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El trasplante de órganos constituye hoy día una opción terapéutica bastante efectiva, si no la última, a la que se puede acudir para tratar ciertas enfermedades.

Los primeros trasplantes en seres humanos datan del siglo XVI con el médico italiano Gaspare Tagliacozzi (1545-1599), autor de un tratado de cirugía reconstructiva y el uso de trasplantes de piel.

Demás está decir que en más de 400 años dicha especialidad ha avanzado vertiginosamente. Más importante aún, se conoce al detalle los mecanismos moleculares por los cuales es posible realizar trasplantes con mínimas complicaciones para el receptor del órgano.

Más de un siglo ha pasado desde el primer trasplante de córnea y en diciembre de 2017 harán cincuenta años del primer trasplante de corazón realizado por el Dr. Christiaan Barnard.

El principio de este tratamiento es bastante obvio: el reemplazo de un órgano dañado por el de un donante cualificado como tratamiento para una enfermedad, en la mayoría de los casos degenerativa o maligna que inutiliza el órgano en cuestión.

Sin embargo, la práctica muchas veces se ve limitada por la infraestructura que demanda y, por supuesto, hallar un donante apto.

Existen varios tipos de trasplantes: autotrasplante, cuando el receptor y donante son el mismo, como los injertos de piel en quemaduras extensas; el isotrasplante, en el que el donante es gemelo idéntico, por tanto genéticamente igual al receptor; el xenotrasplante, cuyo donante es un animal de otra especie, como serían las prótesis valvulares cardíacas biológicas, de procedencia porcina.

Los casos que mayor impacto mediático suscitan no obstante son los de alotrasplante, cuando el donante es un humano genéticamente distinto al receptor.

Los métodos auxiliares diagnósticos han posibilitado el hallazgo más certero y temprano de enfermedades que se beneficiarían de esta terapia (como la cardiopatía dilatada en niños, por citar un ejemplo reciente) que aumentan la demanda de donantes y profesionales capacitados en el área, más aun sabiendo que la efectividad de este tratamiento se vincula más al período que sigue a la cirugía, el posoperatorio —y es este el punto más flaco del trasplante de órganos.

El éxito está determinado por la sobrevida en años tras la operación, que depende del tipo de órgano y de otras condiciones del paciente. La principal complicación es el rechazo del órgano trasplantado, clasificado según el tiempo en que este se presenta: hiperagudo (primeras horas), acelerado (primeros días), agudo (primeros meses) y crónico.

Para atenuar el rechazo se dispone de fármacos inmunosupresores o inmunomoduladores (por ej., glucocorticoides, tacrolimus y micofenolato) que hacen más “receptivo” al órgano.

Estos fármacos podrían tener efectos adversos importantes que el paciente deberá tener en cuenta para toda la vida, ya que pueden incidir fuertemente en el desarrollo de otro tipo de enfermedades como la hipertensión y la diabetes, así como predisponer a infecciones oportunistas (esencialmente, infecciones que no contraen las personas con el sistema inmune sano).

Estas comorbilidades dependen tanto del órgano trasplantado, que determina cuán agresiva será la terapia inmunosupresora, como de los medicamentos, lo que terminará impactando en la ya mencionada sobrevida.

La historia de este tipo de trasplantes en Paraguay es reciente. El 9 de julio de 1996 el equipo del cardiocirujano José Corvalán realizó el primer trasplante cardíaco. En adelante, por iniciativa gubernamental, se ha ido sistematizando este tipo de cirugías, realizándose trasplantes de córneas, riñón, hígado, corazón y médula ósea, todos alotrasplantes de donantes fallecidos en su mayoría.

Si bien las estadísticas varían, en los trasplantes cardíaco, en algunas series, la sobrevida a los 15 años es de 65%, lo cual es bastante. Aún no tenemos estudios estadísticos en Paraguay debido a la escasa población, pero la sobrevida que se observa en la práctica médica es de 50% a los cinco años, lo que nos señala que queda mucho por hacer en este esperanzador campo de la medicina.

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