filosofía centrada
Ludwig Wittgenstein y Gustavo Bueno.
5 min. de lectura


He leído el interesante artículo escrito por el licenciado Fabrizio Pomata en el que distingue entre «las dos caras de la filosofía contemporánea»
, donde toma partido por una de ellas, la filosofía analítica, y prescribe algunas formas en las que mejorar su presencia en su país. Por mi parte, considero necesario realizar algunas puntualizaciones al respecto.

En primer lugar, estoy de acuerdo con el juicio inicial sobre Jacques Derrida y su caracterización como autor de «bromas y juegos de palabras», signo de degeneración de lo que se ha dado en denominar como «posmodernidad filosófica». Sin embargo, las críticas de Quine o Hans Albert, entre otros, criticando que la producción académica del francés se alejaba de los «estándares de rigor y claridad aceptados por la comunidad científica internacional», distorsionan el juicio acerca de estas dos caras de la filosofía contemporánea que enuncia el licenciado Pomata en su columna publicada en Ciencia del Sur.

No cabe duda de que la filosofía de tradición analítica bebe principalmente del instrumento de la lógica booleana, con las figuras ya conocidas de Frege o Russell, junto a la posición más extrema de Wittgenstein, donde «el ideal de exactitud, claridad y rigor en la argumentación se mantuvo intacto». Frente a esta tradición analítica, Pomata opone la filosofía «continental», iniciada en la fenomenología de Edmund Husserl y proseguida por Heidegger y otros, hasta llegar al posmodernismo, caracterizada según los propios analíticos por los que Pomata toma partido como oscura y sin los estándares necesarios de rigor en la argumentación.

Los dos criterios esgrimidos para distinguir ambas corrientes son que «los filósofos analíticos, a diferencia de sus contrapartes continentales, valoran y practican atentamente las virtudes epistemológicas de la claridad y la exactitud, actitud que comparten con los científicos», haciendo que «la filosofía analítica se parezca más a la ciencia y que la filosofía continental se asemeje más a la literatura».

En segundo lugar que la filosofía analítica «se caracteriza por trabajar siempre dentro de un paradigma: un conjunto de supuestos y conceptos compartidos, una idea clara acerca de qué es lo que constituye un problema filosófico y qué clase de soluciones son aceptables. Una vez definida esta “matriz disciplinar”, los filósofos analíticos pueden dejar a un lado los problemas fundacionales de su disciplina y dedicarse a la resolución de rompecabezas dentro de su paradigma (al menos hasta cierto punto, de lo contrario ya no sería filosofía)».

Sin embargo, ¿por qué considerar que el seguir una «matriz disciplinar» o un «ejemplar», por usar otra de las posibles ramificaciones que Kuhn otorgó a los paradigmas en su Segundos pensamientos sobre paradigmas (1970) es sinónimo de encontrarse dentro de una comunidad científica? También la teología dogmática tradicional siguió sus propios paradigmas (virginidad de María, creación ex nihilo, etc.), sus ejemplares, sus matrices disciplinares, y a nadie se le ocurriría decir que era una ciencia.

Ídem para los miembros de la «comunidad de filósofos morales», los hermeneutas, los posmodernos o cualquier otro subconjunto dentro de la filosofía «continental».

De este modo, «la proliferación de manuales, la división en varias subramas bien definidas (especialización), la preferencia por la publicación de papers en revistas especializadas como medio de divulgación de ideas en lugar de los libros, la estrecha colaboración entre académicos», no son más que vulgares copias de las comunidades científicas, intentando en un sentido práctico asimilarse a ellas, pero sin llegar a serlo.

Algo que también es atribuible (aunque no pretendan asimilarse a ciencia alguna) a los grupos pertenecientes a la denominada filosofía «continental»: también disponen de sus congresos y de sus propias revistas indexadas.

¿La filosofía como ciencia?

La cuestión que Pomata no parece percibir es que la filosofía no es ella misma una ciencia, e incluso la filosofía analítica no llega a establecer un criterio de verdad científico, puesto que el criterio de verosimilitud de los autores más recientes, como Niiniluoto o Hilpinen lo único que consigue es poner en evidencia que las características citadas o incluso otras como el mayor «progreso» respecto a otros saberes, no sirven para caracterizar a la ciencia, salvo que establezcamos los parámetros de ese presunto progreso.

¿Acaso no hay progreso también en la teología dogmática? ¿No ha progresado la hermenéutica, cuando menos si tomamos como parámetros su número de seguidores y publicaciones?

Es cierto, sin duda, que basta con leer «cualquier diálogo de Platón, o cualquier quaestio de Santo Tomás de Aquino para darse cuenta de que las mencionadas virtudes se encuentran ya presentes en la filosofía desde la antigüedad clásica. En este asunto, la filosofía analítica no hace más que seguir a la tradición», pero ni Platón, ni Santo Tomás ni otros filósofos entendieron la filosofía como ciencia, salvo que se asimile la teología a ello.

La filosofía es una actividad que se nutre de las ciencias (incluso de los propios problemas que los propios científicos se plantean en su actividad; por ejemplo, Platón descubrió varios teoremas geométricos como bien se encargó de señalar Popper), sin ser ella misma ciencia; la filosofía es un saber «de segundo grado» como bien señala Gustavo Bueno en ¿Qué es la filosofía(1996), que parte de otros saberes previos, principalmente científicos, que marcan el «estado de cosas del mundo» vigente en una época dada.  

El Proyecto Gran Simio tiene por objeto proteger a los simios más grandes. (Proyecto Gran Simio)

En este caso, y siguiendo la propia caracterización de Bueno respecto a las filosofías del presente, lo que sí puede establecerse como «criterio de demarcación» entre la filosofía «analítica» y la filosofía «continental» es que la primera se ha mantenido como una filosofía «centrada» en torno a la ciencia, con algunas derivaciones recientes hacia otras áreas de la realidad humana, o incluso no humana (caso de Peter Singer y el Proyecto Gran Simio para dotar de derechos a los primates superiores, que fundó junto a otros autores en 1993).

Mientras que la la segunda se ha ido convirtiendo en una filosofía «exenta» respecto a los saberes del presente, dedicada al análisis e interpretación de textos de la tradición, una filosofía escrita por profesores y pensada solo para profesores.

Respecto al final de su texto, dedicado a la filosofía analítica en Paraguay, me llama positivamente la atención que destaque la importancia de «ciertas herramientas técnicas, especialmente aquellas tomadas de la lógica matemática. Sin embargo, nuestros cursos de lógica apenas pasan de lo básico del cálculo proposicional y con suerte llegan a rozar la lógica de primer orden (es decir, nos quedamos en el siglo XIX)».

¿Se olvidan de los orígenes de la lógica matemática?

Lo digo porque la filosofía analítica, al menos por lo que yo conozco de las universidades españolas, ha degenerado precisamente en eso: en profesores que conocen la lógica proposicional, la usan como el método general para resolver todo, y se olvidan de los orígenes de la lógica matemática y del álgebra de Boole.

Señal inequívoca de que la filosofía analítica ha ido dejando de ser una filosofía «centrada» en la ciencia para convertirse ya, al igual que su némesis «continental», en una filosofía exenta cada vez más de los saberes del presente. La propia tendencia de las universidades de todo el mundo ha favorecido esta ecualización entre dos tendencias en el fondo muy artificiosamente deslindadas.

No puedo compartir, sin embargo, la querencia del licenciado Pomata por ensalzar el inglés, al que denomina «lingua franca de la academia contemporánea». No niego la importancia de saber leer en otros idiomas, para no estar como bien dice «desactualizado», pero no existe una lengua universal (al contrario del ideal seguido por algunos autores de la filosofía analítica) en la que filosofar, ni tampoco un «paradigma» único en la filosofía contemporánea.

Puede filosofarse no solo en inglés, sino también en francés, alemán y por supuesto en español, idioma que incluso supera ya al inglés en número de personas para los que constituye su lengua materna. En general, puede filosofarse en cualquier lengua que haya alcanzado un número de hablantes de la escala de centenas de millones de personas, con la gran variedad de saberes, experiencias y temas que arrastran lenguas semejantes.

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3 Comentarios

  1. Primero que todo, felicitaciones a Ciencias del Sur, por propiciar discusiones en el área de la filosofía. Leí atentamente el artículo del licenciado Fabrizio Pomata, y la replica del doctor José Manuel Rodriguez. Con respecto a este último texto, me parece aún más desafortunada la división, amparada en el pensamiento de Gustavo Bueno, entre una filosofía “centrada” en la ciencia (analítica) y una filosofía “excenta”, en la cual, se da a entender que el filosofante no toma en cuenta a “los saberes del presente”, sino que más bien se dedicada “al análisis e interpretación de textos de la tradición” es decir; “una filosofía escrita por profesores y pensada solo para profesores.” En mi opinión (que me perdone el licenciado Pomata por no escribirla en inglés, y en todo caso mi gran deuda es con el guarani) no es recomendable hacer de un defecto de la academia un criterio de distinción en el filosofar contemporáneo. La academia inevitablemente hace del filosofar un, aveces, burdo juego teórico, y esto en alguna medida es culpa de la educación que recibimos en los posgrados, en la cuales se nos exige ser originales sin tomar en cuenta que dicha originalidad en un importante número de casos se vuelve mero artificio y no autentico filosofar. Usar dicho criterio equivale a decir que la literatura actual se debe dividir en best seller y la literatura de baja venta, es decir un criterio de exogeneidad a la literatura.

    • He leído ahora las réplicas y pienso que, si no se está de acuerdo con la distinción entre filosofía centrada y filosofía exenta, debiera decirse por qué. También habría que aclarar qué se entiende por academia, que no se circunscribe a la Universidad. ¡Qué diría Platón viendo que se equipara una institución privada como la suya a rango estatal!

  2. UN ASPECTO MUY IMPORTANTE que destaco de la réplica del doctor Rodriguez es dejar absolutamente claro que la filosofía no es una ciencia, me parece que cuestionar ese supuesto es poner en jaque todo el estandar de rigurosidad propuesto por la filosofía analítica .

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