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La publicación de las investigaciones en revistas científicas es una de las grandes debilidades de nuestro sistema en Paraguay. No tenemos tradición ni costumbre de publicar. Hacemos investigación y nuestros hallazgos quedan en informes desconocidos, muchas veces ni siquiera con chances de hacer una buena referencia a una cita de un material inédito.

El sistema lo ha permitido por años: espacios para enseñar a hacer ciencia quedan en manos de profesionales que no hacen ciencia. Posiciones y cargos no se concursan ni nos motivan a mejorar como profesionales.

La Scientific Electronic Library Online – SciELO Paraguay es una es una biblioteca virtual que permite acceder al texto completo de una colección seleccionada de revistas científicas publicadas en Paraguay.

En SciELO Paraguay se citan 13 revistas, de las cuales 12 están seriadas. Bolivia cuenta con 22 y 20, y Uruguay con 23 y 21, respectivamente.

En el Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal, conocido como Latindex, registra 38 revistas científicas, mientras que Bolivia registra 25 y Uruguay 106.

Hacer ciencia significa publicar; el conocimiento se construye sobre conocimiento y lo que no se publica no se conoce, no existe. Hay una analogía jurídica muy clara entre el proceso de investigación científica y una acusación o juicio. En ambos casos hacemos eso: acusamos (planteamos una hipótesis), luego ponemos todo el esfuerzo en buscar la evidencia para sustentar esa hipótesis, y con base en la evidencia dictaminamos, sentenciamos. Y quien hace ese trabajo es un investigador que debe saber informar científicamente.

Redactar un trabajo científico no es fácil. Muchos de nosotros tenemos largas listas de trabajos que han sido rechazados por los comités editoriales de revistas prestigiosas. En nuestras historias de “redactores de hallazgos científicos” primero hemos debido aprender bien la lengua en que nos queremos comunicar (sea español, inglés o portugués) y luego redactar bien técnica y científicamente.

Un buen escritor literario no es necesariamente un buen escritor técnico.

La redacción literaria tiene distintos propósitos. Los poetas expresan un sentimiento, los cuentistas entretienen con una historia, y los ensayistas analizan un tema y tratan de convencernos sobre su punto de vista. Para alcanzar sus metas, estos autores usan diversos recursos literarios, tales como la metáfora, el sentido figurado, el vocabulario y el misterio.

La redacción técnica y científica es muy distinta porque tiene un solo propósito: informar el resultado de una investigación o de una intervención profesional. La redacción técnica no busca divertir, ni entristecer, ni tampoco educar al lector. El único objetivo es comunicar claramente el resultado de una investigación o intervención profesional.

Para escribir un buen artículo científico no hacen falta cualidades innatas, si bien es cierto que las personas tienen predisposiciones diferenciadas para escribir. No hace falta un don especial ni una habilidad creativa especial. La redacción científica es una destreza que puede aprender cualquier persona que se encuentre en la disciplina. Pero se aprende escribiendo, y esta es una condición que a veces no se comprende. No es lo mismo tener una receta de cocina que haber hecho la comida siguiendo dichas instrucciones. Es necesario escribir y publicar para poder adquirir las habilidades necesarias.

Además, al publicar nos lee la comunidad en la que ejercemos nuestras investigaciones, y nuestros aportes ayudan a crear ese acervo de conocimiento sobre sólidas bases que todos aceptamos cuando un trabajo se publica en una revista seria.

Siempre les digo a mis colegas y alumnos, ¿cuál es la evidencia de tal aseveración? ¿Dónde está publicada? De lo contrario, no es conocimiento validado, episteme, sobre el cual todos los investigadores trabajamos.

Si no hay validación, es decir publicación seria, entonces no deja de ser un conocimiento sin fundamento, doxa. Para que algo dóxico pase a ser epistémico debemos publicar, y para publicar debemos escribir un buen borrador de artículo científico.

Principios para una buena redacción

Para escribir un buen documento hay que aprender y aplicar los tres principios fundamentales de la redacción científica: precisión, claridad y brevedad.

  1. Precisión. Cuando se escribe con precisión, el autor escoge cada una de las palabras para que el lector entienda exactamente, y sin lugar a dudas, lo que se quiere decir. También hay que apartarse del artículo y revisarlo desde el punto de vista del lector. El autor nunca tiene dudas sobre el significado de las palabras, y es imperativo que el lector tampoco las tenga. Sin embargo, se debe estar seguro de que los términos significan lo que en realidad se quiere transmitir.
  2. Claridad. Cuando se escribe con claridad, el texto se lee y se entiende fácilmente. El lector debería absorber las oraciones y los párrafos sin tener que detenerse para dar marcha atrás. No debería tener que leer varias veces para lograr entender el texto. Muchas personas, especialmente los principiantes, creen que la redacción técnica es por naturaleza compleja y difícil de comprender. Precisamente porque la función del artículo o del documento es informar, el autor tiene que esforzarse para explicar claramente cómo hizo la investigación.
  3. Brevedad. Técnicamente se busca reducir a un mínimo el número de palabras para expresar el mensaje. Es importante ser breves sin desperdiciar información. Mientras más larga es una oración, mayor es la probabilidad de perder precisión y claridad. Además, la publicación es cara y cada palabra sobrante aumenta el costo del artículo. Para escribir con brevedad hay que revisar el texto cuidadosamente, una y otra vez, buscando reducir al mínimo las palabras innecesarias.

Independientemente de la predisposición, el redactor debe reunir tres cualidades. Primero, debe dominar el idioma y ser capaz de escribir oraciones lógicas y párrafos bien organizados. Esto incluye usar con destreza los signos de puntuación para producir oraciones precisas, claras y concisas. El redactor debe además entender y aplicar los pilares de la redacción científica: precisión, claridad y brevedad. Y finalmente, debe dedicar suficiente tiempo a la revisión del manuscrito. El mismo empeño que se le dedica a la planificación y la ejecución de la investigación o una intervención profesional debe dedicársele a la redacción y la corrección del documento.

Si revisáramos los textos de gran parte de las revistas nacionales, veríamos muchos problemas de redacción, tanto semánticos como sintácticos. Nuestras revistas, cuando tienen un comité editorial de expertos —por que no siempre es el caso— estos son expertos en sus disciplinas pero no en redacción científica.

Existe un gran problema de redacción básica que exacerba el problema de la divulgación de la información científica. Existe también una tendencia a que los miembros del comité editorial publiquen sus hallazgos en la misma revista, lo cual, aún cuando confiemos en la capacidad de dichas personas, podría rayar la falta a la ética al ser juez y parte.

Deberíamos hacer esfuerzos por liderar y gerenciar las revistas científicas, pero obrar con el ejemplo, publicando en otros ámbitos en los cuales no seamos autoridad. La trayectoria de interacción con grupos internacionales de investigación, el haber podido hacer un posgrado fuera del país, o los mismos extranjeros que trabajan haciendo ciencia en Paraguay son quienes publican en revistas internacionales de prestigio y de impacto, haciendo que sus publicaciones estén en inglés y sean más ampliamente leídas por la comunidad de investigadores.

Aprender a escribir y publicar debe ser algo que nos enseñen desde el vamos en la universidad, luego reforzado cuando decidimos orientarnos hacia la investigación científica.

Nuestros maestros y mentores deben obrar con el ejemplo. Mientras sigamos diciendo cómo se debe hacer pero nosotros mismos no respetemos lo que predicamos, seguiremos algunos pocos publicando afuera en revistas de impacto, y cuando se nos rechace en éstas, recurrimos a una revista nacional; y otros seguirán publicando en revistas nacionales y con cierta mediocridad, sin forzarnos a ser mejores y sin lograr que nuestras revistas comiencen a tener prestigio regional e internacional.

Nota del autor: para evitar el “autoplagio”, esta columna fue en parte tomada de mi libro Yanosky, A. A. 2001. Redacción Técnica y Científica de Proyectos y Tesis. Editora Americana, Universidad Americana, Asunción, 228 pp.

 

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