grande el equipo de Juno?
El número exacto no lo tenemos, pero seríamos alrededor de 150 en total, la mitad de ellos científicos. Los ingenieros y técnicos son de la NASA, pero los científicos del programa somos de varios países. El 80% de los investigadores trabaja en universidades de Estados Unidos.

Los científicos a su vez se dividen en tres grandes grupos. El mío, que estudia específicamente la estructura interna de Júpiter, está conformado por gente de Italia, Francia, Israel, Suiza y Estados Unidos. Los otros equipos (campos magnéticos y atmósfera jupiteriana) están establecidos principalmente en Estados Unidos.

Equipo completo de científicos, ingenieros y técnicos de la misión Juno. (YamilaMiguel.com)

-¿Cómo hacen para ponerse de acuerdo al escribir un artículo científico?
Cada dos meses tenemos una reunión general, donde asistimos todos los miembros del equipo. Pero luego tenemos las reuniones de equipo, que se hace de manera online. Tenemos una hora específicamente para contactarnos entre los científicos de varios países, el único momento en que coincidimos todos.

Nos comunicamos mucho por correo electrónico y videollamadas. Coordinar los papers que publicaremos es mucho más complicado, ya tiene que ver con la política científica. Cada equipo tiene un líder que toma las decisiones. El principal paper de Juno fue firmado por los investigadores principales y algunos posdoctorados que colaboramos.

Llevó mucho tiempo organizar el artículo. La información que obtuvimos en diciembre recién lo publicamos hace un poco más de un mes. Lleva mucho tiempo coordinar con las diferentes áreas.

-¿Cómo se hace la revisión por pares de un tema que es muy nuevo y en el cual ustedes son pioneros?
Son astrónomos especialistas en el tema, pero en general sospechamos quiénes son los árbitros, ya que son los únicos que no están dentro de la misión Juno. Se busca siempre gente imparcial, que no formen parte del proyecto.

JunoCam ayuda a divulgar el conocimiento pero también hace partícipe a la gente de todo el mundo.
Sí. Me encanta el proyecto. Es una cámara de fotos que se puso en la sonda, pero que no tiene fines científicos, sino divulgativos. Aunque las imágenes se pueden usar científicamente, se usa más para el gran público. La gente decide qué fotografías tomar, dependiendo de la trayectoria del satélite. Se vota y luego los científicos programan la zona que decidieron los internautas.

-¿Qué podemos esperar de la misión?
Apenas dimos 7 vueltas al planeta, la última hace apenas tres días y faltan aún 25 órbitas. Las primeras nos dieron vuelta a nosotros, todavía tenemos mucha información acumulada que es difícil de explicar, pero tuvimos que empezar de cero con muchísimas cosas.

Nos encontramos con que nuestros modelos que funcionaban bien no nos daban información tan precisa como los datos que estábamos obteniendo. Tuvimos que implementar técnicas numéricas nuevas y desarrollar nuevos métodos para entender las informaciones. Todo eso en pocos meses.

-El estudio de los exoplanetas es un campo relativamente nuevo en la astronomía, en el cual también incursionaste. ¿Por qué estudiar a los exoplanetas?
Cuando estaba en la secundaria me enteré que habían descubierto el primer exoplaneta y quedé encantada. Una de las preguntas más antiguas que tenemos es sobre si existen mundos como los nuestros u otros planetas.

Los exoplanetas o planetas extrasolares son planetas que orbitan otras estrellas, como en nuestro caso el Sol.

-¿Qué estás estudiando sobre ellos?
Dos áreas principalmente, la formación de sistemas planetarios, tanto del nuestro como de otros. Investigamos qué tipo de planetas se forman con diferentes condiciones, considerando distintos discos o estrellas y comparando esos estudios con lo que estamos observando hoy en día.

Lo otro es el estudio de las atmósferas. Creo modelos informáticos de física y química para entender qué pasa con las atmósfera, los distintos gases y explicar qué podría pasar en esos planetas.

-Algunas misiones actuales evalúan o encuentran planetas en la zona habitable. Esto no tiene relación con la existencia de vida extraterrestre, pero ¿a qué hace mención?
La mala interpretación es consecuencia del nombre malo que se le dio. No se tendría que llamar “zona habitable”. El concepto surgió antes que se observen exoplanetas, ya en la época del astrónomo Carl Sagan, cuando se empezó a debatir sobre la existencia de los mismos y cómo podrían ser. Se preguntaron qué hacía habitable a nuestro planeta y allí se extrapoló la discusión.

La conclusión a la que llegaron es que una de las condiciones principales es el agua, ya que todas las formas de vida de la Tierra la necesitan. Más allá de eso, la temperatura, salinidad, etc. cambia. Hay organismos que se adaptan a condiciones extremas en nuestro planeta. Existen formas de vida que viven en las profundidades de los océanos, que soportan la radiación, que aguantan las zonas más secas de nuestro planeta o la oscuridad. Pero el agua lo necesitamos.

La “zona habitable” es una región que, debido a la distancia de la estrella con el exoplaneta, tendría condiciones de temperatura tal para albergar agua líquida en la superficie. Pero eso pensando en planetas que tengan una atmósfera como la nuestra. El agua líquida depende mucho de la presión que se tenga.

Yamila dictó una de las conferencias centrales durante el encuentro de la UNA. (Foto: Ariel Insaurralde Alviso)

-Uno de los hallazgos de los recientes estudios es que la mayoría de los exoplanetas descubiertos son los denominados “supertierras“, que son los que más abundarían en nuestra galaxia. Sin embargo, esta clase de cuerpos no lo tenemos en nuestro Sistema Solar.
Una supertierra es un planeta similar a la Tierra en la densidad, pero mucho más grande, puede tener hasta diez veces la masa de nuestro planeta o dos veces el radio de la Tierra. No tenemos ningún planeta así en el Sistema Solar, que sea rocoso, tenga un superficie, una atmósfera grande y que sea gigante.

Fue una sorpresa cuando empezamos a encontrarlos. De los 3.000 exoplanetas que tenemos, sabemos que la mayoría son supertierras, son los más comunes.

-¿Cómo se hace para clasificar a los exoplanetas?
No tenemos denominaciones oficiales. Recién desde el 2006 clarificamos las definiciones de planeta de manera oficial. Sin embargo, no tenemos todavía clarificados a los que son rocosos, gaseosos, un planeta gigante, supertierras, planetas minigas o minineptunos. También se le llama planetas a estrellas que son las enanas marrones.

-¿Cómo hacen para publicar los papers?
No está cerrado. Cuando hacemos una publicación científica tenemos que definir minuciosamente el término que utilizaremos para referirnos a un planeta, a una supertierra. Pero la diferenciación vendrá, quizás por la formación misma de los objetos celestes.

-¿Cómo se está haciendo ciencia hoy en Francia, en medio de recortes a la investigación y en un momento del auge de la pseudociencia?
Es un problema general, en todas las ciencias, no solo en la astronomía. La solución aquí es la comunicación. Los científicos tienen que comunicar más eficientemente lo que hacen al público general. La gente se siente separada muchas veces. Esa idea errónea de que el científico es un genio hay que erradicarla. No somos genios. A mí me fascina la astronomía, la física y la matemática, pero a otras personas les gustan otras cosas y son muy buenas en ellas.

Los científicos no son seres superiores, debemos desmitificar esa imagen que tiene la sociedad y acercarnos mucho más a la gente. Si comunicamos mejor, se valorará más el aporte de los científicos para el presente y futuro de la humanidad.

-Paraguay tiene varios grupos de aficionados a la astronomía, pero esta ciencia no está en la academia, aunque tengamos un observatorio estatal. ¿Puede un país así aportar algo?
No hace falta tener una carrera o una licenciatura de astronomía. Se pueden aprovechar programas existentes en física, ingeniería u otras áreas. No necesariamente los astrónomos hacen hoy astronomía, esta es una ciencia multidisciplinar. Se necesita gente de diferentes áreas. Por ejemplo, para el estudio de las atmósferas de los exoplanetas necesitamos saber mucho de química, así que lo que no tuvimos esa materia tuvimos que aprender desde cero.

Uno se puede acercar a la astronomía desde diferentes ciencias.

Estudiantes, profesores e investigadores de la UNA asistieron a la conferencia central de Yamila. (Foto: Fátima Ortiz)

-¿Qué podemos esperar en la astronomía de este siglo?
Hay muchísimos proyectos e investigaciones. Desde telescopios especiales hasta los terrestres. El año próximo escucharemos mucho sobre exoplanetas, porque se lanzan tres misiones que indagarán profundamente sobre el área. Luego, hacia 2023 tendremos otra tanda de nuevos instrumentos.

También hay avances en otras áreas de la astronomía, hay muchas inversiones y desarrollo. En cuanto al Sistema Solar estudiaron más a fondo los satélites de los planetas. También se está comenzando a hablar de misiones a Urano y Neptuno, pero esto todavía en los pasillos de las agencias espaciales.

-¿Viviremos los humanos en el espacio en los próximos siglos?
Sí, estamos cada vez más cerca. Lo que ya se viene es la era de la inversión privada aeroespacial, porque hay mucha gente interesada y que tiene mucho dinero para invertir. Empresas como Virgin y SpaceX están poniendo muchísima plata para conquistar el espacio.

 

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Director de Ciencia del Sur y presidente de Asincyt. Periodista y divulgador, estudió filosofía en la Universidad Nacional de Asunción, UNA. Tiene diplomados en filosofía medieval y relaciones internacionales. Es pionero en periodismo científico en Paraguay. Condujo los programas de radio El Laboratorio, con temática científica (Ñandutí) y ÁgoraRadio, de filosofía (Ondas Ayvu). Fue periodista, columnista y editor de Ciencia y Tecnología en el diario ABC Color y colaboró con algunas publicaciones internacionales. Como académico hace investigación en historia y filosofía de la ciencia. Fue presidente de la Asociación Paraguaya Racionalista (APRA), secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) y encargado de cultura científica de la Universidad Iberoamericana (Unibe). Tiene tres libros publicados.

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