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Pese a que suelen considerarse términos antitéticos, o incluso desde una cierta pereza intelectual equivalentes, escoger entre la epistemología y la gnoseología determina la visión que sobre la ciencia tiene un investigador.

Es común escuchar en los congresos de teoría y metodología de las ciencias el término epistemología para referirse al estudio sobre la ciencia, o “teoría del conocimiento”, tal y como la introdujo por vez primera el kantiano Ernst Reinhold en 1832, frente al más escolar y añejo “gnoseología”, que para muchos será un sinónimo.

En la actualidad, gran cantidad de estudios positivos intenta sustituir a esta disciplina filosófica desde una perspectiva que muchos denominan como epistemológica; en este sentido, sobresale la “epistemología genética” de Jean Piaget con la que se pretende estudiar la evolución del sujeto humano frente a su entorno desde sus primeros pasos (etapa preoperatoria) hasta la “edad de la razón” (alrededor de los 16 años).

Asimismo, en las ciencias de la conducta comparada, no sólo los etólogos tales como Konrad Lorenz sino también los “biólogos del conocimiento” Humberto Maturana y Francisco Varela pretenden sustituir, por esta vía epistemológica, los análisis filosóficos clásicos: si Kant afirmaba las formas a priori de la sensibilidad y el entendimiento, Piaget y Lorenz afirmaran que tales formas a priori son en realidad unas formas a posteriori dadas en el filum del viviente.

Sin embargo, Gustavo Bueno, en su Teoría del cierre categorial (1992-), puso en evidencia esta distinción artificiosa entre una epistemología positiva o epistemología genética frente a una gnoseología o una teoría del conocimiento.

Si bien la epistemología suele considerar al conocimiento como una simple relación entre sujeto y objeto, sin comprometerse con la verdad o falsedad de sus contenidos, en la filosofía de la ciencia no podemos dejar de lado la verdad. ¿Cómo puede la epistemología analizar el conocimiento de forma satisfactoria, sin comprometerse de algún modo con la verdad del mismo?

Empero, en la perspectiva epistemológica suele considerarse el conocimiento como algo puramente psicológico: sería una simple relación entre el sujeto cognoscente y el objeto, con la maduración del primero en el sentido señalado por Piaget. Al fin y al cabo, como decía Platón en su diálogo Teeteto, sólo el conocimiento verdadero es verdadero conocimiento.

En este sentido, el término gnoseología define perfectamente la especificidad del conocimiento científico frente a otros conocimientos de tipo práctico o técnico: la verdad científica, como transformación efectiva del mundo y no como un conjunto de meras teorías que explican una serie de fenómenos, no puede reducirse al estudio de la epistemología.

Pese a que los solidarios de la perspectiva del materialismo filosófico acuñado por Gustavo Bueno conocen estas distinciones, a veces su pereza intelectual les provoca cierta mella y, como en los congresos de teoría de la ciencia a los que asisten el término epistemología es el más usado, insisten en su equivalencia con el de gnoseología, como si fuera una mera cuestión de palabras.

Sin embargo, escoger epistemología o gnoseología no consiste en una mera preferencia personal, puesto que usar uno u otro término de algún modo define el tipo de filosófo que se es, la visión que sobre la ciencia tiene un investigador.

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3 Comentarios

  1. Esclarecedor artículo. Creo que sería bueno considerar más comentarios sobre las contribuciones o perspectivas de Gustavo Bueno a la filosofía hoy día.

  2. La verdad es quedé con gusto a poco. Me hubiese gustado un desarrollo más extenso para comprender mejor porque el usar uno u otro termino (gnoseologia o epistemologia) no es un asunto inocente.

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