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Tú has vivido en el gran mundo (…) te has hecho célebre, pero yo, sin haber llegado jamás a ningún empleo notable (…) he pasado los veinte mejores años de mi vida en los confines de la Tierra, olvidado de mis amigos, sin libros (…) ocupado en viajar por desiertos o en inmensos y espantosos bosques, casi sin ninguna sociedad más que la de las aves del aire y los animales salvajes. He escrito su Historia”.

Carta de Félix de Azara a su hermano Josef Nicolás.

Es difícil utilizar otro concepto que no sea el de ilustrado para referirse a la figura de Félix de Azara (Burbuñales, Huesca – 18 de mayo de 1742 – ídem, 20 de octubre de 1821).

El término, aun cuando sea de difícil definición, revela ante todo la actitud, el “espíritu”, o el “estilo” de quienes abordaban los complejos problemas del Universo y la vida desde una perspectiva racionalista, con la doble intención de echar luces sobre las oscuridades del conocimiento en el abordaje de la naturaleza; y, por ende, de liberar a la humanidad de la ignorancia.

Azara inició su trayectoria en un imperio. Un imperio cuya construcción no fue solo un hecho político, sino que enfrentó interrogantes complejos para su tiempo pero que hoy nos parecen inauditas: si los indios eran seres humanos o no; si las aves y la fauna en general, eran seres monstruosos; si la cultura de los pueblos aborígenes era el auténtico e inicial estado de naturaleza, previo a sociedad civilizada.

No sin razón se ha dicho que la llegada europea a América, más que ningún otro hecho histórico, influyó de manera decisiva en las preguntas de la Ilustración.

Y Azara llegó a América precisamente en la búsqueda de respuestas a esas y otras preguntas. Llegó como ingeniero militar cartógrafo, formado como tal en el Ejército y en la Academia de Matemáticas de Barcelona entre 1764 y 1767. En la Academia, la formación consistía en conocimientos de aritmética, trigonometría, geometría práctica, fortificación, artillería, cosmografía, estática y arquitectura civil.

Su misión, desconocida por él inicialmente según su propio testimonio, era la de encabezar la Comisión de Límites con Portugal en Brasil. Una misión también altamente compleja que demandó la aplicación de todos sus conocimientos y la utilización de modernos instrumentos de astronomía, navegación y cartografía. De hecho, y más allá de las razones estrictamente políticas, las dificultades de la tarea motivaron a ambas coronas a integrar cuerpos de demarcadores con especialistas científicos. A Azara le acompañaron Pedro de Ceviño, Juan Francisco de Aguirre –del que conocemos sus Apuntes–, Martín Boneo, Pablo Zizur, Ignacio de Pazos, Diego de Alvear y Julio Ramón de César, entre otros.

La presencia de Azara en América duraría 20 años, 13 de los cuales transcurrirían en Paraguay. Mientras intentaba dificultosamente avanzar siquiera en el inicio de la demarcación, “desde el mar, un poco más allá del Río de la Plata, hasta por bajo de la confluencia de los ríos Guaporé y Mamoré, desde donde se forma el de Madera”, Azara se asentó en Asunción del Paraguay en 1784, luego de su paso por Río Grande do Sul y Buenos Aires.

Entre 1784 y 1787 realizó desde Asunción viajes a Villarrica, las Cordilleras, Misiones, al Paraná y Corrientes, al río Tebicuary, al río Pilcomayo, a San Estanislao y San Joaquín, a Carapeguá y Quiindy, y a la laguna del Yberá.

Sin ninguna formación en Historia Natural, Azara se convirtió en un extraordinario observador de la fauna y la flora de esta parte de América. Identificó 448 pájaros distintos (no necesariamente de especies diferentes). El hecho de que la ciencia contemporánea haya relevado unos 1000 pájaros distintos en Argentina, Paraguay y Uruguay, da una idea de la enorme contribución de Azara.

Fue uno de los autores más frecuentemente citados por Charles Darwin. Sus contribuciones cuestionaban las conclusiones de Buffon, el naturalista europeo, frente a cuyos trabajos sobre las causas de la variabilidad de las especies –que Buffon atribuía solo a la variabilidad ambiental– postulaba las variaciones aleatorias.

Además, dejó un gran número de referencias útiles para los estudios etnográficos y antropológicos, incluyendo observaciones acerca de las “razas” y la estratificación sociorracial americana, con juicios positivos acerca del mestizaje y las uniones interraciales.

Igualmente de pertinentes son sus apuntes sobre la economía del Paraguay y la región desde una perspectiva fisiocrática, valorando la producción agrícola como fuente de renta y realizando observaciones en temas como el estanco del tabaco, la renta del tabaco, el contrabando e incluso la corrupción y venalidad de los funcionarios.

Liberal, cuestionó al régimen jesuítico, aunque los jesuitas ya habían sido expulsados de los dominios hispánicos. No obstante, desde la misma línea criticó también el sistema de privilegios para los españoles y criollos, y el sometimiento del indio en la encomienda o en el sistema de pueblos.

En 1801 se autorizó el regreso de Azara a España tras haber permanecido en América por 20 años. Dado que no era naturalista, como sí lo eran Buffon y Linneo, su obra permaneció sin publicar por largo tiempo. A diferencia de su hermano Josef Nicolás, diplomático, Azara no tuvo interés en cargos de relevancia y rechazó el ofrecimiento del Príncipe de la Paz, Godoy, de ser Virrey de México.

Del mismo modo, en 1815 rechazó la Orden Isabel La Católica en protesta contra el absolutismo entonces imperante en España. Se retiró a su Burbuñales natal, donde falleció el 17 de octubre de 1821.

La influencia de sus obras y estudios se traduciría, posteriormente, en el evolucionismo frente al fijismo, a la etnografía, a la antropología, a la economía. Sus análisis sobre las relaciones entre geografía y la biología sirven de precedentes a la biogeografía, por lo cual –como ya se señaló– fueron recogidos y estudiados por Darwin.

En botánica, la abreviatura Azara indica su autoridad como descriptor y clasificador de vegetales. En el caso de Paraguay, en su tiempo, su gran aporte fue el plano de la ciudad de Asunción elaborado a petición del cabildo. Pero es su contribución en todos los campos lo que lo hace imprescindible para el conocimiento de la época colonial y del periodo inmediatamente anterior a la independencia.

Su legado está formado por apuntes, textos, notas, dibujos, y por obras fundamentales como: Descripción e historia del Paraguay y Río de la Plata; Geografía física y esférica de las provincias del Paraguay y Misiones guaraníes; Viajes por la América Meridional; Apuntamientos para la historia natural de los pájaros del Paraguay y Río de la Plata; Apuntamientos para la historia natural de los cuadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata; y Memoria sobre el estado rural del Río de la Plata.

BIBLIOGRAFÍA:

-Capel, Horacio. El ingeniero militar Félix de Azara y la frontera americana como reto para la ciencia española. En Tras las huellas de Félix de Azara (1742-1821). Jornadas sobre la vida y la obra del naturalista español Don Félix de Azara. Madrid: Fundación Biodiversidad, 19-22 de octubre de 2005. Huesca: Diputación de Huesca, 2005.

-Caponi, Gustavo. Félix de Azara, crítico de Buffon. Boletín del Museo Paraense Emilio Goeldi. Ciencias Humanas. Vol. 6, No. 1. 2011.

-Ferrández Verdú, T. y Almarcha Martínez, F. Félix de Azara y la condición de naturalista. Cuadernos de Biodiversidad. No. 44. 2014. P. 1-6.

-Torrens, Fernando. La aportación de Félix de Azara al conocimiento geográfico de América meridional en el siglo XVIII. En Revista de Geografía. Universidad de Barcelona. 1978.

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