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Clausura de carreras e inhabilitaciones. Manifestaciones de estudiantes que se sienten estafados. El lucrativo negocio en Paraguay de las universidades “de garaje” a costa del abuso de la credibilidad pública está desmoronándose.

No extrañan las revueltas estudiantiles, pero sí la complicidad generacional de la juventud con la mediocridad en detrimento de la transformación cultural en la que está inmerso Paraguay.

El Consejo Nacional de Educación Superior (CONES) suspendió 14 carreras y 31 sedes de la Universidad Autónoma del Sur (Unasur) por diversas irregularidades tanto académicas como legales. Esto dejaría sin educación a unos 10 mil jóvenes y adultos de varios puntos del territorio paraguayo.

La opción que tendrán los alumnos será reubicarse en otra universidad de plaza. ¿Pero por qué muchos se resisten?

Existe diversas razones por la que los estudiantes exigen reponer a las universidades sin que estas realicen los cambios y mejoras necesarias para otorgar títulos de grado y posgrado.

  • Precio: las universidades “de garaje” cobran cuotas bajas pero enchufan con diversos aranceles. El negocio es redondo y algunas tienen denuncias por no pagar a tiempo a sus docentes. El CONES estaría presionando para que las universidades que acogen a los estudiantes reubicados rebajen precios como incentivo, pero esto está generando muchas críticas del sector estudiantil.
  • Rehacer la carrera: luego de tomar los exámenes técnicos de ubicación, las universidades que reciben a los nuevos alumnos los acomodarían en años o cursos inferiores, ya que muchos no contarían con la preparación científica y académica para recibirse o promocionarse como profesionales.
  • El mercado brasileño: un gran consumidor de los posgrados de las universidades “de garaje” en Paraguay es el estudiantado brasileño, que ve en estas instituciones educativas una posibilidad de obtener títulos más baratos y en menor tiempo, lo cual en Brasil no lo conseguirían.
  • Facilidad de estudio: las universidades “de garaje” se caracterizan por ser extremamente flexibles, con programas de estudios rimbombantes que no se desarrollan, con laboratorios fantasmas o centros de investigación inexistentes. La mayoría de estas instituciones no cuentan con investigadores a tiempo completo ni tienen publicaciones científicas.
  • Riesgo legal: muchas universidades — y no solo las “de garaje” — tienen diversos problemas con la justicia, desde estafas hasta incumplimientos laborales con empleados. Algunas, por ejemplo, tercerizan a sus docentes para no pagar jubilaciones o IPS. Hoy existen 54 universidades para una población de 7 millones, de los cuales apenas el 3% accede a la educación universitaria.
  • CONES, ANEAES y MEC fortalecidos: por primera vez, las instituciones de control sobre la educación superior cuentan con el apoyo de la ciudadanía y del sector académico para mejorar la situación de las universidades y estandarizar los programas y formación al nivel del Mercosur.
  • Participación ciudadana universitaria: la sociedad civil ha reaccionado de manera directa al apoyar decididamente a los estudiantes secundarios y universitarios en los dos últimos años. La población está pendiente de los cambios que se avecinan y un sector sabe que no se puede seguir ninguneando el protagonismo e importancia de las universidades y centros de investigación.

No debe sorprender si en los próximos meses se clausuran más carreras, facultades y universidades. Muchos políticos ya no tienen el poder que tenían antes y buscan imponerse a la comunidad educativa y científica del país. Lo seguro es que esta crisis universitaria no terminará fácilmente.

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